En mi lista de superpoderes favoritos no está la posibilidad de contar con un doble, por muy minúsculo que sea. Soy demasiado egoista. Pero reconozco que resulta atractivo eso de tener un alter ego diminuto, que además de espiar para nosotros, nos hace sentir con sus sentidos, mejor que una microcámara móvil, mejor que un neurotransmisor con autonomía suficiente.


