Una vez escuché a Alicia Giménez-Bartlett decir que la novela negra es no solo la más realista, sino también la más próxima a la realidad en todos sus detalles, a eso que, para aplicarle más zoom, podemos llamar la cotidianeidad. También por ese mismo motivo y, por nuestra natural tendencia a asomarnos, aunque sea de
La piel del almanaque
El tiempo pasa, acariciándonos
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Género volcán
Si lees las primeras páginas está perdido, una fuerza arrolladora te arrastrará hasta el final, un final que se encuentra a casi treinta años y más de setecientas páginas de distancia. (A un click sigue la invitación, aunque yo no te llevaré tan lejos)
Negra tristeza
El ultimo Walander, y también el más triste. (Siempre es buen momento para empezar)
Negro y rosa
La mezcla es la clave de la creatividad. Los colores se mezclan para alcanzar el tono de los sueños y el de la realidad. Todo edificio es una mezcla de materiales, un juego de cristal, piedra, cobre o madera que al final proporciona el calor necesario para la vida. Cuando los géneros se diluyen juntos,
Luna
Hoy el logo de Google está dedicado a la luna, al descubrimiento de agua en nuestro querido satélite de luz aterciopelada que mueve el mar y la sangre. Parece un buen momento para hablar de un libro dedicado, casi, a la luna. De los personajes que habitan este libro, extraño y sugerente, destaca la luna
Novela negra y frío
El frio traspasa las ventanas y llega hasta las palabras. La historia te atrapa desde el principio, es dura como un glaciar, tiene algunos giros admirables y oferta muchas oportunidades para la reflexión. El papel se convierte en nieve, el estilo parece el pasillo de un hospital y la historia, después de envolverte, te deja
(Des)obedientes relojes
Amanece con una cierta lentitud en el aire. Se exhibe la mañana como una vecina suculenta detrás de los cristales o una canción antigua cuya letra guardamos en un cajón de la garganta. Y el sábado se avalanza con suavidad para conquistarnos en cuerpo y alma. Igual que yo me avalanzo sobre tí para que
Parecerán jardines
Las palabras viajan hacia la elasticidad. Podremos vestirlas con sonidos o música, como si jugaramos a los recortables con bandas sonoras. El futuro nos concederá el dón de sentirlas con todos los sentidos. Será fácil oler sus implicaciones textuales o tocar la espalda de las vocales y besar el punto de las tildes. Las palabras
Sobre el volante, Beth
La ciudad escapaba por el parabrisas. Las canciones de Beth Orton la iban abriendo, como una cremallera, desde las avenidas hilvanadas de semáforos y tráfico hasta las últimas calles sin nombre, sin aceras, manchadas y silenciosas. Cuando terminó “Central reservation” ya habíamos dejado atrás los edificios de oficinas, las perfumerías, las tiendas de moda, las

