No siempre es fácil regresar, pero forma parte del viaje, igual que leer las últimas frases de un libro. El viaje no termina cuando abrimos de nuevo la puerta de casa y recuperamos la atmósfera de nuestros calendarios, el recinto amable de la rutina, el juego de sonidos y olores que casi nunca nos detenemos
La piel del almanaque
El tiempo pasa, acariciándonos
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Desembocaduras
El Raval es uno de esos barrios que son como patrias, igual que Triana, el Bronx o Lavapiés. Lugares en los que se ha instalado como arrendatario la diversidad, donde los días laborables se pueblan de idiomas distintos y cada plaza parece el muestrario de un vendedor de geografías. Cuando la diversidad desemboca en un
Jardines que se repiten
La arquitectura nos lleva de viaje a través de nuestras contradicciones. Desde el Paralelo, en un sombrío funicular, llegamos al Castillo de Montjuic, como un acantilado sobre el mar donde los elementos de disuasión han sido suplantados por una ficción de jardines y senderos; y, de allí, por un camino entre arboledas descubrimos un edificio
Hallazgo en el norte
Hoy vamos buscando el norte. El tren nos deja a los pies de una ciudad a cuyos pies hemos de rendirnos. En Girona ale a recibirnos la torre blanca de la catedral, elegante y soberbia en las alturas de la ciudad, como una mujer envuelta en misterio. Me gustan las ciudades que dedican una avenida
Multiplicaciones de color
Cuando uno viaja en agosto a una gran ciudad espera encontrar un sucedáneo de desierto, pero al mediodía en las Ramblas el número de personas se multiplica a cada golpe de ojo, como se disparan las maneras de hablar, ser y de vestir, los adjetivos y hasta los géneros. Pero es al entrar en el
Mar antiguo destilado
Como si recorriera la páginas de un libro de historia siente uno el sonido de sus pasos sobre las calles de Tarragona. Todas las épocas han dejado sus renglones en esta ciudad que es Mediterráneo destilado con lentitud. Puedo ver desde aquí, en los espejos de mi imaginación. la ciudad de Génova y las Cícladas
Cuerpo a tierra
El sol brota con desesperación por el horizonte. El liviano frescor se derrite, igual que el sueño que hemos dejado aparcado al final de la madrugada. Se recortan las siluetas verdes de los olivos contra el cielo, un cielo impecable como una página en blanco donde unas pocas nubes rosadas se extienden igual que versos

