El frío moja sopas en los charcos y la hojarasca, un paisaje de estrellas agotadas, duerme sobre la tierra. Observa el litoral de su rostro reflejado en el parabrisas, como si estudiara un mapa que alguien hubiera copiado sin esmero. Al fondo hay un cielo de metal, inmóvil. En el asiento del copiloto permanece el

