Los abuelos sospechosos de matar niños

La atención mediática que el caso de los niños desaparecidos en Córdoba ha despertado en la sociedad española está dirigiendo en parte la actuación judicial. Prueba de ello es que el juez instructor, José Luis Rodríguez Laín, se ha visto obligado a levantar el secreto de sumario que había ordenado decretar el pasado viernes, 1 de junio, después de que los medios de comunicación hicieran públicas las actuaciones que se pretendían mantener ocultas. En concreto, las relativas a los nuevos registros que la próxima semana darán comienzo en la finca familiar de Las Quemadillas, propiedad de los abuelos paternos.

Según explicó ayer el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), el togado acordó el pasado viernes la declaración bajo secreto de sumario de una nueva diligencia dentro del caso por la desaparición de los dos menores en Córdoba con la finalidad de «preservar la buena marcha de la investigación».

Sin embargo, la aparición de la noticia de que se iba a buscar nuevamente en dicha parcela en diversos medios de comunicación, tanto audiovisuales como escritos, ha supuesto -entiende el juez- «una vulneración del secreto sumarial», que ha tenido consecuencias. La primera ha sido que el juzgado «se ha visto forzado» a levantar el secreto de las actuaciones pero también ha obligado a ordenar precintar la finca e implantar custodia policial hasta el momento en el que den comienzo estos nuevos registros, en los que previsiblemente esté presente Bretón.

Según ha conocido EL MUNDO de Andalucía, Rodríguez Laín habría ordenado que éste, que se encuentra en prisión acusado de detener ilegalmente a sus hijos, estuviera presente en dichos registros. Fuentes jurídicas consultadas han apuntado que en un registro de una propiedad privada en la que puede considerarse afectado al procesado y en la que pueden aparecer pruebas de cargo contra él, lo «normal, adecuado y prudente» es que su presencia sea obligatoria.

Por otro lado, este periódico también ha sabido que la madre de los pequeños Ruth y José habría solicitado al juez instructor participar en las rastreos que darán comienzo el próximo lunes en Las Quemadillas, dado el conocimiento que ésta tiene de ella al haber pasado junto a su todavía esposo y sus hijos temporadas allí.

No obstante, es el juez el que tiene que autorizar que la madre pueda acudir. De aceptarse esta solicitud, sería la segunda vez que la pareja se vea las caras desde que los niños desaparecieron el 8 de octubre. Ruth Ortiz acudió el pasado 28 de diciembre a la prisión cordobesa para entrevistarse con Bretón e intentar sin éxito que éste le confesara qué ha hecho con los niños.

El juez quería preservar las actuaciones que están aún por desarrollarse tanto del foco mediático como de las partes, defensa y acusación particular. Entre éstas se encuentran el resultado del careo que ha ordenado entre José Bretón y Juan David, el primo de Ruth Ortiz al que confesó que había matado a los niños una de las veces que lo visitó en la prisión cordobesa.

Dicho careo, según ha podido conocer este periódico, habría sido aprobado tras solicitarlo la acusación particular, que ejerce la madre de los niños. Falta por confirmarse qué día tendrá lugar, puesto que José Bretón ha de acudir el viernes de la próxima semana al juzgado para la declaración indagatoria. No obstante, no se ha descartado que el magistrado ordene también un careo entre Bretón y Ruth Ortiz.

Con el iPad a la ópera

Es el festival más importante después de Salzburgo. Nació en 1934 y desde entonces ha sido la Meca para los incondicionales de la ópera. Ahora, los abonados a Orbyt podrán disfrutar de las cinco óperas del prestigioso Festival de Glyndebourne, gracias al acuerdo al que ha llegado el quiosco digital con el diario The Guardian, propietario de los derechos de emisión de las óperas.

Glyndebourne es mucho más que ópera. Situado al sur de Londres, en el corazón de la campiña inglesa, en una colina a la que se puede llegar en tren vestido de etiqueta, el certamen surge alrededor de una casa solariega situada entre edificaciones de proporciones clásicas. No es un festival más, es el certamen en el que en el entreacto el público disfruta de un picnic regado siempre con buen champán. Incluso los hoteles de la zona preparan la cesta con vajilla y cristalería, sin olvidar nunca el mantel de cuadros.

Por el teatro de Glyndebourne, diseñado por el arquitecto Michael Hopkins, pasarán este verano los acordes de óperas como La zorrita astuta, de Janacek; La Cenicienta, de Rossini; La Reina de las Hadas, de Purcell; Las bodas de Fígaro, de Mozart y una función especial con dos óperas cortas de Ravel, La hora española y El niño y los sortilegios.

Así, los subscriptores de Orbyt tendrán la oportunidad de disfrutar de estas obras a partir del 13 de junio, día en que estará disponible en el quiosco digital la composición de Janacek. El maestro compuso su sueño checo de una noche de verano cuando tenía 63 años inspirado en una tira cómica. De nuevo, al igual que en Katia Kabanova, es una mujer la que lleva el peso de esta historia. Una zíngara llamada Terynka alterará la vida de todos los hombres del pueblo. Casualmente ella no surge nunca en escena, así la zorrita se convierte en su alter ego. Cuentan los historiadores que esta ópera es una metáfora de la situación que vivía Janacek. Cuando la compuso estaba enamorado de la joven Kamila Stosslova, 38 años menor que él. El 27 de junio será el momento de Rossini y su inolvidable Cenerentola, una obra basada en el cuento de Perrault.

En el sur de Inglaterra resucitará el 25 de julio una particular versión de La reina de las hadas, bajo la batuta de Laurence Cummings. La adaptación de El sueño de una noche de verano, probablemente realizada por Thomas Betterton, es la obra más ambiciosa de Purcell y, en su estreno el 2 de mayo de 1692, fue la producción más cara. Que la partitura haya pasado 200 años en paradero desconocido convierte a esta obra en una representación nada habitual. Para dar rienda suelta a su mundo encantado, Purcell utilizó efectos musicales nada habituales en el teatro.

La música de Mozart y sus Bodas de Fígaro llegarán a Glyndebourne el 21 de agosto. La Sevilla de Mozart sonará como la esencia misma de la vida y se convertirá en una fugaz y repentina liberación.

El festival concluirá con una doble afrancesada función, disponible para los abonados de Orbyt el 21 de agosto, en la que los ritmos de Ravel con La Noche española, acompañada por El niño y los sortilegios, cerrará esta edición. La primera es una versión de la commedia dell’arte, que incluso en Francia fue considerada demasiado frívola.

Ravel compuso su segunda ópera en 1924. El niño y los sortilegios rezuma sin pudor la influencia de Alicia en el país de la Maravillas. Se trata de una obra original, de refinadas características sonoras. Parodia bailes de moda entonces y números de revistas para dar entrada a los animales. Además, mezcla instrumentos poco habituales para conseguir nuevos efectos sonoros. Fue capaz de sacar ritmo a un rallador de queso.

Glyndebourne se ha destacado por apostar por voces jóvenes en el comienzo de sus carreras. En los años 50, Teresa Berganza paseaba por allí los roles de Cherubino, Cenerentola, y Lorengar, Pamina y la Condesa. A mediados de la década de los 60, un joven Pavarotti lucía en la campiña su poderosa envergadura mientras que la Caballé interpretaba a la Condesa, de Las bodas de Fígaro, y a la Mariscala, de El caballero de la rosa. Voces británicas como Kathleen Ferrier o Janet Baker también hicieron de Glyndebourne su segunda casa. Ahora será el turno para las voces del siglo XXI.

Mi veneno es mi medicina

«La noche fue larga. Creo que bebí demasiado, fumé demasiado… Además, dormir en el pasillo no ayuda a estar todo lo despierto que uno quisiera», dice para confirmar a la perfección cada una de las expectativas del menos prejuicioso de los periodistas. Por lo demás, no aclara por qué acabó por pasar la noche fuera de la habitación.

Un día antes, el domingo último, se presentó la película dirigida por Sylvie Verheyde que atiende al nombre de Confession of a child of the century. Es decir, una cinta que sigue de forma muy libre (quizá libérrima) el texto de Alfred de Musset que en 1836 fijó la imagen del héroe romántico comprometido con el espíritu y la convulsión de su tiempo. En efecto, estamos delante de una película de época.

- ¿Se identifica con su personaje? ¿Se considera usted mismo un héroe romántico?

- Quiero creer que lo que cuenta la película es mi historia en parte. Por lo menos, eso me gustaría. Pero, salvando las distancias. ¿Qué es en realidad un héroe romántico? Aquellos hombres se involucraron en todas las revoluciones de su tiempo, viajaron, cambiaron el mundo… Creo que yo no llego a tanto. Soy demasiado egoísta para tanto.

De otro modo, un momento de lucidez en una conversación entre el recuerdo de una noche que, según todos los indicios, todavía dura. Cuenta que todo empezó por culpa de una coincidencia. «Me lo ofrecieron, pero hasta que no vi que yo podía aportar algo al personaje, no me decidí. Leí el guión y pensé: ‘Habla de mí’». Ésta es la coincidencia. Bien es cierto que la cinta se limita a seguir la historia romántica sin detenerse un segundo en lo que, precisamente, hace a la novela grande. Musset convirtió su tormentosa relación con George Sand en la perfecta metáfora de un tiempo a punto de quebrarse por dentro. Hablamos de la Revolución Francesa y de todo lo que vendría después.

La película, con cierto estilo (que no estilo cierto), narra sólo la aventura equinoccial y amorosa de un hombre primero traicionado; después lanzado a todos los placeres posibles de la carne (que, básicamente, es uno solo), y por último, y por culpa del amor, profundamente desengañado. «Para hacer una película así hay que creer en el amor y yo creo. No digo con esto que ahora esté enamorado, pero creí estarlo no hace mucho. El amor, sin duda, es la más poderosa de las drogas». Hemos llegado.

Por la misma razón que uno se imagina siempre a Doherty o borracho, con resaca o a punto de sufrir uno de estos dos estados, uno tiene claro que tarde o temprano las drogas saldrán en la conversación. «Hace tiempo que no me drogo. Pero no entiendo la demonización constante de las drogas. Las drogas son malas; si tomas drogas vas a la cárcel… En realidad, todo el mundo se droga. No digo que haya que hacerlo constantemente. Es como el Sol en los países nórdicos. Cuando sale, que lo hace de vez en cuando, no siempre, se agradece». Y en este momento, un periodista finlandés le da la razón. En lo del Sol, sobre lo otro no se pronuncia.

- ¿No le hizo repensarse las cosas la muerte de Amy Winehouse?

- ¿Ha muerto Amy? [Se ríe]. Sus canciones son tan buenas, tan pesimistas. En realidad, es su pesimismo lo que las hace buenas. A mí me pasa lo que a ella. Mi medicina es a la vez mi veneno.

Y dicho lo cual, Doherty cuenta que ser actor es duro, que ha disfrutado tanto como ha sufrido, y que trabajar al lado de Charlotte Gainsbourg ha sido la mejor manera de introducirse en el oficio. «Desde niña lleva actuando. Todo lo que a ella le resultaba facilísimo, a mí me costaba un dolor». Sobre la pantalla, la historia de amor entre los dos resulta extraña. Pese al virtuosismo del director, entre Pete y Charlotte hay tanta química como entre dos filetes empanados de lenguado Pescanova. La ultracongelación como estado de ánimo.

- ¿Cómo se imagina el futuro? ¿Cómo actor o como cantante?

- Bueno, vuelvo a trabajar con los compañeros de Libertines… No me ha vuelto a llegar ningún otro guión. Pero no pienso en el futuro. Sería como traicionar al personaje de mi película. El futuro no existe, sólo me importa el presente.

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Pretende, además, facilitar la captación de fondos para acometer proyectos de forma coordinada. Las primeras acciones de la red comenzarán este año e incluirán la creación del diseño corporativo y la puesta en marcha de una página web. En esta primera etapa, también está previsto habilitar en cada yacimiento un punto de información. García explicó que desde la apertura del Museo de la Evolución Humana en julio de 2010, el Sistema Atapuerca Cultura de la Evolución ha recibido 650.933 visitas el Parque Arqueológico y 129.383 los Yacimientos-. «Estas cifras son un claro indicador del potencial de atracción turística que ejerce el conjunto de equipamientos culturales existentes», precisaron desde la Consejería de Cultura y Turismo. Los datos recopilados «muestran que el Museo de la Evolución Humana es un museo para todos los ciudadanos y para todas las edades», principal objetivo marcado por la Junta de Castilla y León. En su primer año y medio de vida, el MEH está consiguiendo tres de las misiones previstas en su proyecto museológico: convertirse en referencia nacional sobre difusión del patrimonio paleontológico; funcionar en red con otros centros del Sistema Atapuerca, y erigirse como un recurso cultural, educativo, económico y turístico para la promoción territorial.

Mi madre está tomando un café con ET

Además del Roel, Mateo logró el pasado sábado el Premio de la Juventud y el de Mejor Guión por su tercer cortometraje tras Test (2008) y Qué divertido (2010). «Aquí se supone que te haces como director», celebró emocionada en la clausura de la Semana de Cine de Medina.

¿Pero, cómo es detrás de la cámara la también actriz y guionista?. «Como directora me gusta hacer un cine costumbrista y ácido, que intenta contar algo, comprometido. Hago historias muy universales desde un enfoque local, ‘provincial’. Podría decirse que mi manera de meter el dedo en la llaga es muy peculiar», reflexionó Mateo.

A la hora de valorar la repercusión del galardón, se diría que Mateo enfría su discurso para precisar. «Para cualquier cortometrajista premios como el Roel son muy importantes, pero más que para el propio director lo son para el cortometraje en sí. A título individual es el trabajo constante lo que mejor habla de uno mismo. Pero que en twitter o en prensa se hable de nuestros trabajos… Eso es futuro para todos», celebró.

Títulos como La vergüenza o siete mesas de billar francés, en el cine, o Amar en tiempos revueltos, en televisión, figuran en el currículo de la premiada como actriz, que también se lanzó el año pasado a escribir, dirigir e interpretar la obra de teatro La caja superdeluxe.

Polifacética, Mateo entiende la creación desde el dominio de todas sus ‘artes’. «Los directores deberían tomar clases de interpretación y los guionistas, de dirección. No entiendo que estén aisladas las disciplinas. Si escribes desde el actor empatizas mejor con los personajes», afirmó la directora que, además, imparte talleres de cine. «A mis alumnos les enseño que deben hacer de todo. Dar clases a gente joven y darles a los alumnos un espacio para probar lo que saben es lo que más feliz me hace», reconoció.

Ya prepara el que será su primer largometraje, sobre el reencuentro en Cuenca de unos amigos en torno a una despedida de soltera, cuando aparecen esas cosas que no se dijeron a los 18 años y que sí surgen a los 32, las cuentas pendientes… «Las mentiras piadosas siempre están presentes en mi trabajo, encuentran la complicidad del espectador», advierte. Tal vez participe en él su hijo, con el que ya ha coincidido en dos rodajes. «Es lo más bonito poder trabajar con él. Ahora está alucinado, orgulloso y feliz. Se lleva un gran aprendizaje. Él es muy artista», aseguró la última ganadora del Roel de Oro de Medina.

Natalie Portman está apavada

Natalie Portman se ha ganado a pulso el título de buena chica. Al fin y al cabo, llevaba 16 de sus 29 años de vida trabajando cuidadosamente la imagen de jovencita recta y formal. Todo, como ella misma ha confesado, para tratar de compensar el efecto lolita que desencadenó su primer filme, la cinta francesa El profesional (Léon) (Luc Besson, 1994), en la que daba vida a una sensual cría de 12 años. «No quería que se me viera como un objeto sexual, así que tomé la dirección opuesta. No soy para nada una mojigata respecto al sexo, es que simplemente no deseaba acabar convertida en un fondo de pantalla o en una web porno», ha asegurado en alguna ocasión para justificar su famosa negativa a aparecer desnuda en el cine.

Pero ahora, la actriz israelo-estadounidense (nació en Jerusalén en 1981, estudió en un colegio judío, habla hebreo y perdió a sus abuelos paternos en el campo de concentración de Auschwitz) ha decidido desembarazarse de un plumazo de su imagen de mosquita muerta. En Cisne negro, el inquietante thriller psicológico dirigido por Darren Aronofsky que inauguró entre fuertes aplausos la pasada edición del Festival de Cine de Venecia y que se estrenará en España el próximo 18 de febrero, Natalie Portman no sólo interpreta a una bailarina de ballet obsesionada con alcanzar la perfección y que, debajo de su imagen aparentemente timorata, esconde un fondo oscuro y tenebroso. Ni siquiera se trata únicamente de que en esa cinta la inolvidable princesa Amidala de la saga de La Guerra de las Galaxias protagonice su primer desnudo en un largometraje… Es que, además, lo hace en medio de una tórrida escena de sexo lésbico. «Aronofsky me dijo que sería como tener sexo conmigo misma, y me pareció un desafío.»

Quitarse de encima la imagen de chica que nunca ha roto un plato ha supuesto para la actriz una dura experiencia, porque para dar vida a Nina, la bailarina de Cisne negro, Portman ha vivido un calvario: ha pasado hambre, se ha sometido a cinco horas diarias de entrenamiento extenuante, ha tenido que renunciar a salir con los amigos, a fumar, a beber, se ha aislado durante meses del mundanal ruido y ha llevado una vida «monacal», como ella misma la define. «Ha sido realmente doloroso», admite. Y, encima, para hacer ese papel ha aceptado cobrar solo el 30% de su caché…

YO DONA. La película cuenta la historia de una bailarina con doble personalidad: por un lado es ‘cisne blanco’, ingenua, virginal, que hace todo lo que los demás esperan de ella y, por el otro, ‘cisne negro’, alguien sin escrúpulos, con un carácter férreo y dispuesta a todo a fin de lograr sus objetivos. ¿Con cuál de los dos se identifica más?

NATALIE PORTMAN. La verdad es que no me gustaría ser amiga de ninguna de ellas. Pero le confieso que interpretar a los dos cisnes ha sido un gran desafío: dar vida al negro ha sido divertido, pero encarnar al blanco fue más complicado.

¿Por qué le ha resultado más difícil el cisne blanco?

Porque es un personaje muy reprimido y rígido, y me ha costado encontrar en mi propia personalidad algo que me acercara a eso. No tiene una identidad propia, es más el producto de las expectativas que los demás vuelcan en ella. Y resulta mucho más difícil interpretar una figura así que una con una fuerte personalidad, aunque sea absolutamente malvada.

¿Ve al personaje del cisne blanco como una víctima?

No, para nada. Lo veo como alguien que pasa de ser objeto a ser sujeto, que se libera de la pesada carga que supone tratar de complacer a todos.

La película incluye una escena de sexo lésbico entre usted y la actriz Mila Kunis. ¿Le resultó difícil rodarla?

Esa escena es muy importante para el personaje, porque por primera vez se da placer a sí misma en lugar de preocuparse por complacer a los demás. Por primera vez se deja llevar, se entrega… Fue una escena difícil, sí, y que para mí supuso un desafío, pero como los supusieron todas las demás.

Perdone que insista, pero usted es famosa por haber declarado que no le gusta desnudarse en sus películas y, de hecho, a excepción de en el corto de Wes Anderson ‘Hotel Chevalier’, este es el primer filme donde lo hace, y encima interpretando una escena de sexo lésbico. ¿No le preocupó rodarla?, ¿no estaba nerviosa pensando en si se le iba a ver más de lo que quería mostrar?

Estaba bastante tranquila, porque conozco bien al director de la película, Darren Aronofsky, y sé que es una persona muy sensible. Supongo que el hecho de haber estado casado con una maravillosa actriz como Rachel Weisz hace que sea especialmente receptivo a estas cuestiones. Simplemente, confié en él, y no me ha defraudado en absoluto. A mí, efectivamente, no me gustan los desnudos gratuitos, pero en este caso me parecía que era necesario para explorar la mente del personaje. Además, esa imagen lésbica encierra algo que yo nunca antes había visto en el cine: alguien que, básicamente, está haciendo el amor consigo mismo, y que refleja muy bien el ego de esa chica sin identidad propia.

¿No le da miedo que esa escena lésbica pueda cambiar su imagen de chica buena?

Ni me lo he planteado. Hago papeles que me resulten estimulantes y punto. Y en mi vida privada, trato de ser buena persona.

¿El mundo del cine es tan terriblemente competitivo como el de la danza?

No, creo que no. Supongo que porque la vida [profesional] de una bailarina es muchísimo más breve que la de una actriz. Entre los actores también hay mucha competitividad, pero no se da una dependencia tan grande del físico como la que tienen los bailarines, que a los 40 años empiezan a ver que no les funcionan las caderas, hasta el punto de que algunos se ponen prótesis y apenas pueden caminar. Bailar, además, es un arte en el que se valora la uniformidad, el que un grupo se mueva al unísono y levanten todos la pierna al mismo tiempo y con el mismo ángulo. Sin embargo, en el mundo de la interpretación son los aspectos propios y distintivos los que te hacen destacar.

¿Cómo cree que reaccionará el mundo de la danza ante este filme? Se lo pregunto porque, después de verla, tengo la sensación de que muchos padres se lo pensarán dos veces antes de apuntar a sus hijas a clases de ballet, ¿no le parece?

Creo que la gente de la danza se reconocerá en muchas cosas, porque yo, que conozco ese mundo, sé que la película lo retrata de manera muy fiel. Y sí, también creo que hará que muchos padres se planteen si deben o no apuntar a sus hijas a clases, pero no me parece mal. Visto desde fuera, el ballet parece muy bonito, pero tiene una lado turbio y oscuro. Aunque, por supuesto, resulta muy emocionante toda esa gente que, a pesar de todo, de lo doloroso que es, decide consagrarse al baile en cuerpo y alma, en nombre de la belleza del arte. No se van a hacer famosos, no se van a hacer ricos, bailan porque aman la danza.

Antes de dedicarse al cine, usted hacía ballet, ¿no?

Sí, para mí era algo demasiado extremo, en el que o lo das todo o no llegas nunca a nada. Y precisamente por eso lo dejé.

‘Cisne negro’ cuenta la historia de una bailarina obsesionada con lograr la perfección artística. ¿Cree que esa búsqueda puede ser peligrosa?

Depende. En el mundo del ballet o de la música clásica, el virtuosismo, la técnica, la perfección es algo más objetivo. Sin embargo, en la interpretación nos dedicamos a dar vida a personas, y las personas no sólo somos un lío, sino absolutamente imperfectas… Pero empujarte a hacer las cosas lo mejor que puedas me parece una de las maravillas del espíritu humano.

Y esa búsqueda obsesiva ¿se puede aplicar también a muchas mujeres de hoy en día respecto a la belleza física?

Sí, sin duda alguna. Todos los artistas perseguimos la belleza perfecta, algo que, por otra parte, resulta imposible de aprehender. Y en la sociedad esa búsqueda de la belleza es muchas veces superficial, que se entiende únicamente en el sentido físico. Sin embargo, para los artistas es algo que siempre intentamos alcanzar y que se compone de momentos.

¿Existen paralelismos entre una bailarina aterrada ante la posibilidad de que su cuerpo deje de funcionar con precisión y el miedo a envejecer que sienten muchas mujeres?

Efectivamente, creo que el mundo del ballet puede representar también lo que muchas mujeres sienten llegadas a una determinada edad: que ha pasado su momento y que una chica más joven se dispone a ocupar su puesto. Muchas de las mujeres que se sienten destronadas por el paso del tiempo ni siquiera son conscientes de formar parte de ese sistema de pensamiento. Esa es la diferencia entre ser cisne blanco o cisne negro: el primero suscribe el sistema de pensamiento sin planteárselo siquiera y el segundo da un paso adelante y proclama que ese sistema no le importa lo más mínimo, que tiene sus propios criterios y que, aunque al resto del mundo le parezcan horribles, son los suyos.

¿Cómo se ha preparado para el papel?

Ha sido duro, muy duro, tanto desde el punto de vista físico como psíquico. Pero la disciplina extrema a la que me he sometido me ha ayudado mucho a preparar el lado emocional del personaje.

Y esa dureza, ¿le ha hecho ver su cuerpo, concebir su físico de un modo diferente?

Sí, completamente. Para empezar, mi relación con la comida cambió a raíz de la película. No me interesaban los alimentos en base a su sabor, sino a la energía que me proporcionaban, porque bailar exige un enorme esfuerzo físico. Y el hecho de tener que perder peso para interpretar este papel también me ha hecho plantearme algunas cosas sobre la delgadez extrema. Hay personas que son así de delgadas por naturaleza, por supuesto, pero en otras es una especie de enfermedad. Antes, cuando veía a alguien muy delgado, me parecía que molaba. Ahora me provoca una gran tristeza, porque sé cuanto ha tenido que sufrir esa persona para llegar a ese punto de delgadez, lo muy disciplinada que ha debido de ser, de lo mucho que se ha tenido que privar…

¿Cuántos kilos tuvo que perder para hacer este papel?

Unos siete kilos.

¿Y sería capaz de lo contrario, es decir, de engordar 10 kilos por exigencias del guión?

Honestamente, no lo sé.

Supongo que no se lo han propuesto nunca…

No, por ahora no. Pero reconozco que no hay muchas personas, y me incluyo entre ellas, que quieran ser más gordas de lo que en realidad son.

Hablando de peso y de comida, ¿le gusta cocinar?

Sí, me encanta. Y no se me da mal, la verdad…

«Esa imagen LÉSBICA encierra algo que yo no había visto en el cine: alguien que, básicamente, está HACIENDO EL AMOR consigo misma.»

«Antes, cuando veía a alguien MUY DELGADO, me parecía que molaba. Ahora me provoca una GRAN TRISTEZA, porque sé cuánto ha tenido que sufrir.»

La cena final del Titanic

El Aula Gastronómica Cuineo del Grupo Intur de Castellón ha programado esta noche una velada culinaria especial con motivo del centenario del hundimiento del Titanic, tal día como hoy en 1912.

El escenario del Auditori y Palau de Congressos de Castellón se viste de gala para recibir a un grupo reducido de personas que se han inscrito para participar en esta ‘última cena del Titanic’ que recreará el ambiente y el menú degustación que vivieron y tomaron los pasajeros de Primera Clase del Titanic que aquella fatídica noche escogieron el restaurante A la carte del trasatlántico.

Según explica Cristina Soria, directora del Auditori y Palau de Congressos de Castellón, comenta que Cuineo se gestó con la intención de «generar ideas con encanto», y cuando programaron el año 2012 del aula gastronómica, «atendiendo a la sugerencia de un cliente, nos documentamos sobre esta fastuosa cena de Primera Clase del Titanic y decidimos llevarla a cabo, recreando incluso el ambiente y la música».

Sobre las 21 horas de hoy, el ‘capitán’ del ‘barco Auditorio’ y los camareros -ataviados para la ocasión- recibirán a los comensales y los acompañarán hasta el escenario que ha sido decorado a modo de salón restaurante.

De la minuta original del barco, el cocinero del restaurante Café Auditori, Juanma Pomer, elaborará nueve platos degustación, que incluyen: Ensalada de espárragos trigueros con vinagreta azafranada al cava; Ostra con velouté de cava y salsa holandesa; Salmón al vapor con salsa muselina y pepino caramelizado; Sorbete de limón con ron; Filet mignon con patata, foie y alcachofas fritas; y Trilogía de postre: tarta waldorf, melocotón con licor chartreuse y eclair al chocolate y vainilla. «Todo, acompañado por ‘caldos’ de las bodegas Gran Cardiel blanco y Luis Cañas tinto», indica el cocinero, quien reconoce que en este caso «no es la bodega originaria del Titanic, porque nos informamos y superaba con creces el presupuesto, ya que para esta ocasión se ha comercializado una edición limitada de apenas cien botellas», comenta.

La directora del Auditori confía en una velada «perfecta», que estará amenizada por un cuarteto de cuerda del Conservatorio de Castellón «y en la que no es necesario vestir de etiqueta, ni naufragar después», bromea.

El brindis con cava y el último baile con el capitán, pondrán la guinda a una noche de glamour ‘a bordo del Titanic’, con la salvedad de un final feliz.

«La capacidad del escenario del Auditori es de unos 350 metros cuadrados y ésta era la ocasión perfecta para utilizarlo para una cena», añade la responsable, quien considera que «intentamos ser originales con los eventos que organizamos y por 55 euros no sólo tomas un menú diferente sino que te llevas un valor añadido, como es el ambiente y la música».

Las cartas del miedo

El General Franco agoniza y el país vive días de gran tensión. Apenas 33 decisivas jornadas para el futuro de España que sirven para situar Las cartas del miedo, (Eutelequia) un thriller policiaco con el que Carlos Abella -economista, biógrafo de políticos como Adolfo Suárez y toreros como Paco Camino, Luis Miguel Dominguín o José Tomás, y de quien dependen ahora los Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid- se estrena en el terreno de la ficción literaria. «Las cartas del miedo es una novela en la frontera, escrita desde el lamento y el dolor de un republicano y la esperanza de un joven periodista ávido de la verdad», dice.

El periodista al que se refiere el autor es Fernando del Corral, a través del cual retrata aquel enrarecido ambiente en España tomando como punto de partida a un asesinado en las escaleras de Las Ventas. «Del Corral es el símbolo de una generación y la reivindicación de que hay que buscar en la vida, investigar y no conformarse con los clichés».

El otro nombre sobre el que gira la obra es el de Eduardo Romero, un médico oftalmólogo comprometido con la causa republicana, que huyó horrorizado por lo vivido a la zona nacional en 1938. En la búsqueda de quién fue Romero, investigando sobre su exilio «al sentirse perseguido por los franquistas» y al tratar de averiguar quiénes fueron sus asesinos, Del Corral destapa el desenlace del régimen, las heridas no cerradas de la Guerra Civil, las claves de la transición y la esperanza mirando al futuro de la población, tomando como base Madrid y Barcelona, a las que describe con detalle.

En este escenario, Abella -que prepara ya la segunda parte- hace una reflexión: «Hay que tener cuidado con mirar hacia atrás, nos podemos encontrar que el pasado ha estado mitificado y que es un error querer reescribir la Historia como han pretendido hacer la izquierda y los nacionalismos en estos últimos años».

Cazador blanco, corazon negro

«Matar un elefante es peor que un delito… Es un pecado, el único que se puede cometer pagando una licencia», se oye en Cazador blanco, corazón negro. En la película, Clint Eastwood, además de homenajear a su admirado John Huston, ofrece buena parte de su ideario cinematográfico. El cine, y por extensión cualquier expresión artística, es una cacería. Crear no es otra cosa que capturar el abismo exacto en el que la verdad enseña los dientes y la sensación de muerte, como el único modo de sentir la vida, adquiere el brillo turbio de la amenza. Suena poético y, en realidad, es una de las metáforas más evidentes que ha recorrido el cine. Desde Mogambo a Hatari! pasando por Memorias de África, el continente negro, virgen y salvaje, está ahí para recordarnos la posibilidad de ese territorio inexplorado donde el hombre puede jugar aún a ser Dios o, ya que estamos, rey. Puede, en definitiva, sentirse amenazado, en peligro. «Somos pequeños dioses repugnantes que controlan la vida de la gente que crean», dice Eastwood de sí mismo como el director de cine que es. Pero la divinidad completa sólo es posible con el más inútil y estrafalario de los actos: acabar con la más majestuosa de sus creaciones: un elefante. Eso sí, nadie puede salir indemne de semejante despropósito. En la imagen clásica, la afrenta, la muerte de Moby Dick, se resuelve con un suicidio ritual. Ahab arponea al objeto de todas sus obsesiones y, en verdad, se clava el arma en su costado. Eastwood apunta al elefante y no hace otra cosa que colocarse el arma en la sien. Alguien diría, visto lo visto recientemente, que la ficción puede ser un torpe remedo de la realidad. O al revés.

En cualquier caso, y como dice uno de los sudorosos personajes de, precisamente, La caza, de Carlos Saura, «la mejor caza es la caza del hombre». Tanto en Caza humana, de Joseph Losey, como en La jauría humana, de Arthur Penn -por citar dos clásicos del desasosiego-, el propio ser humano (aniquilada la posibilidad de África, demasiado poética para ser verdad) se ofrece como la única pieza de valor. El hombre diseccionado por sus congéneres. Y aquí, nadie mejor que Berlanga para abrir en canal a los suyos: España encerrada en la cacería de la familia Leguineche, La escopeta nacional y dos más. Y, otra vez, la ficción es una triste sombra de lo real.

El pito del coche en la India

«Un claxon europeo aquí no duraría ni dos semanas». El «aquí» es la India y las palabras son del director de Audi en ese país, Michael Perschke. «El uso del claxon de un conductor en Bombay en un día es equivalente al que haría en un año uno alemán». Por ejemplo, en las principales intersecciones de Calcuta, se escucha un pitido cada tres segundos.

Así que, expuestos a durísimas condiciones, los aparatos han de ser reforzados para aguantar ese trato, como ha hecho Audi añadiendo esteroides a sus cláxones. «Los controles de calidad se endurecen. El claxon es testado mediante la emisión constante de su sonido durante dos semanas».

La estrategia no busca sólo atraer a los compradores demostrando la potencia de sus coches en todos los sentidos. También cubre una auténtica necesidad en vías y calles con nefasta o nula señalización, firmes en mal estado, y repletas de motos, peatones, rickshaws, vacas, bicicletas y el resto de transportes de cuatro o más ruedas, todos compitiendo por el mismo espacio. Y de conductores noveles estrenando coches en condiciones imprevisibles, como lo demuestra que Audi vendiese 5.000 automóviles, un 80% más que en 2010.

Pero el uso de la bocina también es polémico. Asociaciones como el Instituto para la Educación del Tráfico rodado en Delhi lo denuncian como una auténtica epidemia para la salud y la seguridad. No en vano se han medido picos de ruido de hasta 106 decibelios en algunas calles que, si se escuchan de manera sostenida, pueden causar sordera.

Así que no extraña que haya asociaciones que apunten que es una auténtica tortura mental y que desata no sólo los malos modos, sino también la ira. Mientras, en algunos transportes, incluso públicos, es posible contemplar carteles que solicitan su uso, e incluso que se incida en él por la noche, para mayor seguridad al conductor que se acerca por detrás.

La pregunta de si es bueno o malo es controvertida, pero los más de 133.938 personas fallecidas en accidentes de tráfico en 2010 – 366 al día- son un hecho que, asociaciones como Llegar seguro, llevan aún más lejos, pues afirman que muchos de los accidentes no quedan registrados nunca.

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