Es el festival más importante después de Salzburgo. Nació en 1934 y desde entonces ha sido la Meca para los incondicionales de la ópera. Ahora, los abonados a Orbyt podrán disfrutar de las cinco óperas del prestigioso Festival de Glyndebourne, gracias al acuerdo al que ha llegado el quiosco digital con el diario The Guardian, propietario de los derechos de emisión de las óperas.
Glyndebourne es mucho más que ópera. Situado al sur de Londres, en el corazón de la campiña inglesa, en una colina a la que se puede llegar en tren vestido de etiqueta, el certamen surge alrededor de una casa solariega situada entre edificaciones de proporciones clásicas. No es un festival más, es el certamen en el que en el entreacto el público disfruta de un picnic regado siempre con buen champán. Incluso los hoteles de la zona preparan la cesta con vajilla y cristalería, sin olvidar nunca el mantel de cuadros.
Por el teatro de Glyndebourne, diseñado por el arquitecto Michael Hopkins, pasarán este verano los acordes de óperas como La zorrita astuta, de Janacek; La Cenicienta, de Rossini; La Reina de las Hadas, de Purcell; Las bodas de Fígaro, de Mozart y una función especial con dos óperas cortas de Ravel, La hora española y El niño y los sortilegios.
Así, los subscriptores de Orbyt tendrán la oportunidad de disfrutar de estas obras a partir del 13 de junio, día en que estará disponible en el quiosco digital la composición de Janacek. El maestro compuso su sueño checo de una noche de verano cuando tenía 63 años inspirado en una tira cómica. De nuevo, al igual que en Katia Kabanova, es una mujer la que lleva el peso de esta historia. Una zíngara llamada Terynka alterará la vida de todos los hombres del pueblo. Casualmente ella no surge nunca en escena, así la zorrita se convierte en su alter ego. Cuentan los historiadores que esta ópera es una metáfora de la situación que vivía Janacek. Cuando la compuso estaba enamorado de la joven Kamila Stosslova, 38 años menor que él. El 27 de junio será el momento de Rossini y su inolvidable Cenerentola, una obra basada en el cuento de Perrault.
En el sur de Inglaterra resucitará el 25 de julio una particular versión de La reina de las hadas, bajo la batuta de Laurence Cummings. La adaptación de El sueño de una noche de verano, probablemente realizada por Thomas Betterton, es la obra más ambiciosa de Purcell y, en su estreno el 2 de mayo de 1692, fue la producción más cara. Que la partitura haya pasado 200 años en paradero desconocido convierte a esta obra en una representación nada habitual. Para dar rienda suelta a su mundo encantado, Purcell utilizó efectos musicales nada habituales en el teatro.
La música de Mozart y sus Bodas de Fígaro llegarán a Glyndebourne el 21 de agosto. La Sevilla de Mozart sonará como la esencia misma de la vida y se convertirá en una fugaz y repentina liberación.
El festival concluirá con una doble afrancesada función, disponible para los abonados de Orbyt el 21 de agosto, en la que los ritmos de Ravel con La Noche española, acompañada por El niño y los sortilegios, cerrará esta edición. La primera es una versión de la commedia dell’arte, que incluso en Francia fue considerada demasiado frívola.
Ravel compuso su segunda ópera en 1924. El niño y los sortilegios rezuma sin pudor la influencia de Alicia en el país de la Maravillas. Se trata de una obra original, de refinadas características sonoras. Parodia bailes de moda entonces y números de revistas para dar entrada a los animales. Además, mezcla instrumentos poco habituales para conseguir nuevos efectos sonoros. Fue capaz de sacar ritmo a un rallador de queso.
Glyndebourne se ha destacado por apostar por voces jóvenes en el comienzo de sus carreras. En los años 50, Teresa Berganza paseaba por allí los roles de Cherubino, Cenerentola, y Lorengar, Pamina y la Condesa. A mediados de la década de los 60, un joven Pavarotti lucía en la campiña su poderosa envergadura mientras que la Caballé interpretaba a la Condesa, de Las bodas de Fígaro, y a la Mariscala, de El caballero de la rosa. Voces británicas como Kathleen Ferrier o Janet Baker también hicieron de Glyndebourne su segunda casa. Ahora será el turno para las voces del siglo XXI.

