Un paseo al pasado

El cielo cambió de tonalidad al comenzar el anochecer, a lo lejos es sol como gran disco dorado intentaba no claudicar, pero la noche, inexorable, le atrapaba en su inmensidad. Repentinamente, de entre la noche, bajo nuestros pies, unas titilantes lucecitas mostraban el paisaje nocturnal de una ciudad casi a oscuras. Una luz se movía por aquí otra por allá, así se iba conformando La Habana. Movimientos rápidos dejaban atrás imágenes que se extraviaban en la oscuridad y en unos pocos instantes el avión se zarandeaba al pisar el gastado y manchado hormigón de la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional José Martí.

El pasillo nos llevaba hasta un amplio salón custodiado por el personal del aeropuerto, pero inmediatamente nos percatamos que todos llevaban bozales para protegerse de algún contagio… ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Por qué toda esa protección? Impresionados contemplábamos a todos aquellos trabajadores y sin más una pregunta alguien lanzó siendo su respuesta: Nos protegemos de la Gripe A, ustedes nos la traen del extranjero. Asombro total, éramos los portadores de una enfermedad que no poseíamos, que nadie allí transportaba clandestinamente, pero que la protectora revolución nos había culpado. ¿Le ocurre algo? Vi a una de aquellas mujeres con bozal acercarse a mí al percatarse de mi fija mirada Nada, sólo me sorprende verles así por algo que afuera no es aún una pandemia como lo quieren hacer ver. Su mirada fue fría, seca, terriblemente acusadora, pero el silencio quedó colgado entre nuestras distancias y la vi alejarse sin más.

Cansado como estábamos, todos esperamos pacientemente la entrega de las valijas que apenas si iban saliendo por aquella estera repleta de ansiedades y deseos de marcharse de una vez del agobiante calor de aquella estación. Poco a poco, a cuenta gotas, fueron dejándose ver los bultos y un intento fallido de robo nos puso en alerta. Al llegar ante el personal de inmigración una nueva oleada de miradas tuvimos que soportar, preguntas que no tenían respuestas o al menos a ellos no les interesaban, pero las hacían ¿por qué es usted ciudadano norteamericano y español a la vez? Mi sonrisa al parecer le dio la respuesta que hubiera deseado exponer y el sello de entrada al boleto que fungía de visa concluyó aquella inesperada entrevista para lanzarnos a un amplio salón donde el chico del rent-a-car nos esperaba con nuestro nombre dibujado en un cartón que mostraba sobre el resto de las personas allí reunidas. Luego de efectuar el correspondiente pago me informaba que el coche me sería entregado en el propio hotel Melía Las Américas de Varadero al día siguiente. Un taxi nos esperaba y todos subimos raudos y cansados para que nos llevaran al deseado hotel de 5 estrellas cubanas. 130 km fueron recorridos en nada menos que 3 horas, llegando al hotel sobre las 3:20 de la madrugada, rendidos por las 9:20 horas de vuelo Madrid-Habana y las casi 3 horas perdidas en el aeropuerto ¿por qué razón sucedió aquella demora?… lo desconocemos, paro así pasó.

La habitación sencilla pero vistosa, en penumbras, bajo el influjo del cálido y húmedo clima caribeño, la cama amplia y preparada a recibir nuestros agobiados y cansados cuerpos, pero la ducha fue el preámbulo, la escala requerida para aflojar la tensión y caer rendido sobre el cómodo colchón y la suave almohada; mas el sueño voló tras el agua al correr por el tragante y vueltas di hasta que sin más decidí bajar a la cafetería y tomarme un deseado y sabroso café cubano: Caliente, Amargo, Fuerte y Espeso, que me trajo los perdidos sabores de mi Islita añorada, el aroma extraviado entre los años de lejanía, entre el peculiar sonido del hielo al caer en el vaso de ron y la coca-cola para saborear aquel famoso trago nombrado Cuba Libre escuchando el croar del coquí que invade todo Puerto Rico.

El día me atrapó sobre las diez de la mañana cuando un sonido me trajo a la realidad y comprobar que estaba en Varadero, la mejor playa del mundo y sin más corrí las cortinas deseando observar el mar, las blancas arenas y las sombrillas hechas de hojas de palma, pero una franja de tupido follaje de cocoteros nos impedía ver lo añorado, sólo un esplendoroso cielo tachonado de blancas y coposas nubes conformaban la postal que tras el cristal de la habitación teníamos. Cuando llegamos ante el imponente mar cubano saltó a nuestros ojos la explosión de colores; los diversos azules que conformaban la playa, la arena blanca y finísima, el sabor salado de la brisa del mar que nos rozaba la piel suavemente y aquel olor a coco y a ron que llenaba nuestros sentidos. Montones de nubes se abrían ante el inmenso cielo que nos rodeaba, su azul único y brillante lograba desdoblar la atmósfera que nos circunda, casi apreciar las capas que nos protegen cuando una persona nos invitó a sentarnos en aquellas tumbonas. La tibieza del agua al entrar en contacto con ella nos hizo recordar lo frío de las aguas de las playas de Málaga y sonreímos tomándonos de la mano para continuar caminado hacia lo más profundo, viendo los peces que se agrupaban a nuestro alrededor como si nos conocieran de siempre, unos delfines a lo lejos nos saludaron con sus alegres saltos y el sol aún suave por la hora comenzaba a hacernos sudar.

Varadero, un oasis dentro de un conjunto de realidades que absolutamente nada tiene que ver con el vivir diario de ese cubano que atento y sonrientemente nos está complaciendo en cada minuto de nuestra estadía allí. Esto lo comprobamos al segundo día, cuando dejándolo todo atrás, al cruzar la barrera de la ilusión llama toll que divide la Cuba turística con la de los cubanos de allí, vimos las precarias condiciones en que viven aquellos que sin más intentan ofrecernos una vacaciones inolvidables, tragándose sus penas y sus necesidades, esperando pacientemente una propina que le resuelva la compra de algunos productos para su casa. Matanzas se abrió tras el cristal del Hyundai rentado, abandonada la ciudad a su suerte, derrumbándose cada día un poco más de su historia, desapareciendo cada mes algo de su herencia, mientras que su gente deambula sin saber realmente que existen. Gritando, tomando, esperando que algún día algo suceda y la chispa de la vida retorne a sus ojos. Las Cuevas de Bellamar, oscuras y abandonadas, con un guía que está para la mísera propina que unos pocos extranjeros le puedan dejar, que para mostrar a conciencia y contar lo que veremos al bajar aquella sombría, húmeda y escarpada escalera que nos lleva hasta las mismas entrañas de la caverna. Extrayendo un trozo de cuarzo para regalárnoslo sin mirar que junto a ese trozo se va una parte de la cueva. Tan sólo por 3 CUC que apenas sí le resolverá su gran necesidad: La libertad.

¿Qué es revolución? Pudimos leer en un cartel azul, rojo y blanco a la entrada de la caverna; es cambiar todo lo que debe ser cambiado, es igualdad y libertad plena… es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestro propio esfuerzo y sin poderlo evitar expresar casi a gritos ¡Coño, es todo lo contrario a lo que hace!

En la noche, el sabor del mojito y la risa aromatizada por el humo de los habanos y los cigarrillos, dejaba ver aquella otra cara de la sociedad, las chicas de las esquinas, las que esperaban su presa extranjera para poder pasar unos días de esparcimiento cobrando su trabajo mientras subían la tensión de esos abuelos babosos que corren sin poder tras el perfume de las mariposas cubanas nombradas jineteras. Esas chicas de 17 u 20 años de caras maquilladas para esconder la tristeza por la función que deben realizar. Algunas vendidas por su propia madre a un señor que porta finanzas robustas de un salario medio. Allí también estaban esos otros familiares de las chicas que casualmente paseaban por el hotel, esperando el desliz de la victima para entre los dos, jinetera y consorte esquilar al yuma de turno con la complacencia de las autoridades del hotel que buscando cumplir sus planes económicos dejan a un lado la honradez. Así es Cuba hoy, ausente de moralidad propiciado por las condicionales de una vida edificada para morir cada día sin llegar a agonizar totalmente.

La Habana llegó otra mañana de septiembre, cálida invitándote a bañarte en las cristalinas aguas de las Playas del Este, preñadas de ausencia de servicios a los que van allí a solazar sus pieles. No tienes CUC, no puedes descansar bajo un cocotero ni tomarte una fría cerveza. No eres extranjero no puedes aspirar a nada que no sea observar como quien sí puede disfruta de su tierra y su belleza. Hoteles de lujos contrastan con el derrumbe de la ciudad, autos de gran gama deslumbran los antiquísimos coche norteamericanos de los 30, 40, 50 y comienzo de los 60´s. Reliquias que vagabundean las destruidas calles llevando y trayendo lo que el transporte público no hace por su ausencia total. El aire acondicionado del Hotel Nacional y sus fastuosas suites, su monumental y lujoso lobby remembranzas de una Cuba que no supo cómo conducir su destino y cayó en manos del ostracismo. No estás en La Habana del Morro y la zona vieja de la Plaza de la Catedral, tampoco en La Bodeguita del Medio cuando al Nacional penetras tras el amable bottone que lleva tu equipaje y Señor y no Compañero escuchas al ser llamado amablemente. Pero tras las paredes limpias y cuidadas del hotel existe otra vida ajena, de casas destruidas, de falta de higiene y doble moralidad.

Esto es lo que palpamos al salir de la burbuja turística de hoteles y servicios construidos para los turistas que no ven quizás lo que tras todo eso está presente. Pero lo que no ha podido destruir sus dirigentes es la risa del cubano, su interés por conocer la evolución del mundo, tampoco sus ansias de libertad aún con sus alas atadas, la necesidad de hablar y conectarse con quien va a verles como fauna en extinción. Los colores que la ciudad proyecta cada día, su sabor a ron, tabaco y café; sus hermosas mujeres y la altivez de los hombres. Nadie podrá jamás desteñir esos colores que cada amanecer y anochecer se esparcen por el cielo, cubren las destruidas fachadas de sus edificios. Tampoco se disolverá la alegría que cada día muestran a la vida, dándole gracias por estar vivos y por qué no, también por ser mañana participe de esa historia que convulsionará el curso de la vida de esa hermosa y antillana isla caribeña.

Nuevamente el retumbar del avión esta vez alejándonos del pasado, elevándose a los cielos del hoy, de este presente ausente para todos aquellos cubanos que dejamos atrás, del familiar del amigo que le llevamos una carta, de la medicina que regalamos a quien le hizo falta o de aquellos bolígrafos que nos pidieron como los mendigos de otros lugares nos han pedido alguna vez unas monedas para comprar algo de comer. Fueron unas vacaciones a un gran y extenso parque temático que nos muestra como se vivió hace más de 50 años dejados de la mano de Dios que mirando hacia otra parte ha permitido el martirio de más de 11 millones de personas, de familias destrozadas y vidas perdidas al intentar alcanzar la libertad que mucho tenemos y no sabemos qué hacer con ella.

Una noche de Perseidas

No sé si a todos aquellos que escriben literatura, profesionales o no, leídos o aún por leer les ocurre lo mismo, decía la otra noche de verano a mis amigos, reunidos todos en el porche del jardín, intentando refrescar el alma, más que la sed con unos traguitos de ron DonQ, hielo frappe y limón. Era ya tarde y el cielo oscuro apenas dejaba ver el titilar de las estrellas, y eso que esa noche se verían las famosas corridas de las Perseidas, por lo que mi telescopio dispuesto en el solárium permaneció estático sin ver una sola de las luminiscencias que como cada año algunos logramos disfrutar. No obstante a ello, la noche la pasamos entre mojitos y margaritas, entre piñas coladas y la famosa “Mentirita”, o sea el Cuba Libre, porque de libre, esa isla no tiene nada, arrullados por el constante mar que besa la orilla de nuestra playa.

Hablábamos de esas novelas que en los personajes toman vida, que van indicando al escritor lo que deben decir y nosotros, en un arranque de dependencia, nos dejamos llevar. Cuando eso ocurre, nos internamos en caminos que desconocemos, sin saber lo que podremos topar en él. A veces nos despliegan fabulosas fantasías, otras nos introducen en un mundo de sicología que poniéndonos a pensar nos ponen ante hechos que por más que queramos hallarle la lógica no tendremos esa precisa respuesta analítica; científica, como dijo la esposa de uno de mis amigos, antes de terminar su mojito hecho agua ya.

La algarabía por ver el cruzar de una de las famosas estrellas nos sacó por un instante de nuestras elucubraciones, casi al instante otra más y otra… y todos subimos escaleras arriba hasta el solárium, donde la brisa del mar llegaba más directamente y la noche era un manto azul cobalto extendido sobre nuestras cabezas, empañado por el resplandor amarillo de las farolas del parque. ¡Pero que desgraciados de nosotros!, no apareció una estrella más, así que luego de varios minutos que me parecieron eternos bajamos a la comodidad de los asientos del porche.

Una nueva ronda, ahora de La Mentirita, nuevamente nos llevó al camino de los personajes y por arte de magia hablamos de mi novela Cuando a veces el tiempo no alcanza, donde la historia la cuenta el alma del personaje central, ese personaje que se vio obligado por una rotura de la lógica planificada por el propio Dios, a vivir tantas vidas como le fueron requeridas para hallar a su amor. Circunstancias quebrantadas que dieron al traste con una orden suprema ¿Y qué hacer? Se preguntaron en el cielo, y sin más, y acorde a las exigencias del personaje, una nueva re-estructura comenzó a planificarse.

¿Cómo lograste eso?, me preguntaron. No lo sé, fue todo lo que respondí. Ni idea tenía de lo que tendría que pasar el personaje, si realmente existe todo eso de la vida después de la muerte, si esto que vivimos no es más que una concatenación de hechos planificados para purificar “algo” que desconocemos o hemos olvidado. Pero me llevaron las circunstancias a recorrer esos linderos de la especulación, las creencias religiosas y la fantasía. Recreando toda una historia, que aunque casi increíble, realmente ¿pudiera ser?

Una vida y otra tuvo que vivir, hoy aquí en una isla del Caribe, luego en otra y luego en otra, siendo hoy un indio que descubrió a los conquistadores y luego un hijo de un hacendado que le dio la libertad a su esclavo particular, para concluir en un escritor que siente hechos que desconoce, pero que en todas esas vidas buscaba algo que no sabía qué era. Y las almas, y los guardianes, y los entes superiores luchan entre sí para lograr la armonía perdida siglos atrás, cuando se rompió lo establecido y las vibraciones recorrieron el tiempo y el dolor el espacio en aquel primer grito al perder a su amor.

Cuando mi ron puertorriqueño, DonQ, se acabó y mis amigos marcharon, decidí quedarme otro rato más sentado en mi cómoda butaca, luego de despedirme con un beso de mi media naranja, degustando el habano que mi tía cubana reprochó al saber que era cubano de Fidel, haciéndole recordar que perdieron su negocio de tabaco en Cuba al llegar el señor de las sombras largas a esa hermosa isla caribeña. Rencor que aún hoy, a más de 50 años de aquello, todavía lleva a flor de su piel marchita por sus 90 años… ¡Pero si yo no fumo!, mas qué importaba, era casi el amanecer y me apetecía hacerlo, quizás en memoria de mi padre que cada sábado, sentado ante el televisor, en mi inolvidable Viejo San Juan, veía atentamente el boxeo mientras tomaba sus traguitos de ron DonQ y fumaba sus puros traídos de Cuba sin que su rencorosa hermana lo supiera, o en alegoría a esas esperadas y escurridizas Perseidas que apenas se dejaron ver esa noche.

Mi Barrio

A veces parece tener vida, como si una gran franja de terreno vibrara al compás de la gente que le habita, disímiles, heterogénea, dispar… Cambiante. Sí, porque no somos siempre los mismos a excepción de unos pocos que permanecemos constantes a su amor, incondicionales.

Mi barrio, le decía a mis amigos, lo observo muchas veces desde el solárium de mi casa en horas de la noche cuando la brisa suave y fresca del verano invita a permanecer allí. Contemplo esa brillante cenefa de arena que le serpentea, bordada al mar, su eterno compañero; miro los tejados rojos encrespados de antenas satelitales, de chimeneas que jamás he visto funcionar. A veces, hasta desnudo, luego de tomar una refrescante ducha en el mismo solárium, protegido entre las sombras de la noche, para luego tirarme sobre la tumbona a contar las estrellas, recordando aquellos días de mi niñez cuando íbamos mi padre y yo a la orilla del mar a contar las olas del mar, deslumbrarme con el dibujo de una estrella al caer y ver desaparecer su fulgor entre la bruma del horizonte.

Mi barrio, a veces cálido, repleto de gente que camina mostrando sus cuerpos cubiertos por las finas tiras de tela que justo, tapan lo que llamaríamos impúdico, pero que todos desearíamos poder contemplar mientras el contonear de los pasos al alejarse muestra la figura grácil del objeto de nuestra atención. Manadas de críos alborotando el aire y los pajaritos piando entre las ramas de los árboles del parque que ahora, en este verano, reverdece de alegría más que de color. Autos ocupando nuestros cotidianos puestos de aparcamiento. Chiriguintos rebosados de espetos y calamaritos fritos… De calor saciado por las frías cervezas, y en la mar, los veleros surcando pausadamente, mostrando la plenitud de sus velas, hombres volando en sus cometas, surfin y buceo. Noches de cine al aire libre. Así es mi barrio, ese que contemplo algunas cálidas y oscuras noches desde mi solárium. A veces desnudo, otras con un simple y usado short, pero siempre, tirado sobre la tumbona recordando que ando lejos de mis primeros pasos.

Cuando el verano se marcha y la calma de septiembre regresa anunciando la próxima llegada del otoño, se va convirtiendo, de apoco, en un ir y venir de personas de la tercera edad; esos que luego de muchos años de cumplir con sus deberes han tomado el resto de su tiempo para intentar realizar aquellos sueños por los que han vivido siempre y sus caras deambulan por el paseo marítimo, apoderándose de sus años, de sus huesos viejos, pero llenos de deseos. Y el mar ya frío y rompiente sobre la arena, deja ver ese borde a plenitud, borradas las huellas de los bañistas, bolas de playas y los huecos que los niños día tras día fueron abriendo para edificar su castillo de arena. Cuando por fin el invierno ha dejado sin hojas los árboles del parque y en más de una ocasión me veo recogiéndolas de mi jardín, levanto la cabeza hacia el vacío solárium y con un guiño de ojos le digo que me espere, que el próximo verano allí estaré.

Mis amigos ven, únicamente, ese pedazo de tiempo de algarabía y trasnochadores muchachones alzando la voz en los bancos del parque. No ven la soledad del invierno, las pieles traslúcidas de esos turistas noruegos, suecos, finlandeses o alemanes que comienzan a invadirnos. Desbordados sus cuerpos de celulitis, de caderas anchas, de espaldas encorvadas por el tiempo y el cansancio. Rojos como gambas al fuego irrumpen en los supermercados haciendo sus compras de veraneo. Mis amigos tampoco ven la oscuridad que inunda el aire, el espacio abierto de mi barrio cuando el invierno nos hace quedarnos tranquilos en un rincón de la casa, tomando una calientita taza de té y un chorrito de orujo, preparando mentalmente las fiestas navideñas, esas que muchos detestan, pero todos acuden a su encuentro y mis amigos desaparecen entre su gente. Una noche fría nos reunimos en el Centro y charlamos, bajo el influjo de buenas copas de vino y el inseparable tapeo, pegaditos a esos calentadores externos que nos dan placidez.

Mi solitario y frío barrio pasa en calma la Noche Vieja, con la mayoría de las casas vacías y los parking susurrando bajito el aburrimiento. Lluvia perniciosa que arropa mi barrio y el bramar del mar llega tras los cerrados cristales, anunciando el gélido viento que externo golpea sin cesar. El jardín languidece y una y otra vez arropo sus plantas, alimento sus raíces para que en primavera su renacimiento invada los ojos de quienes retornan como cada verano a tostar sus blancas pieles. Una mañana el sol nos anuncia la primavera y las temperaturas de apoco retornan a la normalidad, paseándose entre la lluvia que ha deslumbrado al paisaje con ese verde que nos hace recordar que vivimos en un lugar privilegiado. Los camiones y equipos vuelven a reestructurar la playa, árboles y flores nuevas llegan con los primeros soplos de ese aire casi cálido durante el día, pero frío en la noche y alguna que otra vez subo al solárium, observando las macetas, remendando lo dañado por la ventisca del invierno y así, una y otra vez, mi barrio se mueve, cambia, respira, invitando a la charla con los amigos en el porche, con un vaso de buen vino y la barbacoa que en cada vivienda va esparciendo su olor de carne a la brasa y salchichas para los perritos calientes.

La risa de apoco llega y con ella el verano, comenzando una vez más la avalancha que por unos meses hace de mi barrio toda una atracción y yo, regreso al solárium, a veces desnudo en las noches de calor a refrescar mi cuerpo tirado sobre la tumbona que nos acompaña siempre mientras contemplamos el tránsito de la luna hasta ocultarse tras la montaña que una vez moría en el mar, pero que el barrio le tomó parte de su propiedad.

Turismo a Melilla

C

omo cualquier españolito de a pie en este verano tan caluroso que nos ha llegado, arrasando con las memorias de un invierno algo más allá del frío normal, y la crisis que estamos sobrellevando como todo un general, comenzamos a estudiar qué hacer este verano y a dónde ir.

Ya casi todo el norte español lo hemos visitado en nuestra Chrysler verde bosque del 2003, que aún, a sus años, es toda una campeona, sobre todo al soportar a los niños.

Con varias visitas a alguna que otra agencia de viajes, la búsqueda en internet de lugares, teniendo presente que los gastos se han reducido, encontramos fascinante visitar la Ciudad Autónoma de Melilla. Ese enclave español que desde el ya lejano 1497 es parte indestructible de nuestra españolidad. Ubicada en el norte de África, también conocida como la “Ciudad de las cuatro culturas” debido a la interrelación de cristianos, musulmanes, hebreos e hindúes; manteniendo sus distintas identidades culturales, que llena la ciudad de sorprendentes contrastes, enriqueciendo sus paisajes y calles. Con el encanto de las centenarias murallas de la Ciudad Vieja, el exuberante colorido de su modernista y art decó arquitectura, nos ofrecía esta hermosa ciudad un sinfín de matices para visitarla.

Tibias aguas, excursiones al Rif, el Cabo de Tres Forcas o el Kelaya donde se ubica el macizo del Gurugú, y por supuesto que la Mar Chica, es, indiscutiblemente un lugar ideal y no lejano para hacer turismo nacional, ayudando así a la reconstrucción económica de nuestra patria sin realizar gastos que pudieran pasarnos facturas en estos momentos de apretarse el cinturón.

Vimos un sinfín de posibilidades, fechas, y los medios de trasporte para llegar a ella. Saboreamos su jamón de jabugo mentalmente, los quesos, los pescaitos fritos, el té de yerbabuena, mientras la chica de la agencia hurgaba, buscaba y rebuscaba entre los espacios cibernéticos de su ordenador, sin mostrar expresión alguna que nos informara de la suerte de hallar lo que deseábamos. Y mientras la chica continuaba su búsqueda, mi imaginación continuaba volando entre sus calles, rozaba las tibias aguas que bañan sus costas, diciéndome para mis adentro, que Melilla es la única Ciudad Autónoma española que reúne todo el misterio de África y la historia de España; pequeña gran ciudad con nombre propio que abre sus ventanas con vista a dos continentes.

Me vi también caminado por esta ciudad que fue destruida y reedificada muchas veces debido a las invasiones de vándalos y árabes, o de las luchas intestinas de las tribus bereberes allá por los tiempos antes del tiempo y la historia de los disparos de cañón que puso los límites geopolíticos a esta ciudad de plazas y coquetos barrios. Cuando se disipó la magia de mi frenesí imaginativo al escuchar la suave voz de la chica al decirnos que ya tenía resultados.

Fecha de la búsqueda: Jueves 16 de julio del 2009. Hora: 5:23pm.

Vuelo a Melilla con salida el 17 de julio a las 13:05 y regreso el día 26 de julio a las 17:50. Tarifa más económica: 242.89 euros por persona no residente ni familia numerosa.

¿Cómo es posible eso? Le dije sin más a la chica que me miró estupefacta por mi reacción. Yo quiero ir a Melilla, España, que está algo más allá de los 180km al Sur de Málaga. Con su parsimonia giró la pantalla del ordenador y algo orgullosa por su trabajo nos mostró los resultados que Iberia nos anunciaba en la brillante pantalla, ¡Pero si ir a Madrid, pude comprobar que costaba 101.00 euros y a Milán que está en Italia tan sólo 220.00 euros!, dije para que entrara en razones de que tenía que haber un error. Pero ella inmutable, sin expresión buscó otra opción para intentar satisfacerme y nuevamente muestra sus resultados. En Rumbo.es y utilizando los mismos criterios que con Iberia he obtenido vuelos a un costo de: 219.89 euros el más económico hasta uno de 1149.21 euros. ¡Increíble! Fue mi contundente respuesta.

¿Puede usted buscar en barco, ahora? Sin mucho pensarlo dije, y luego de algunos minutos que utilicé para ojear un folleto de invitación a vacacionar donde textualmente me informaban:

Uno de los mayores atractivos de Melilla, y sin duda el que más invita a su descubrimiento, es el carácter de sus gentes. Aquí conviven diferentes comunidades manteniendo sus distintas identidades culturales, que llenan la ciudad de sorprendentes contrastes y enriquecen los paisajes y las calles de la ciudad. Mestizaje que se deja ver además en la gastronomía, que conquista paladares por la diversidad de sus sabores y el buen gusto de sus especialidades, fruto tanto de la cocina mediterránea como de la marroquí, hindú y hebrea.

Además de las rutas gastronómicas, Melilla es un lugar fantástico para las compras, porque los precios son bastante inferiores a los de la Península, al gozar la ciudad de ventajas fiscales que dejan a muchos productos libres de impuestos. En la zona comercial abundan las tiendas de musulmanes, hebreos e hindúes. En ellas se pueden adquirir desde joyas bereberes y productos de plata y oro, hasta ropa de marca, artesanía en cuero, tapices, cerámicas de la zona, complementos y zapatos. Es posible encontrar lugares que nos recordarán el alegre ambiente de los zocos africanos con las ventajas de una ciudad occidental.

Nuevamente la cálida voz de la chica me sustrajo de mi paseo imaginario al decir:

Con Acciona-Transmediterránea… Bueno, la única que da los viajes. Tiene usted que con el Alta velocidad un pasajero con coche pequeño y butaca club. No residente, ni familia numerosa, le cuesta 705.60 + 9.00 euros x emisión ida y vuelta. Pero si no desea un gasto elevado puede hacer el viaje en turismo, que le saldría también en Alta velocidad un pasajero con coche pequeño y butaca turística. No residente, ni familia numerosa a 563.30 + 9.00 euros x emisión.

Teníamos una tercera opción, ir en el ferry, que demora unas 8 horas a un costo por pasajero con coche pequeño y camarote doble. No residente, ni familia numerosa en 473.40 + 9.00 euros x emisión ida y vuelta, y ese mismo trayecto aún más económico, pero en butaca, sentado toda la noche escuchando los ronquidos y las conversaciones del resto de los pasajeros para No residente, ni familia numerosa en 405.60 + 9.00 euros x emisión. Algo que me hizo recordar ese spot que muy de moda está en la tele, hablando de los productos de marca… que si le quitamos esto o aquello o lo otro pudiéramos venderlo más barato. Ni que el pueblo fuera idiota y no supiera que desde que se fabrica algo a que llega a sus manos su coste se ha inflado desmesuradamente y si no véanlo en los costes recortes de los coches ahora ¿Por qué no antes? Tal vez no estuviéramos a tanta profundidad en la crisis.

Me preguntaba, de vuelta a la casa, si a esto le llaman propuesta turística para un consumo nacional, si las opciones que nos brindan a otros lugares en su mayoría son de precios que llegan hasta los irrisorios 35.00 euros para ir a Londres o 600.00 euros en un viaje de crucero por el Mediterráneo o que ir a Cuba con hotel y vuelo, 9 noches con desayuno incluido en un hotel de 4 estrellas ronda los mil euros por persona. Hablamos de nacionalidad, de amor a nuestro propio patrimonio, pero poniéndonos en bandeja de plata gastar nuestro dinero en parajes de otras naciones en vez de en nuestro propio patio. Echando por tierra el desarrollo turístico de muchas de nuestras hermosas ciudades, eliminando el deseo de ver y palpar lo nuestro.

Tampoco entiendo cómo se permite que una sola compañía explote la transportación de personas, obligándoles a aceptar sus condiciones, si desea visitar alguna de estas ciudades a veces sin ofrecer un servicio acorde a la imposición del gasto recurrido, olvidándose o tirando a un lado una de las bases de la economía libre, la oferta y la demanda ¡Habrá siempre demanda porque no hay más na! Haciendo volar o navegar a los turistas y residentes en naves que deberían ser sustituidas o remodeladas

¿Ninguno de nuestros políticos es capaz de poner freno a esto? ¿No somos capaces nosotros mismos de imponer la cordura, para eliminar los desmanes y la explotación en que nos sumergen si tomamos como opción vacacionar por nuestro propio país? ¿Para qué están el defensor del pueblo o Consumo? ¿Ellos no van a estos lugares… y si lo hacen, en qué van?

Las Telefónicas

C

uando entramos en el mundo de las comunicaciones jamás se pudo llegar a pensar que para solicitar un servicio en España tendrías que contactarte con personas que están a miles de kilómetros de tu casa, cruzando el océano Atlántico para caer vía alámbrica en uno de los países que utilizan las diferentes compañías, “supuestamente españolas”, para resolver el más mínimo de tus problemas.

Por llevar al mínimo los gasto prefieren que el cliente se diluya entre numeritos que marcar, escuchar la impersonal voz de una grabación que ni idea tiene de lo que requieres y que estima que marcando dígitos llegarás a tu destino, logrando que la exasperación, los nervios y la histeria cunda tu exaltado cerebro. ¿Por qué razón? ¿No somos nosotros, los clientes, quienes mantenemos viva esas compañías a las cuales les pagamos para que nos den un servicio? ¿Por qué no lo dan acorde a cada región o país? ¿Por qué nos vemos obligados a establecer una conversación con personas, que hablando nuestro idioma, no nos entendemos a cabalidad, debido al uso diferenciado de muchas de las palabras?

No estamos discriminando a nadie, todos sabemos que esta aberración de los recortes de gastos da trabajo a muchas personas del Tercer Mundo, explotándoles debido a un pago muy por debajo de lo que recibiría un empleado europeo o norteamericano.

Cuando llamas al 1485 de Movistar luego de infinidad de ruidos, de estática y lejanía, escuchas una voz que te choca a tu oído, una voz con un acento que no logras saber si es peruano, boliviano o Dios sabrá de que país de Sur América. Esto, luego de la impertinente voz inhumana de la grabación que solamente te dice: Si desea usted tal cosa marque el 1, si es esta otra, marque el 2… pero no hay ni una puñetera opción que te lleve a un ser humano. Sin importar de dónde sea, lo que quieres es escuchar una persona viva, real, morenita, bajita, alta o rubia, ¡Ya qué más da!

Al contactar con ese ser humano anhelado, se recibirá una perorata de información que realmente no te importa en lo absoluto, lo que quieres es expresar tu necesidad para hallar una solución factible, pero eso, Amigos míos, no importa, hasta que no terminan como autómatas su discurso no te escucharan, para luego, y ya en el clímax de la alucinación escuchar tranquilamente: Le trasferiré a otro departamento, usted debió llamar al 1486.

¡Un numerito, sólo un numerito te ha separado de tu solución!, y haya va otra vez la misma retórica, y como en el 90% de las veces Ni puta idea tienen de lo que deseas, no te entienden porque tus palabras para definir algo no la usan ellos, no saben qué coño quieres decirle y ahí comienza una de las más drásticas batallas lingüísticas.

Esto mismo ocurre con Vodafone, Orange o cualquier compañía de servicio telefónico, todas van a lo mismo… ¡Ahorrar!

A ninguna de ellas realmente le importa el cliente, a no ser cuando lo quieren atrapar, brindando villas y castillas, llegando a regalar el teléfono de última generación si así lo exige la situación con tal de no perder al cliente insatisfecho. Eso es todo, lo demás, el servicio cotidiano, la relación cliente-servicio-empresa no interesa.

¡Qué decir de esas llamadas intempestivas que se reciben de los famosos Nº Privados, que jamás hablan cuando desenganchas tu teléfono. Una y otra vez molestando, sin importar la hora y cuando pides una solución a tu compañía telefónica, se abren de pata y tranquilamente dicen: No tenemos forma de evitarlo, únicamente si usted restringe las entradas de llamadas, todas las llamadas. Entonces ¿para qué quiero el puñetero teléfono? ¿Para usarlo de vibrador? ¿No pueden o no les interesa dar ese servicio? ¿No pueden o hay que esperar a que esas llamadas terminen en una tragedia para que la policía intervenga y entonces sí hallar esa “sofisticada” solución?

Esto no deja de ser una forma de acoso al que se está expuesto sin que absolutamente nadie de solución. Pudiendo cualquiera atosigar a otra persona, llevándole a la desesperación sin que reciba un castigo; dejando también que impunemente los que se dedican a la propaganda molesten constantemente y sin límite. No hay gobierno que ponga fin a esto, que obligue a las compañías a establecer ese servicio, porque sí se pueden rastrear esas llamadas ocultas por los diferentes canales de prioridad que existen, donde cada uno tiene acceso al nivel más bajo ¿No lo buscaran si alguien comienza a molestar al presidente del país? Seguramente le rastrearan hasta el recorrido de sus heces, sabrán quién es, qué hace y cómo se mueve, pero el de a pie… ¡Ese ciudadano normalito! no tiene esa opción, tendrá que esperar desesperadamente a que suceda una desgracia algún día y se demuestre que fue debido a negligencias de servicios. Para ese entonces correrán a ponerles directivas a las compañías y las compañías a sacar de la manga del Mago Toti las soluciones que hoy no dan… ¡Y seguramente, a cobrarlo!

¿A caso existen los temores insignificantes?

Cuando nos lanzamos a la carrera de ser escritor, siempre deberá existir ese temor a que nuestras obras no sean aceptada por el público lector porque así jamás perderemos la sencillez que ha de ser siempre el baluarte de cada ser humano, ya sea escultor, pintor, carpintero o barrendero… no importa.

Cuando dejamos atrás esa sencillez y nos hundimos en los pantanos de la soberbia y la autosuficiencia, comenzamos dejar la humildad con que dimos nuestros primeros pasos y también a perder la estima de quienes en definitiva son quienes nos dan ese lugar añorado por muchos.

Como escritores, como médicos, como arquitectos el hecho de decepcionar a quienes servimos, quienes nos siguen cada obra que hacemos, cada trabajo que realizamos es y ha de ser siempre nuestra preocupación y no las simplezas de quienes talvez podrán hablar mal de lo que vamos a hacer.

Si le damos importancia a lo que puedan decir y no a lo que debemos estar centrados, no podremos expresar a boca llena: No vengo ahora a hablar de ese gran temor, sino de otros menores. ¡Qué hipocresía! O mejor aún… ¡Qué gran temor realmente sentimos!

Otra cosa que nunca deberíamos pensar, es que no existe enemigo fácil y que esos que podemos creer intelectuales de pacotilla o listillos de verbo fácil, pueden llegar a ser verdaderos enemigos potenciales. Todo está en lo que sean capaces de hacer y de eso hay muchos por ahí, brindando amistad y sólo están a la caza de la oportunidad para sus más viles beneficios a costilla de la sinceridad con que han sido tratados. Comenzar a clasificar a los demás siempre por debajo de lo que creemos somos, nos es más que una estupidez, porque al final lo que somos realmente unos orgullosos empedernidos que no podremos ver lo que nos acontece porque nuestro ego ha crecido tanto que creemos que nadie está a nuestra altura… y las caídas desde esas alturas son estrepitosas y duelen demasiado al final del camino.

Por qué preocuparnos por el qué dirán de algo que todavía sus posibles detractores han podido obtener y no así por los hechos que están dividiendo la nación. Preocuparnos de los hechos que de alguna manera están afectando la patria cuenta y sí deberíamos pensar que cualquier día, como van las cosas, al salir de nuestra Andalucía tendríamos que exponer nuestro pasaporte, porque nuestra abuelita quedaría del otro lado de la frontera y ya no podremos hacer nada, porque nuestra ceguera y dejadez no nos permitió ver el desmoronamiento.

A veces intentando demostrar que somos más de lo que realmente somos, lo único que conseguimos es demostrar nuestra simpleza, no esa de ciudadano normal, común y corriente, sino del otro ser que no tiene más luces que las del día y que por obtener un espacio bajo el sol dejamos que nos lleven de la mano otros que su lugar debería estar tras las rejas, pagando sus sinvergüenzadas.

Hay que tener mucho cuidado con lo que decimos, lo que pensamos, pero sobre todo con quien nos unimos, no vaya a ser que nos tilden con aquello de: Dime con quien andas y te diré quién eres… y de esto es muy difícil zafarnos.

Los San Martín

Derechos reservados del autor

Días a tras compré un diccionario de refranes y de citas, descubriendo en sus páginas un mundo de palabras que a veces nos ponen a meditar, observando que de refranes esta llena la vida y cada uno de ellos viene bien para los diferentes problemas que nos esperan al doblar de cualquier esquina… Leyendo con atención vi uno que fue el que más me agradó: Arrieritos somos y en el monte andamos… o como suelen decir por tierras de la Z y la Ñ… ¡y en el camino andamos!
Se dice con claridad y casi rotunda afirmación, que: Árbol que nace torcido jamás su tronco endereza, indicándonos que muchos por más que intenten llegar a ser gente honrada, apañándose tras títulos o cargos en esta o aquella organización de alcurnia, las pezuñas sacarán en algún instante de la vida, por aquello de: Perro huevero, aunque le quemen el hocico… seguirán siendo lo que realmente son ¡Nada!
Si es verdad que: La suerte baraja las cartas y nosotros jugamos, descubriremos a lo largo de ese mismo juego a amigos y algún que otro oponente, por no llamarle enemigo; palabra a extremos fuerte, si somos personas de bien, comunes y corrientes, que no andamos con segundas ni engaños, si no vamos por la vida matando, extorsionando o birlando a cuanto se nos pone delante, hartándonos con que: la suerte de los feos los lindos la desean, olvidando aquello de: La buena suerte libra a muchos del castigo, pero a nadie del miedo. Algo que nos llevará a andar a escondidas y con guardaespaldas, temiendo un ataque en cualquier instante de la vida pues tendremos más enemigos que bichos en el jardín.
Por eso mismo de la suerte y las barajas, a veces nos tendremos que poner de un bando de la liturgia, ya sea nuestra o de algún llamado amigo. Así que antes de dar el brinquito de la línea de la neutralidad o pensar que al que buen palo se arrima buena sombra lo cobija, debemos sopesar cada parte, ver concienzudamente quien tiene la razón… quien no -olvidándonos, si fuera posible, de la parte emocional que nos acerque a una de ellas-, evaluar cuánto ganaremos o perderemos si tomamos ciertas decisiones, si ambas partes no son lo que verdaderamente llamamos amigo, o poseedores de nuestros secretos, ya que recordaremos en esos mismos instantes que los secretos compartidos a la postre pasan factura ¡más si son de la cama! Así que, muy seguramente nos alinearemos al que más nos convenga… tenga o no la razón, porque pensaremos en nosotros mismos y cuánto nos podrán dañar si nuestros pañitos sucios salen al descampado. Tampoco es cuestión de quedarnos con los brazos cruzados, tranquilamente apapuchados en el calorcito de nuestra casa hasta que el dilema termine, y luego expresar frescamente: Para exigir nuestros derechos no debemos presionar a terceros ¡Vaya frasecita! Cuando en verdad estamos colocándonos de un bando… El nuestro, dejando a un lado que quizás mañana nos puede ocurrir a nosotros, ya que esta vida es una rueda, hoy estamos arriba, pero mañana seguramente abajo… y, entonces ¿quién vendrá a ayudarnos? Porque no hay nada mejor que un día tras del otro. Tampoco es caso de andar de Robin Hood lanzando ballestazos a cuantos asomen la cabeza por el bosque de Sherwood.
Me asombra grandemente la infinidad de refranes y citas que pude descubrir en un libro así, lo bien que encajan en cada aspecto de nuestro vivir, junto a la hipocresía de las relaciones, sobre todo en la de amistad, o de trabajo. Si decimos: ¡Eres mi amigo sobre todas las cosas! Siempre y cuando esas cosas, sean lo que yo digo o yo hago. Siempre y cuando esas cosas no me afecten de alguna manera, ya sea por el compromiso de los secretos compartidos o porque la derrota de una de las partes en conflicto nos dará oportunidades para nuestro lucro. Así somos, y así vamos caminando, regando flores o espinas, o ambas cosas a la vez, por aquello de verdades y mentiras a medias.
Hallé otro que nos dice: La mona, aunque se vista de seda… mona se queda y medité en su contenido, en su mensaje más sencillo, y es totalmente cierto. No podremos engañar por siempre a los que nos han conocido -y no hablo de amigos- sin que muchas puertas nos cierren y cuando una puerta se cierra, quitemos los dedos del marco, porque nos golpeará tan bruscamente que el sabor de las lágrimas probaremos.
No comprendemos que Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago no nos dará los resultados deseados, ya que la tortilla se nos puede virar en cualquier momento y tendremos que tragarnos nuestro propio vómito, sin que tengamos el derecho a pedir que nos apoyen o nos den el rebuscado voto de confianza ¿Por qué pedimos ayuda cuando estamos ante un dilema que nos puede afectar grandemente? ¿Por qué nos mantenemos callados cuando el dilema es de alguien que realmente no apreciamos, pero le brindamos la mejor de las sonrisas y un beso frío y distante en cada parte de la cara? Nadie lo sabe, pero si estamos enfrascado en un problema y aquellos que una vez dijeron ser nuestros amigos se mantienen al margen, los acusamos de traidores y nos frustramos por su comportamiento, pero a veces olvidamos que también nos callamos cuando eran ellos los que estuvieron necesitados del apoyo. Pidiendo públicamente ahora que nos ayuden, porque sólo brincamos cuando nos pisan el cayo, afirmando esa otra cita muy bien expresada: Todo placer esperado, es mayor que el obtenido… porque la fortuna vende caro lo que parece regalar.

La escuela al campo

Decir ahora, al cabo de casi 50 años, como algo sorprendente, que niños en Cuba van a trabajar al campo por un periodo de 45 días, es pensar, o mejor aún, preguntarle ¿hacia dónde ha mirado todos estos años el articulista que envió a Miami un escrito titulado: Enviarán niños como fuerza de trabajo agrícola? ¿A caso nació usted ayer?
Si han ido casi 200 niños 15 días al campo… no es para alarmarse, cuando han pasado por los campos cultivados de patatas, boniato, calabazas, frijoles, caña y tabaco todos los niños cubanos que hoy tienen 50, los que cumplieron los 40, los que tienen 30 y así todos los que nacieron en Cuba a partir de 1958 ¿Cuántos son?… ¡Toda Cuba! Todos los balseros que se han lanzado a cruzar el Estrecho, los que han salido con visa, los que han desertado en cuanto país han pisado.
Talvez el señor Benito Key -autor del artículo- ha entrado a Cuba muy recientemente o era ciego y el rimbombante sistema de salud cubana, luego de unos cuantos meses de espera, le ha concedido el privilegio de operarlo, recuperando así la vista. Tropezando ahora con una verdad que viene sucediendo hace ya más de 47 años.
Desde que el Señor de las Moscas dijo que era una revolución del pueblo y para el pueblo, comenzaron a partir los estudiantes cubanos al campo. No importaba que fueran críos de 12 o 14 años, que no estuvieran acostumbrados a vivir lejos de sus padres, que jamás cogieron en sus manos un pico o una azada, menos que supieran cómo meter una semilla en un hueco y apisonarlo luego con las botas cañeras que Silvio Rodríguez puso de moda cuando comenzó a rasgar su guitarra. Debían ir, porque era de buen revolucionario darlo todo por la robolución… perdón, quise decir revolución, aunque al final las pérdidas superaran con creces lo que pudieron hacer agrícolamente. No escatimaron desde el mismo comienzo en gastos que nunca serían resarcidos al construir albergues que no cumplían con la más mínima condición, tratando a esos chicos… futuros revolucionarios, seguidores del ejemplo del Che, como presos o esclavos a trabajo forzado, y si desertaban, sabían que sus expedientes estarían marcados de por vida, que la carrera deseada podría esfumarse por no haber cumplido su tiempo en la llamada Escuela al Campo o que algún que otro pingüe beneficio no logre conquistarlo.
Si se va a hablar de algo importante, mejor sería hablar de lo pésimo de la educación cubana, de todas las traquimañas realizadas a la historia, no sólo cubana, sino de la humanidad, exponiendo lo que se ha eliminado porque no es del interés, hasta su propia historia la revolución ha desvirtuado. Deberían hurgar en las fotos que sacó aquella parcializada revista Bohemia antes del triunfo robolucionario y compararlas con las que después hizo la dirigencia publicar, verán que personajes que conformaron esa historia fueron eliminados de ellas, como si no hubieran existido. Deberían exponer en esa historia reciente todos los alzados que lucharon por una Cuba diferente, pero no la comunista que Castro implantó al hacerse del poder. Deberían también preguntar ¿por qué jamás la revolución ha indagado o publicado sobre el verdadero ejecutor del Jefe del Movimiento 26 de Julio que cayó en una trampa tendida cuando “casualmente” iba a reunirse con Fidel Castro?… ¿Por qué no hablan de cómo el Señor de las Moscas salió echando chispas del escenario al ataque al cuartel Moncada y fue a refugiarse a una iglesia? Y esto es solamente hablando de una pequeña parte de la historia reciente cubana. Si nos vamos fuera, la desaparecida Unión Soviéticas paradigma del oscurantismo, con sus invasiones a Hungría y Checoslovaquia que jamás ni se anunciaron en las clases de historia implantadas en las Secundarias o en los Pre-universitarios cubanos… ¡eso no ha existido jamás! Los millones de muertos que Stalin hizo lloran a la Gran Patria Soviética, superando con creces a los propios nazis, o por qué no se habla la verdad de la muerte del Zar bajo el despotismo comunista, que no vaciló en asesinar fríamente la familia real.
Da vergüenza que un gobierno borre pasajes completos de la historia con tal de hacer ver que ellos son los únicos buenos en la historia, pena da que se burle del pueblo haciéndolo marchar forzosamente ante las Oficinas de Intereses de los Estados Unidos porque un avión de reconocimiento norteamericano sobrevuele territorio cubano, autorizado desde la misma firma de la Crisis de los Misiles, sólo porque intente entretener al pueblo desvirtuándolo de la coyuntura interna, agarrándose al clavo ardiendo sacado bajo la manga.
Se debería hablar del sistema educativo en sí, orientado al adiestramiento comunista y no al libre pensar y al conocimiento histórico real, obligando al niño a ser un pionero revolucionario primero, un joven comunista después. Hablar de la ausencia de materiales educativos, de la falta de profesores, de la total ausencia de higiene en sus servicios sanitarios, de los comedores escolares que no brindan una alimentación adecuada, menos balanceada, entre otras, porque los empleados del comedor se lo llevan para sus casas porque allí tampoco tienen con qué cocinar o simplemente especulan, algo que desde mucho tiempo atrás es la forma de vida del pueblo cubano. Los pupitres escolares no se reponen jamás, los pizarrones desteñidos y agujereados, lápices, gomas de borrar y cuartillas de pésima calidad, fabricados en aquella industria ya en desuso por aquel tiempo que el Che puso en Batabanó, municipio al sur de La Habana.
No hay libros, no hay materiales educativos, los niños superan la capacidad del salón, los profesores tienen la orden de no suspender ningún niño porque en la cantidad de aprobados va su aumento salarial.
La escuela al campo, de todos los males… es el menor, si tenemos en cuenta que el pueblo vive un desgobierno que no quiere, que les hace vivir sin esperanzas, que ultraja a cuanto se les pone por medio o decide hacerles frente, desapareciendo presos, obligando a los cubanos a lanzarse a la mar a expensas de sus vidas, separando familias, llevando a la nueva generación de cubanos a la frustración y la desesperación, concluyendo algunos en la prostitución como único camino de escape, siendo esto ya una consecuencia social y no un minúsculo hecho aislado.

Nuevas cruzadas

Se ha lanzado una cruzada fuerte contra quienes fuman, tal pareciera que de un plumazo desearían desaparecer ese hábito introducido en el mundo civilizado por los indios del Caribe, cuando se tropezó con lo que hoy es llamada América. Buscan que las industria del tabaco desaparezca porque lleva al humano a atentar contra su propia vida, tanto la de él como las de quienes están en su cercanía.
El alquitrán, complemento en la elaboración de los cigarrillos, y todos los químicos que intervienen en la producción, llevan a producir cáncer, enfermedad que el hombre ha decidido eliminar y contra la que combate cada día. Por ello nos han dividido en dos: Fumadores Activos o los Pasivos. Siendo la segunda peor, porque absorbemos los restos de una combustión química que produce solamente elementos dañinos.
Últimamente toda la prensa y hasta gobiernos se han volcado contra los fumadores, y por consiguiente está prohibido fumar -por ley- en lugares públicos como privados; o sea, que a partir del pasado enero los fumadores han sido cohibidos de deleitarse luego de una apetecible comida y una buena tacita de café, de llevarse el cigarrillo a la boca, prenderlo y dejar escapar esa primera bocanada de humo que extasía a todos.
Hace daño, te hace toser estrepitosamente, produce mayor cantidad de fluido catarral o termina por invadirte el cáncer por todos los pulmones, pero siguen fumando, por costumbre, porque lo heredaron de sus padres, porque los amigos le enseñaron, por mil y tres posibilidades… ¡Porque les da la gana! Pero para eso existe un grupo de personas que le quieren cuidar, que están en contra del hábito de fumar y con ayuda de fuertes e influyentes personas han lanzado la cruzada anti-tabaco.
Desde hace mucho tiempo, la mayoría de los gobiernos -entre ellos se unió recientemente el de Puerto Rico- dicen estar enfrascado en eliminar todo aquello que produzca contaminación, luchar contra la polución, contra el smog y por su puesto contra el humo del cigarrillo.
Ahora bien, un propietario de establecimiento puede elegir que tipo de clientes desea: Fumadores o no fumadores… pregunto: ¿Mañana no podrán hacerlos otros establecimientos? Sólo negros aceptamos, o Si no habla inglés no entre ¿No será esto discriminatorio? Y lo del tabaco ¿qué? Por el simple hecho de que es contra la salud ¿No es también una forma de discriminar? ¿Y por qué se sientan los no fumadores en las áreas para los fumadores?… ¿No están ocupando un lugar que ya no les pertenece? No fue su lucha contra los que fuman… por qué ahora ir a sentarse entre la contaminación
¿Quién contamina más, quién hace más daño a nivel general? Un fumador o la industria automovilística? ¿Quién destruye más el medio, los fumadores o las dirty-industries
Lo interesante en esto está que no se han lanzado de la misma forma, fuerza y contundencia contra quienes beben, se drogan o juegan indiscriminadamente. Se ha prohibido hablar por el cellular cuando se va guiando un coche en la vía pública porque distrae. Hablar y guiar a la vez puede provocar un accidente donde desgraciadamente podría hasta haber heridos o muertes, y la vida de cualquier ser humano es irremplazable y única, dando lo mismo que perezca por un accidente, como por el humo del cigarrillo. También que se perezca por el cansancio y la desesperación de quien ve como su familiar va deshaciendo su vida bajo los efectos de la droga o ante una mesa de juego, y en un arranque de violencia y frustración contenida degenere todo en una contienda que termine con la vida de cualquiera de los dos… o de los dos.
Se dice que el tabaco mata, que produce cáncer, afecciones pulmonares y demás, y por tanto hay que eliminarlo, lo dicen los que nos quieren cuidar… aunque nadie se lo ha pedido. Pero ¿es verdad que todo el que fuma muere de cáncer o todo aquel que absorbe el humo lanzado por el otro morirá de cáncer? Es cierto que hay un gran porcentaje de que ocurra y hasta está probado, pero es eso solamente una posibilidad, alta o no, pero sólo eso, una posibilidad. Ahora bien, cuando se toma indiscriminadamente y luego se suben a un auto y se marchan sin saber realmente a dónde van ¿No es esto aún más peligroso? ¿No se está poniendo en peligro inmediato y no a largo plazo otras vidas?
Son muchos los accidentes de transito y altísimas la tasa de muertes por esto, mucho más que las muertes de cáncer por fumar, pero no se ha lanzado una cruzada con semejante envergadura contra los bebedores ¡Qué decir de la droga! Tampoco hay una campaña tan cruda y directa contra quienes la consumen… a esos los despreciamos. Quizás porque no haya el dinero suficiente para ello, lo que normalmente dicen los políticos cuando toman las riendas de una nación cualquiera.
El juego es otra de las razones que destruye familias, se mata o se matan por las pérdidas en que suelen caer quienes sin poder evitarlo juegan lo que no tienen… ¡Hasta se anuncia ahora por la tele los juegos por Internet! y ¿Quién desaprueba eso? ¿Quién está en las altas esferas luchando contra todo esto? Se juega al poker y a cuanto existe, se apuesta a las carreras de caballo, al boxing, pero esto no importa, porque no produce cáncer. Aunque un niño pueda ver el anuncio e intentar entrar, ¡Total, con marcar que es mayor de edad ya tiene suficiente! y lo que pueda producir todo esto se lo achacaran a sus padres por no supervisarlo. Así de sencillo es. Tampoco importa mucho, siempre que tenga para pagar, todo está resuelto… ¿Y las personas que deja de atender, los niños que han perdido la oportunidad de ir a una mejor escuela?
Talvez lanzar una cruzada de la índole que han lanzado contra los fumadores, traerá otras nuevas razones para continuar fumando y hasta se dispare el precio de los cigarrillos y el puro, como la droga que cada día se ha de pagar más cara, que se mezcla cada vez con más basura, afectando a quien la consume. Puede que surjan los restaurantes exclusivos para fumadores, los clubes de fumadores que una vez existieron, donde se iba a charlar, leer el periódico y fumar ¿Y qué pasará con los empleados que lo atiendan? ¿Podrán denunciar a sus jefes porque se fuma en su área de trabajo?… como lo podrá hacer una trabajadora de la limpieza si la dueña de la casa fumara.
Y si en medio de todo esto un propietario de una empresa cualquiera no acepte semejante prohibición porque va en contra de los derechos como ciudadano, de la libertad individual ¿qué pasará? Se lanzarán con bombas de agua, militares especiales o la policía anti-motín hasta destrozar la empresa privada y detener al violador de la ley anti-tabaco.

No nos damos cuenta, pero cada día las prohibiciones se acumulan… Prohibido fotografiar aquí, compre la foto recuerdo. Prohibido caminar por este lado. Prohibido entrar con comida o bebida. Prohibido probarse más de tres artículos… Prohibido, esto o aquello.
Se debe luchar contra el hábito de fumar, intentar por los medios no impositivos que cada vez se produzca menos cigarrillos a la vez que esas empresas productoras vayan buscando soluciones que no afecten a sus trabajadores, porque de seguir como vamos, prontamente ingresarán a las filas de desempleados miles de personas que mantienen sus familias mediante esos empleos. Luego saldrán a la calle a gritar otros, porque han lanzado al despido indiscriminado a personas que dependen de esos trabajos. Así somos, protestamos por todo y así seguiremos siendo por los siglos de los siglos… Amén.

Jineterismo, una nueva versión de la prostitución.

Partiendo de aquel día en que en una caverna nos percatamos que éramos diferentes, quizás surgió el uso común de una hembra. Arrastre mantenido de nuestra parte animal o la forma más difundida para mantener la especie.
Seguramente en aquellos primeros tiempos la palabra prostituta no existiría, pues aún no se había inventado el léxico o porque en realidad no se viera esta actividad como un pecado… menos el original, como han querido nombrarle, cuando en verdad el original pecado ha sido la desobediencia.
El tiempo pasó, alejándonos de aquellos días de cavernas e instrumentos rústicos que halláramos para hacer lo que requeríamos, y como la necesidad pura de procrear fue quedando atrás, pero no así el deseo del sexo, surgió el primer empleo del hombre… ¿o de la mujer? Y para obtener dicho placer surgió el intercambio, pagando por lo que requeríamos, así se inventó la prostitución.
Siempre hemos estado rodeados por esa actividad carnal, asechados en las más oscuras esquinas por las mariposas de la noche, ofertándonos sus carnes para que satisficiéramos nuestros deseos, usándolas todos, desde el más humilde al más potentado, pagando más o menos, acorde a la necesidad o a la mercancía. Hemos hecho uso de la mujer como mercancía, acariciando sus carnes desnudas, vaciando nuestro deseo en sus cuerpos, pero luego hemos alzado la voz arremetiendo contra esa “delictiva” actividad; por lo que la Verde Revolución Cubana tampoco tenía por qué hacerse de la vista larga en sus comienzos como directiva absoluta del país y de un plumazo bien estructurado eliminó aquella actividad que daba fama a algunas zonas de esa Habana de todos los tiempos y los barrios como Colón, de la noche a la mañana comenzaron a ser una parte común y corriente, perdiéndose de a poco el sinuoso caminar de las chicas ligeritas de cascos. Cosa que trajo la integración de esa parte de la sociedad cubana a una amplia actividad, ya que estas putas comenzaron a ser trabajadoras agrícolas, textiles y demás, y los burdeles dejaron de funcionar, llevando a sus dueños a la ruina o al exilio, como hicieron la mayoría de los dueños de algo: “Me largo, que aquí no tengo naŽmás que hacer”.
Con el tiempo, ese mismo tiempo que todo lo va llevando a su justo lugar, fueron creciendo muchos sin tener ante los ojos esa actividad que hubiera evitado un sin fin de cosas, como los matrimonios entre chicos muy jóvenes, el aumento de las violaciones y el creer que comenzar a vivir con alguien no tiene más responsabilidad que desnudarse y hacer el amor… o el sexo. Por otra parte, junto a ese tiempo, la vida cubana se hizo cada vez más insoportable, desapareciendo los bienes de consumo que la Cuba Republicana dejó en sus grandes almacenes o en fábricas que aún mantenían reservas para producirlos y esto a su vez trajo el antiguo modo comercial: el trueque, lo que acá surgió de una manera muy diferente… pero esto ha de ser otro tema.
Un día, alguna avispada cubanita, vio el filón de conseguir lo que no hallaba en sus desvencijadas tiendas, y a través de los insipientes turistas que iban llegando, aquellos rusos de pieles como hules traslúcidos o aquellas rusas que jamás habían visto o conocían una maquinilla de afeitar, menos un jabón para bañarse, y haciendo gala de una exuberante mezcla y arrolladora sangre caribeña, llevaron a esos turistas al clímax, pagando por su desenvolvimiento con los artículos que no existían o que lograr comprarlos era toda una odisea, por aquello de: “Te toca, pero no hay”, o “Hay, pero no te toca”. Luego, al abrirse al turismo internacional arribaron mil y tres tipos de turistas, desde el normalito que va a gastar sus ahorros al opulento dueño y jefe de negocio, y aquí nuevamente la avispada mente caribeña sacó su filón y alguien lo llevó a escala industrial nombrado, según la jerga pueblerina Jineterismo, ya que según cuenta la historia fue idea de unos mexicanos que comparando dicha actividad con la de los jinetes que tienen que buscárselas muy duro a diario para conseguir el pan en su explosivo y picante México. Mientras que la cubana versión lo hacen con el sudor de su… ¡ya saben! Logrando llevarse unos dólares a sus bolsillos y con ellos obtener los artículos industriales que el gobierno cubano no oferta al pueblo.
Al comienzo eran unas pocas mariposas revoloteando ante las luces de las entradas de los hoteles habaneros, presentadas directamente al turista interesado mediante un amigo común. Actividad que sólo aquellos que vivían muy cerca de estas exclusivas zonas lograban conocer, pero ahora es una actividad lucrativa que abarca todo el país y hasta el propio gobierno castrita lo utiliza como medio para atraer turismo, calificado como Turismo Sexual, que va de una punta a la otra del planeta y no como una forma de trabajo exclusivo del caimán dormido.
¿Pero qué son en definitiva estas personas dedicadas a tal menester?
Esto es un tema muy delicado, pues las hay que ofertan su cuerpo por el mero hecho de tener una satisfacción a aquellas otras que lo realizan como medio de sobrevivir hasta que el destino cambie y puedan vivir una vida “normal”. Como dice un refrán cubano: “La necesidad hace parir hijos mulatos”. En Cuba hay todo tipo de engendro en esto, el proxeneta, el chulo, la putita que no quiere aparentarlo, la que lo va gritando a toda voz, la culta, la analfabeta. La que no tiene ni dos dedos de frente y cree que ha logrado lo máximo en la vida, a la que va buscando la forma de salir echando de Cuba. Un enjambre de personalidades e ideas que forman una actividad económica muy lucrativa, determinando hasta en planes económicos de algunos hoteles cubanos.
El jineterismo es algo muy viejo, tan viejo que va más allá de la Cuba castrista, sino, recordemos o pongamos sobre el tapete la propia emigración femenina española. La constante emigración española hacia Cuba, después de instaurado el período republicano -1902, según Julio César González Pagés-, tiene cifras muy significativas en el período que enmarca la Primera Guerra Mundial. A diferencia de anteriores, donde la emigración fue preponderantemente masculina, en esta etapa de beligerancia las mujeres salen a buscar su “sueño americano”. Los gallegos -y aquí no hablo genéricamente- representaron uno de los grupos españoles que tuvieron el mayor número de emigradas. Tomando sólo como ejemplo los meses de marzo, abril y mayo de 1915, se embarcaron por los puertos de Coruña y Vigo un total de 601. Los traficantes para que esto ocurriera fueron un elemento importante en el fomento y promoción de la misma, enriqueciéndose con la venta de pasajes, las gestiones de hospedaje y la búsqueda de empleos.
La utilización de las mujeres en los negocios más turbios hizo, de esta emigración, una de la más estigmatizada por la población cubana. Desde la llegada al puerto, los proxenetas y las meretrices buscaban como carne fresca a estas mujeres campesinas, en muchos casos analfabetas, para el negocio de la prostitución. La mayoría explotadas por los propios paisanos, los eternos primos protectores, o el novio que nunca falta, y que generalmente las seduce y abandona luego, y así, de peldaño en peldaño va rodando a la abyecta esclavitud de dónde no vuelve a salir.
Quizás uno de los pocos casos de mujer gallega dedicada a la prostitución que gozó de notoriedad y fama en los inicios de las década del diez fue el de Maria Constancia, conocida bajo el alias de “Macorina”, y a quien la música cubana le dedicó aquel son que advertía en uno de sus estribillos: “ponme la mano aquí Macorina”, cantada durante mucho tiempo por las orquestas del país.
Ahora, a muchos años de aquellos lujuriosos tiempos, cuando el cubano de adentro apenas si conoce de esas actividades debido al enclaustro de su propia historia, surge como algo nuevo, diferente y que dejando un gran asombro en la cara, va tomando su espacio en la vida de la sociedad socialista cubana, que no deja de ser nada más que prostitución. O sea, el intercambio de caricias mediante un acuerdo previo de pago. Y como aquellas españolitas sacadas de sus empobrecidas aldeas, éstas caminan del brazo de nuevos extorsionistas, que pueden ser sus propios familiares debido a sus “contactos”, la propia dirigencia gubernamental que les utiliza para lograr sus fines. Un mercado amplio de posibilidades y gustos, desde la linda jovencita de apenas 15 años a la cuarentona de modulante cuerpo, desde el gigoló apuesto y fornido al homosexual que cobra por las actividades solicitadas, y claro está, la edad fluctúa acorde a la exigencia de quien paga. Pero lo risible -si fuera así la situación- es que cuando les conviene a quienes dirigen la moral cubana, al atraparlas no son acusadas por prostitutas, sino de “asedio al turista”… ¡después no digan que son brillantemente recurrentes!
Este nuevo engendro, no solamente producto del sociolismo cubano, está siendo aprovechado por todos, hasta por quienes lo practican. Las chicas que inventan su historia novelada para conseguir la lástima del “ingenuo” Pepe -extranjero-, el gobierno cubano para aumentar las ganancias hoteleras, el extranjero que buscando el turismo sexual, se mete todo un año o tal vez más reuniendo sus divisas para gastarlas en las noches cubanas de exuberante placer y deleite carnal, ante una formidable morena de abundante culo y pechos que le asfixian, hasta la propia comunidad cubana en el exilio les explotan también ¿Cómo?
Haciéndole el juego a estas samaritanas del amor, haciendo de su actividad todo un acontecimiento político-social para atacar al socialismo cubano cuando alguna de ellas arriba a la Meca de todo cubano. “Las pobres chicas que no han tenido otra opción que prostituirse”.
Cierto, la vida allí dentro “no es fácil”, ni mucho menos agradable para las mentes de algunos jóvenes repletos de ilusiones que se prostituyen por entrar unas cuantas horas a una discoteca a bailar, lograr comprarse un jean, ir con el turista de turno a realizar la compra a uno de las imitaciones de mercados o ir de paseo por las zonas exclusivamente para turistas. Esto es una verdad muy grande, aplastante, que ha terminado por corromper esa juventud que no es más que el fruto de la propia revolución, ese ejemplo de: “Seremos como el Che” que al final o el asma les destrozó o se han perdido intentando hallar el rimbombante camino correcto.
Se sacan grandes titulares cuando alguna de estas chicas declara a la prensa, libre y sin ningún tapujo, lo que estuvieron haciendo desde que descubrieron que dejaban de ser niñas, siempre orientado a exponer el lado sensible, resaltando que llegó allí porque no tenía otra opción aunque fuera -según ella- una gradauda de algo. Les llevan a programas televisivos importantes, ocultándoles su rostro para que nadie les reconozca luego al entrar a SedanoŽs Supermarket o Publix, o tal vez sea la balserita que nos da la hamburguesa en el McDonalds de la esquina… o, sea la que desnuda su cuerpo junto al volador metálico de un Pub a las afueras del centro de Miami. Entonces, la despreciaremos como lo que es, una puta más de las que hay todos los días buscándose la vida para sobrevivir, pagar el aprendizaje de sus hijos o sus propios estudios universitarios, pero esto no es Cuba, es USA, España o cualquier otro lugar y ellas son simplemente rameras que venden su cuerpo.
Al parecer algo hemos olvidado en medio de todo este jaleo político, en Cuba no todas las mujeres son jineteras, pero sí, todas viven el mismo clavario, y nos deberíamos preguntar: ¿Mañana, cuando la sociedad cubana pueda ser libre… qué diremos y qué haremos con esas chicas?

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