Y por eso los alemanes de Volkswagen han venido a Ibiza para celebrar su congreso mundial. Y les puedo asegurar que se nota. Mucho. Lo que parecía hace unos días una isla muerta ha recobrado de nuevo el vigor. Se nota por la cantidad de bellezas que llegan al aeropuerto, solas, ya les digo yo. Es curiosa la cantidad de dinero que mueven estos eventos y todo lo que trae acompañado. Aunque este tipo de convenciones son un tanto raras. Veinticuatro días y quinientos asistentes diarios. Eso se nota en la economía local. Todo ha empezado un doce de octubre. Yo no suele creer mucho en este tipo de eventos ni en la imagen que pueden llegar a dar. O no creía mejor dicho.
Pero lo cierto es que a los quinientos invitados hay que añadir acompañantes y compañías, que no son lo mismo. Y se dejarán su dinero comiendo, cenando. Visitarán una isla que ahora mismo es un paraíso único. Para eso tendrán que alquilar un coche. Por la noche toca dormir, así que un alojamiento que no falte. También será de calidad, por supuesto, porque no te vienes a un congreso a alojarte en un hostalito.
Es un gasto momentáneo, que no paliará la débil economía ibicenca. Pero es un marco incomparable para crear una publicidad de alto nivel, la que realmente se necesita. El mercado alemán puede ser cualquier cosa pero cutre no. Muchos de los que lleguen procedentes de Alemania no se alojarán ni siquiera en un hotel. Se irán a las grandes casas que los alemanes tienen repartidas a lo largo y ancho de la isla. Algunas son espectaculares, ya se lo digo yo. Cuando terminan su vida laboral, la tercera edad, un turismo que no provoca ruidos ni problemas, se viene a vivir con su pensión a esta pequeña isla. Es la otra forma de utilizar la imagen de una Ibiza cada día más degradada.

