Hay algunas noticias que no tienen desperdicio. Hoy leo, por ejemplo, que varias decenas, entre 21 y 99 de coches recorrieron ayer Almería en protesta por la que ellos denominan “ley del enchufismo”. Ésto es muy típico de la España profunda. Primero, si quieres hacer una protesta, hazla a pie, no en coche, porque suena a vaguería en su máximo exponente. Y si encima eres funcionario, te van a tachar de todo. Ya sólo faltó hacerla en horario laboral para que la jugada fuese completa. Segundo, esto es mi pueblo se llama quedarse con los garbanzos. Ahora que estoy yo dentro, que no entre ni el apuntador, a ver si me van a echar a mí. Yo soy más del cumplimiento de objetivos que del puesto fijo. Hay unos objetivos que cumplir, si los cumples te quedas y si no te vas. No todos los funcionarios son iguales, ni todos se van a desayunar y vuelven a la hora de fichar, ojo. Pero en un colectivo tan amplio, conozco en Ibiza quien se dá de baja por un accidente de coche y le duran las lesiones cervicales hasta justo antes de pasar por el tribunal médico. Y hay quien operan a un hijo y no se toma ni los días que le corresponden. Los pueden llamar tontos o responsables, según lo miren. Pero también trabajadores. Y les dá igual la política de empleo que utilicen, mientras quien ocupe su puesto cumpla con sus obligaciones.
La otra noticia que me ha llamado la atención ha sido el nuevo fraude agrario descubierto. Esto tiene que parar. Para empezar porque damos una imagen del campo que puede llegar a ser excesivamente dañina para toda Andalucía. Como esto siga siendo costumbre, alguien va a cerrar el grifo y vamos a tener un problema. Sobre todo los que no defraudan. Porque los que defraudan ya tienen un buen “marrón” encima. Ahora les tocará devolver el dinero con intereses. Si no tienen, que suele ser lo más normal, se les embargará. Y entonces nos llevaremos todos las manos a la cabeza. Yo llevo tres años viviendo exclusivamente en mi familia con mi sueldo, con mi pareja con una incapacidad del 67%, con dos hijos. Ahora estoy en el paro. Yo puedo entender la necesidad, pero no el fraude. Porque vivir, por ahora, puedo vivir. Pero si tengo que devolver lo cobrado, me juego el embargo.

