Tengo dos hijos. Los dos juegan al fútbol en un equipo de Ibiza. Bueno, juega el mayor. El pequeño no ha empezado a competir. Y viendo según que cosas, tampoco sé si me apetece mucho. Este deporte, durante los primeros años de los niños, reflejan un auténtico espíritu competitivo. Se caen, lloran, ríen, aprenden de las victorias y también de las derrotas. Es algo hermoso. No por la técnica depurada que puedan tener, o por lo bien que jueguen. Los ves luchando hombro con hombro para terminar estrechándose las manos al finalizar el partido. Para mí eso es fútbol. Conforme van creciendo, ese espíritu se degrada. Hay algo podrido, un pensamiento único en el que sólo vale ganar. Codazos, patadas, simulaciones y hasta mucho árbitro primo de los jugadores. Ibiza es pequeña al fin y al cabo. Les estoy hablando de ocho o nueve años.
Conforme crecen, la cosa va empeorando. Ayer mismo veía un partido. No sé la categoría pero jugaban a campo completo. Algunos ya tenían pelusilla en el bigote. Entre patadas e insultos aquello parecía más un bar de mala muerte que un campo de juego. Si para que mis hijos jueguen al fútbol han de aprender a insultar, escupir, golpear, simular o perder los nervios, terminaré por apuntarlos al parchís.
Cuando se hagan mayores y no hayan conseguido triunfar en equipos más grandes, se lesionen, o simplemente lo dejen, sé que les quedará algo de ese espíritu competitivo, compañerismo y lealtad. Pero también me preocupa que sigan insultando, escupiendo, golpeando y simulando. Y mucho más que vayan a un campo de fútbol y se dediquen a soltar su ira desde su situación de privilegio sobre una persona indefensa y que se encuentra de espaldas. No es bueno para nadie. Ni para el deporte, ni para los aficionados, los principales culpables de lo sucedido ayer en Granada. No todos tiran paraguas, pero sí insultan y se desahogan con la excusa de haber pagado una entrada, amparados en el anonimato. Y no sólo pasa en Granada, ni en Ibiza, pasa en toda España. Las agresiones morales y verbales están presentes en todos los campos. Todos. También las físicas. Antes, durante y después de los partidos. Esto puede ser cualquier cosa, menos deporte.

