Desde luego que no salimos de una que ya hemos entrado en otra. Y esto sólo es reflejo de la debilidad que las conexiones de Ibiza con el resto de España mantiene. Hoy me entero que el Consell de Ibiza ha suspendido las ayudas que ofrecía a Ryanair a pesar de estar firmada para los próximo cuatro años. Las consecuencias directas: en invierno Ryanair no ofrece vuelos desde y hacia Ibiza. Mala cosa. Sobre todo porque Ibiza, que algunos parecen ubicar en algún punto costero de la península, es una isla. O tomas un avión, o tomas un barco. No es cuestión de intentar llegar en coche hasta su costa. Así que muerta Spanair, Ryanair ahorrando costes, las opciones para entrar o salir de la isla, son escasas. Lo malo es que encima, son caras.
La consecuencia directa de semejante barbaridad económica es la pérdida de quince mil llegadas a la isla durante el invierno. Aún asumiendo que la mitad de estas entradas fuesen de los propios residentes (y es mucho asumir), se estarían perdiendo una cantidad más que importante de visitantes que no sólo van a dejar sus dividendos. También van a llevarse la imagen de una isla que dista mucho de la ofrecida durante el verano. El turismo de invierno pasa por visitar los puntos más emblemáticos de las postales que encontrarás en los suvenires. Así que ya no hablamos sólo de vuelos, también de alojamientos y de coches de alquiler. Además tendrán que comer. Siete mil quinientos platos, son muchos platos para cada comida.
El Consell de Ibiza ha entrado con una política de recortes que puede ser comprensible, o no. Lo que desde luego no es, es coherente. No se puede gastar el dinero en promocionar el turismo de invierno cuando fuerzas el recorte de vuelos. Vuelos que en muchos casos son los únicos directos que se encuentran entre los destinos principales. Y encima a bajo coste. Un reclamo que cada vez empieza a ser más importante y que si bien no atrae a un turismo de alto poder adquisitivo, si que supone una inversión barata, muy barata, de la imagen comercial de Ibiza.

