El día que fui Trending Topic

Después de unos 5.000 artículos sobre los lomos y diez años ‘disparando’ desde primera línea de fuego, creo que me he ganado el derecho a enseñar con orgullo alguna herida de guerra. Como el abuelo Cebolleta. Hoy quiero narrarles ‘El día que fui Trending Topic’. Pero antes de hincar el diente a tan suculento manjar, explico sucintamente qué es esto del Trending Topic para los no iniciados. Es muy sencillo. Se trata de que miles y miles de personas, desde Cabo de Gata hasta Finisterre, leen algo que has dicho en el Twitter y te convierten en el ‘chico más popular’ de la clase. En principio, esto no debería emocionar a un plumilla que escribe para audiencias milenarias, pero qué le vamos a hacer… reconozco que me hizo especial ilusión. Al lío. Treinta y uno de enero de 2012. Tras un madrugón indecente, trabajar esa mañana a destajo y despachar de forma gloriosa la ‘fideuá’ de mi señora, Morfeo se puso meloso. Miré de soslayo al despertador. Eran las tres y media en punto. Tranquilidad, paz y mucha felicidad. Pero estaba escrito que aquella maravillosa siesta reparadora no duraría mucho. Exactamente 90 segundos. El tiempo que mi hija pequeña, cuya potencia de llanto es directamente proporcional a su belleza -y no es amor de padre-, se pegó un castañazo contra la puerta del comedor. Comprobado que la chiquilla seguía entera, cautivo y desarmado agarré el móvil para ver qué se contaba la basca en las redes sociales. Eran las tres y treinta y cinco. Comenzaba la aventura.

Entregado a la teclita, de repente el mundo empieza a tambalearse. Uno, dos, tres… diez segundos eternos. ¡Terremoto! Y así que lo puse en el Twitter. La bola de nieve empezó a correr ladera abajo a la velocidad del relámpago. Mi ‘terremoto’, que también era el ‘terremoto’ de otros muchos que, como un servidor, se habían quedado sin la merecida cabezada, fue retuiteado al instante por decenas de seguidores y a continuación por ‘decenas de seguidores de mis seguidores’. Plenamente consciente de que aquella gente buscaba una respuesta inmediata y que además la esperaba de un periodista al que se le supone credibilidad, fui directo a consultar la información sísmica del Instituto Geológico Nacional. Ahí estaba ‘el amigo’, el primero de la fila. Seísmo de intensidad 4,4 con epicentro en Quesada, a diez kilómetros de profundidad. Y tal cual lo colgué en el Twitter -con enlace a gráfico de localización incluido- prácticamente al minuto del ‘meneíto’. Entonces las ‘decenas de seguidores de mis seguidores’ se convirtieron en ‘centenas de seguidores de los seguidores de mis seguidores’. Al mismo tiempo, mi ‘compa’ Pablo, rápido, diestro y oportuno, abría a cinco columnas en la web de Ideal. Triunfamos. Dos orejas, rabo y puerta grande.

Ya les digo que me produce rubor esto de vender hazañas propias. No lo había hecho hasta ahora. Pero lo he visto oportuno por dos motivos. Primero y principal, para reivindicar la vigencia de un oficio, el periodismo, y de los que nos dedicamos a él en cuerpo y alma, los periodistas. Yo no fui Trending Topic por ser Jorge Pastor, sino por ser Jorge Pastor periodista -y añadiría del Ideal-. Y segundo, para poner de manifiesto que nosotros, los periodistas, tenemos el deber moral y profesional de reciclarnos y de estar siempre ahí donde haya un lector. Y colorín colorado, con esta moraleja sin ánimo pretencioso termina el trepidante relato del ‘Día que fui Trending Topic’. Un cuento que empezó con la estridente llantera de mi hija y que terminó cuando, a eso de las diez y media de la noche, también mi hija me esperaba despierta para darme un enorme abrazo a la puerta de casa.

Estocada al olivar

 Hasta el jueves el ‘enemigo’ a batir era Italia. Desde el jueves sigue siendo Italia… y también Marruecos. Y no porque sus olivares superintensivos y sus 70.000 toneladas de producción signifiquen una amenaza inminente para los 66 millones de olivos de Jaén y sus 110.000 ‘aceituneros altivos’, sino porque la Unión Europea les acaba de hacer ‘el favor del siglo’ –y quedan 88 años por delante–. Acaba de suscribir un pacto de libre comercio que significa, entre otras muchas cosas, que podrán exportar a Europa todo el aceite de oliva que quieran y, además, sin tener que pagar aranceles –hasta ahora tenían que apoquinar la bonita cifra de 1,25 euros por kilogramo–. La trascendencia es enorme. Partiendo de la base de que los costes son más bajos –menos salarios y menos controles de calidad–, ahora se les abre de par en par las puertas del viejo continente, donde competirán con la ventaja de ser más baratos que españoles, griegos e italianos. Tendrán gran capacidad de influencia en los mercados pero –y esto es lo peligroso– tirando hacia abajo de los precios, lo que supone una estocada mortal para un sector que atraviesa una fortísima crisis de rentabilidad desde 2009.

La pregunta es ¿pueden hacer tanto daño con 70.000 toneladas? En principio, no. Pero sólo en principio, ya que sus niveles de oferta pueden crecer exponencialmente al rebufo de un negocio casi seguro. Es cierto que se establecen unos límites a la importación procedente de la Unión Europea, pero no existen tales restricciones con países de la zona con una oleicultura incipiente, como puede ser Túnez. Además, Marruecos se convierte en un destino muy atractivo para los que quieran hacer dinero gracias al ‘oro verde’. No es difícil. Sólo hay que plantar árboles de alto rendimiento y empezar a vender. Lo que no queda tan claro es que, además, haya fondos europeos para ello, tal y como había trascendido inicialmente.

Ahora queda una incógnita por despejar. ¿Continuará por los mismos derroteros la UE con la reforma de la PAC y sus generosas subvenciones? Recordemos que el borrador de Ciolos y su célebre ‘tarifa plana’ signficaban, a bote pronto, 200 millones de euritos menos para Jaén. Ahí dejo la cosa.

Condenados a la pestilencia

Para conocer el penar de las sesenta y pico familias que viven en el edificio número 2 de la calle Cruz Roja, de Jaén, no hace falta grandes averiguaciones. Basta con subir los cuatro peldaños de acceso a la comunidad y no estar resfriado. Entonces comprobarán el hedor con el que tienen que convivir mañana, tarde y noche sus 180 residentes, más otro centenar de almas que acuden a diario a los despachos profesionales ubicados en este inmueble. La ‘atmósfera’ es, sencillamente, irrespirable. Pero si agobiante resulta una pestilencia casi perenne, igual de desagradable –y sobre todo preocupante– resultan los motivos que desde hace año y medio han dado un vuelco a la calidad de vida de propios y extraños. Un mal día ‘alguien’ –ahora damos nombres y apellidos– tuvo la brillante idea de anular la conexión de la finca con el saneamiento público y, desde entonces, no les queda otra que achicar las aguas fecales que se embalsan en la bodega –a veces se ha superado la altura de un metro–. Es decir, además de un foco de malos olores, ese sótano se ha convertido en un foco de insalubridad de primer orden, tal y como ha constatado personal del Servicio Andaluz de Salud y como han advertido, por activa y por pasiva, otras voces no menos autorizadas, los propios médicos que pasan consulta privada en ese bloque. Tanto es así que, debido a la posibilidad de que la red potable quede contaminada –valdría cualquier pequeño poro en las tuberías–, los vecinos no beben del grifo, sino de botellas. Esta intranquilidad les obliga a realizar exámenes periódicos –cada dos o tres meses– para comprobar que todo está en orden y al menos pueden lavarse.

Riesgos

El presidente de la comunidad de propietarios, Victoriano Peralta, ha explicado los riesgos que conlleva la acumulación de detritos. «Desde que se declare un brote de legionella, con todos los riesgos que ello conlleva, hasta enfermedades gástricas y otro tipo de afecciones respiratorias», señala Peralta, quien agrega que ya se ha producido algún incidente de envergadura como el sufrido por un técnico de la caldera «que tuvo que ser sacado casi inconsciente tras inhalar gases acumulados». «Aquí vive gente mayor y con salud delicada a la que cualquier infección o cualquier agente patógeno puede acarrear graves consecuencias», narra Peralta. A la larga lista de trastornos, molestias y peligros habría que sumar la engorrosa presencia de ratas, convenientemente fotografiadas por si alguna vez es preciso dejar constancia documental.

Los porqués

Y ahora vayamos con los porqués. Según un informe elaborado por Victoriano Peralta, y repartido en la última asamblea de comuneros, «la causa de esta situación, después de las pertinentes reuniones con técnicos municipales y con un perito contratado al efecto, es el tranvía, que anuló el alcantarillado donde drenaba el edificio y no se construyó uno nuevo, tal y como figuraba en el proyecto». «Y todo ello –prosigue Victoriano Peralta– a pesar de que lo fuimos denunciando por las buenas y por las malas desde que la obra estaba abierta y fuimos conscientes del desaguisado».

Nos remontamos, por tanto, a mediados de 2010, cuando se terminó ese tramo del sistema tranviario. Desde entonces la comunidad ha remitido una treintena de escritos a las administraciones en busca de una respuesta satisfactoria que no llega. Al ayuntamiento, al que se considera competente porque cobra impuestos por un prestación que no ofrece. A la empresa Aqualia, en su condición de concesionaria del servicio. Y a Obras Públicas, como promotora del tranvía. Nada han conseguido. Buenas palabras y comprensión en el mejor de los casos y silencios y negativas en el peor. El consistorio se exime de culpa y apunta a la Junta y la Junta de Andalucía también dice que no tiene ninguna responsabilidad en este litigio -así se desprende una prospección con cámaras subterráneas-. Ahora todo indica que serán los tribunales quienes tengan que resolver el conflicto.

PD. Noticia que publiqué el pasado sábado en la edición impresa.

Los aberrunchos

Hace unos días, deambulando entre los angostos pasillos de internet, repasando textos marcados como ‘favoritos’ en la memoria del pecé, me topé con un artículo de Francesc-Marc Álvaro, de La Vanguardia, con un título que me dejó un tanto azorado. ‘La década que nos dejó sin aliento’. Reflexiona Francesc-Marc sobre la actualidad desbocada de los diez primeros años del siglo XXI, desde el atentado hiperrealista de las Torres Gemelas a los efectos devastadores de una crisis que no entiende de indulgencias. Y lo hace desde el prisma de las emociones individuales y colectivas. “El bloqueo de las ilusiones”, resumía el periodista, “que también nos libera de ciertas congojas”. Y es que llevamos demasiado tiempo observando la cara más desabrida de la realidad. La del horror, la destrucción, el paro. No hay más que abrir el periódico o ‘enchufar’ el telediario para comprobarlo. Y lo peor de todo es que esta ‘negatividad por sistema’ nos está agriando el carácter. Nos hemos acostumbrado a vivir con la ingrata compañía de la tristeza.

Las cosas son como son. Sigue habiendo perturbados que se inmolan en las plazas públicas. Sigue habiendo terremotos que se llevan por delante miles de biografías. Y sigue habiendo cabrones que pinchan las ruedas de los coches y roban espejos retrovisores. Todo esto sucedía en 1999 y seguirá ocurriendo en 2012, en 2020 y si algún asteroide despistado no lo evita, es bastante probable que siga pasando de 2050 en adelante. El gran reto, ahora y siempre, es convivir con la incertidumbre, que no es moco de pavo, pero sin necesidad de acudir todas las mañanas al psicoterapeuta, retirarnos a las Seychelles o releer a Marcel Proust cuatro o cinco veces -con una va bien-. Es una meta complicada, qué duda cabe, pero factible con el apoyo de los demás. A veces basta con un simple abrazo. Un simple roce. Una simple caricia. Lo tengo clarísimo. Hacen falta almas candorosas dispuestas a arropar. Como el grupo de chicas que este sábado ofrecían apretones de balde a los que subían y bajaban por el Paseo de la Estación o como un señor llamado Aberroncho que, al parecer, despacha achuchones por doquier en un simpático programa de televisión.

El mundo necesita muchas chavalas como las del Paseo de la Estación y también muchos aberronchos. Y además los precisa rápido, de forma urgente. No hay más tiempo que perder, que ya llevamos 4,5 millones de años haciendo el bobo y amargándonos la existencia. No hace falta ninguna formación. Tampoco estudiar oposiciones. Basta con tener dos brazos -incluso con uno podría valer-, voluntad y un poco de generosidad, requisitos compartidos por la mayoría de los mortales. Y lo mejor de todo es que también hay un amplísimo mercado donde elegir. Millones y millones de seres taciturnos que viven con la palabra melancolía escrita en el rostro. Se les identifica fácilmente. Tan fácil como que a veces basta con mirarse al espejo y descubrirse a uno mismo. Hagan la prueba. Abracen y déjense abrazar. Posiblemente el espejo les devolverá entonces la imagen de una persona con una mirada distinta.

 

 

 

Y nueve meses después…

 

La verdad es que el asunto ya era sonrojante. Nueve meses después, operarios municipales están retirando la basura acumulada en las ‘zonas verdes’ del tranvía. Sí, entre comillas, porque de verdes tenían ya bien poco. Una situación incomprensible para los ciudadanos.

Y es que en este caso sí que rige aquel aforismo de ‘los unos por los otros y la casa sin barrer’. El Ayuntamiento dice que la obra no está acabada ni recibida y, por tanto, ‘los honores’ le corresponden la Junta. Y la Junta asegura que tranvía ya es íntegramente del Ayuntamiento, incluidos los jardines, y por tanto debe ser el consistorio quien asuma el mantenimiento. Vamos, la historia de siempre.

La cuestión es que, nuevamente, los unos y los otros dirimen sus diferencias sin atender a una cosa llamada ‘interés general’. Los jienenses se merecen pasear por una ciudad limpia y saludable.

By María Capilla de la Calle

¡Qué asco!

Según las estadísticas oficiales del Comisionado para el Mercado de Tabacos, en la provincia se queman diariamente una media de 2.527.859 cigarrillos. Sí, como lo oyen, se generan un promedio de 2.527.859 colillas. Pongámonos en la hipótesis de que tan sólo un 10 por ciento de ellas acaban tiradas en la vía pública -posiblemente el porcentaje sea mucho mayor-. Pues eso, los barrenderos tendrían que retirar la friolera de casi 253.000 boquillas cada día. Que se dice pronto. Ésta es una de las consecuencias más palmarias de la última reforma de la Ley Antitabaco, que entró en vigor hace más de un año y que supuso la total prohibición de fumar en todos los locales públicos, incluidos los establecimientos hosteleros. En el caso de Jaén, según estimaciones de la empresa concesionaria del servicio de limpieza, FCC, la retirada de chicotes de las calles se ha multiplicado por dos en los últimos doce meses, coincidiendo con el periodo de vigencia de la nueva legislación. Se trata de un cálculo aproximado, pero no hacen falta las matemáticas. Fíjense cuando den un paseo por la capital y lo comprobarán. Un auténtico asco.

P. D. Primer párrafo de la noticia ‘Un cenicero llamado Jaén’  publicada el  pasado sábado en la edición de papel

Dejo un ‘edificante’ testimonio visual de las puertas del Instituto Virgen del Carmen.

 

Los mamoneos del ayer

 Este domingo publicamos en Ideal un interesante reportaje titulado ‘La ruta del dinero público perdido’. Ya se pueden imaginar de qué iba la cosa. De aquellas inversiones vendidas con alarde de fanfarrias como ‘imprescindibles’ y que, a pesar de su ‘enorme interés estratégico’ -dixit habitualmente los políticos para justificarse-, o no han servido para nada, o las han quitado de en medio, o se han quedado a la mitad, enterrando millonadas y millonadas de euros. Últimamente han proliferado informaciones en las que se denunciaba el derroche de aquellos maravillosos años, no tan lejanos, en los que vivíamos en los mundos de Yupi. En la ‘década de la gran mentira’, como acertadamente han bautizado algunos el decenio comprendido entre 1997 y 2007. Ejemplos hay muchos. A todos les sonarán. El aeropuerto sin aviones del ‘president’ Fabra, el AVE en el que se montan dos personas o maravillosas piscinas cubiertas, olímpicas por supuesto, con agua putrefacta porque el mantenimiento resulta carísimo. También en Jaén tenemos para escribir otra antología del disparate. Y de eso iba el artículo que les he referido antes. Muy rápidamente, que tampoco es cuestión de echarse a llorar. El parque acuático, las bicicletas de alquiler, la pasarela de la carretera de Madrid, la cámara oscura del Auditorio de la Alameda, el Cerro de las Cantera, las viviendas del hospital Princesa, el refugio antiaéreo, los 18.300 millones del tranvía, etcétera, etcétera, etcétera.

Realmente esto no es nada nuevo. También ocurría en ‘la era precrisis’. La diferencia es que antes, como creíamos de forma un tanto naif que los recursos eran ilimitados, pues como que no pasaba nada. Un error lo tiene cualquiera. Pero claro, ahora que la motosierra funciona a pleno rendimiento, aquella condescendencia hacia el despropósito se ha tornado en profundo enojo y encabronamiento. El ‘pelillos a la mar’ se ha transformado en ‘menuda panda de…’ -póngale usted el adjetivo que considere más oportuno-. Yo siempre lo he referido cuando me inquirían sobre el particular. El hundimiento de la economía ha tenido muchas consecuencias nefastas pero, aunque cueste mucho creerlo, también se pueden extraer unas cuantas conclusiones positivas. Citaré someramente tres. Fuimos demasiado ingenuos y no deberíamos tropezar dos veces en la misma piedra. Ahorrar no es ninguna soplapollez. Y la creencia de que con esfuerzo y sacrificio salimos de ésta, aunque el nuevo subdelegado Juan Lillo apele también a la divina providencia-.

Yo no creo que los culpables de la ‘bancarrota’ sean los ciudadanos. Se daban unas circunstancias y nos adaptábamos a esas circunstancias. Pero sí pienso, sin embargo, que resbalamos a la hora de exigir pulcritud en el destino de los dineros públicos, que al fin y al cabo también son los suyos y los míos. Y no me refiero tan sólo a la falta de tino relacionada con el puñetero ‘ladrillo’ y las obras faraónicas que marcarían ‘un antes y un después en nuestras existencias’, sino a otros muchos ‘detallitos’ que también costaban un pastizal y que eran un dispendio antes, lo son ahora y lo seguirán siendo por los siglos de los siglos amén. Esos copetines pantagruélicos a las puertas del teatro, esos viajitos so pretexto de hermanamiento, esas inauguraciones exquisitas, esos carguitos creados ‘ex profeso’, ese mamoneo de guante blanco… Nunca debimos permitirlo. Nos equivocamos y lo lamentaremos durante mucho tiempo.

 

 

Aquel futuro prometedor

Ésta es la triste realidad de 20 años hincando los codos y esforzándose para labrarse un futuro. Psicólogos que se ofrecen para tareas de limpieza. La situación no puede ser más penosa.

 

Guarradas

 A la derecha, a la izquierda, en paredes, en escaparates, en fachadas, en puertas… Jaén es una capital llena de pintarrajos que ya forman parte del paisaje urbano. Pero los que tienen la ‘mala costumbre’ de pasear observando el entorno habrán comprobado que de dos meses a esta parte han proliferado muchas más. Fíjense, sin ir más lejos, en los muros de la estación de autobuses de Jaén, un inmueble que goza de protección especial al estar incluido en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz –se considera un arquetipo de arquitectura racionalista–, donde han aflorado pintadas de corte extremista y xenófobo, o en cualquiera de los bajos del barrio del Bulevar, también plagados de inscripciones y símbolos de similares características. Tres cuartas de lo mismo está sucediendo en otros puntos de la capital, incluidas zonas monumentales. Tanto es así que el Ayuntamiento, advertido de lo que está ocurriendo, está últimando un plan para eliminar estos ‘elementos decorativos’ que tanto impacto visual tienen y que tan mala imagen proporcionan a una ciudad que aspira a convertirse en destino turístico de interior –de hecho, éste es uno de los caballos de batalla tradicionales del sector hotelero de Jaén–. Y ya está. Poco más se sabe. Fuentes municipales sólo han concretado que la tarea se encomendará al servicio de mantenimiento, «aunque no se puede dar ninguna fecha de inicio, ya que ahora mismo hay asuntos prioritarios que requieren de una actuación urgente por motivos de seguridad».

No se tiene constancia, por tanto, si esta actuación irá acompañada de otras medidas como prevención, un mayor control y vigilancia e imposición de multas, si se diera el caso, en cumplimiento de la Ordenanza Municipal de Gestión de Residuos Sólidos Urbanos Urbanos y de Limpieza de la Vía Pública. Esta normativa contempla castigos económicos por este tipo de acciones que van de los 300 a los 30.000 euros. Es más. La propia Fiscalía General del Estado mandó una circular a todos los fiscales para que no se andaran con miramientos cuando se atentaba contra el patrimonio histórico o artístico. Es lo que le puede pasar, por ejemplo, a la turista suiza que el pasado sábado, 7 de enero, fue detenida por efectuar una inscripción –un pequeño corazón con inscripciones a ambos lados– en la Alhambra. La susodicha pasó una noche en el calabozo de la Comisaría y además deberá rendir cuentas ante la justicia.

Y es que el hartazgo de los ciudadanos de Jaén es más que evidente. Tanto es así que la Asociación de Vecinos Arco del Consuelo llevará este tema a la Mesa de Trabajo del Casco Histórico, un órgano consultivo y ejecutivo vinculado al Ayuntamiento que se reunirá por segunda vez antes de que acabe este mes. Su presidente, Antonio Lozano, asegura que Jaén debe seguir la senda de otras ciudades como Oviedo, «donde se han tomado muy en serio este tema y donde las multas llevan apercibimiento de embargo si no se liquidan a los tres o cuatro días». «Además, en el caso de los menores de edad son los tutores lo que deben responder por ellos», agrega. «Tenemos una ordenanza que fue aprobada por todos los grupos políticos en la pasada legislatura y que debe aplicarse con rigor, a pesar de que haya colectivos que no estén a favor de que se persiga y se exijan responsabilidades a los que se demuestre que han pintado en lugares inapropiados», manifiesta Lozano, quien añade que «es fundamental la implicación de la Policía Local, priorizando desde arriba este tipo de intervenciones».

P. D. Noticia firmada por mí y que apareció en la edición de papel del pasado viernes.

Adiós al pisito en la playa

Aquella pulsión desmesurada por adquirir ‘ladrillo’, denominada popularmente como ‘boom inmobiliario’, generó muchas ilusiones en su momento y muchas decepciones ahora. Supongo que les sonará la musiquita: una casa para vivir, perfectamente lógico, y otra para invertir, digamos que menos razonable. En ambos casos, por supuesto, a precios estratosféricos y asumiendo el costoso peaje de hipotecas a veinte, treinta y hasta cuarenta años. El cuento de la lechera duró mientras había trabajo -a finales de 2006 la tasa de desempleo se situaba próxima al 10 por ciento en Jaén- y había crédito ‘ilimitado’. O sea, hasta 2008. Y vinieron los problemas. La economía entra en recesión, el paro supera el 31 por ciento y la gente no tiene para pagar ni el segundo piso ni, desgraciadamente, el primero. El resto de la película ya la conocen. Los bancos acuden a los tribunales para exigir los euros prestados y a muchos propietarios no les queda otra que devolver las llaves y, además, seguir apoquinando porque aquella vivienda ahora cuesta mucho menos y hay que abonar la diferencia. ¿Cuántos? Si nos atenemos a las estadísticas de ejecuciones hipotecarias -proceso legal mediante el que un prestatario se le priva del interés sobre el bien-, un total de 3.097 desde que estalló la crisis, en 2008, hasta septiembre de 2011, último dato contabilizado. Pues bien, según fuentes bancarias consultadas por este periódico, se estima que el 70 por ciento corresponden a segundas residencias (unas 2.200), gran parte de ellas propiedades situadas en municipios costeros, mientras que el 30 por ciento restante son domicilios habituales (unas 900). Con el agravante, antes comentado, de que hay quienes han perdido las dos porque avalaron la segunda con la primera.
 
Echemos la vista atrás para entender mejor todo esto. Regresemos hasta febrero de 2006, en plena fiebre del cemento. El día 2 este diario publicaba la siguiente noticia en su página cinco: ‘Los jienenses se acercan a Almería y centran allí su inversión inmobiliaria’. La noticia empezaba recogiendo una de tantas ofertas que aparecían por aquel entonces en la sección de anuncios por palabras. «Roquetas. Piso de 70 metros cuadrados con dos dormitorios, cuarto de baño, salón, cocina y garaje. Urbanización cerrada con piscina. A 150 metros de la playa. 180.000 euros». Eso es lo que se ofrecía y eso es lo que se compraba -en muchos casos, directamente sobre plano-. La información también decía que las promotoras de Almería habían puesto el ojo en Jaén y se lanzaban a tumba abierta a la conquista de este mercado -nuestro mercado-. Lo hacían sabedores de que la mejora de las infraestructuras había acortado los cronos y se tardaba menos en mojar los pies en Aguadulce o Roquetas, por ejemplo, que en Motril o Fuengirola. En la pieza también se relataba que había comunidades enteras formadas por hijos de Jaén. Aquellos maravillosos años.
 
Ahora el sueño de una noche cálida noche de verano, con chiringuitos a pie de playa y música chillout, se ha transformado en una pesadilla… aunque parece que hay luz al final del túnel. Por primera vez desde 2008 se registra un descenso en el número de jienenses que reciben la temida carta del banco. Aquella de «estimado señor, ante los reiterados incumplimiento en el abono de las letras, nos vemos en la obligación de recurrir a la vía judicial para reclamar las cantidades adeudadas». En nueve primeros meses de 2011 hubo 688 demandas frente a las 715 del mismo periodo de 2010. Un 3,8 por ciento menos en términos relativos. Es cierto que se trata de una pequeña disminución, pero lo relevante es que estamos ante el primer retroceso en cuatro años. A pesar de ello, siguen siendo magnitudes extremadamente elevadas -sirva como referencia que en todo 2007 se computaron tan sólo 231-.
Ideal.es

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