Veinte mil soñadores contra Apolo

Ahora que los rugidos del tigre se escuchan muy cerca de Jaén, los días de expectación y nervios se tornan en momentos de emoción. Enciendan focos. Se acerca la hora del partido. Para los griegos, los lagartos simbolizaban el afán de morir a manos del dios de la luz, Apolo. Una metáfora, quizá, de lo que podría suceder hoy en el estadio la Victoria, donde la diosa Atenea, siempre con las alas desplegadas, emprende el vuelo en jornadas de gloria. El Atlético del tigre Falcao –aunque sin Falcao– se enfrentará al Real Jaén de los lagartos –con todos los lagartos–. Apolo no lo tendrá fácil. Tendrá que currárselo. Si algo se ha demostrado en los enfrentamientos coperos, es que nunca hay rival pequeño. Y no es la primera ocasión, ni la segunda, ni la tercera, que los apriorismos se convierten en llanto. La convicción del querer no pocas veces tumba a la convicción del poder. La del dinero. La de los presupuestos millonarios. Por eso los lagartos se pueden comer a los tigres, las gacelas o los elefantes. No hace mucho, festejando la clasificación del Jaén para dieciseisavos, alguien se apresuró en colegir que de la ilusión no se vive. A lo que yo apostillé que, en efecto, de la ilusión no se come, pero sí ayuda a soñar. Qué quieren que les diga. Los que sueñan, los que sueñan despiertos son las únicas personas capaces de transformar en energía positiva estas penurias que nos ha tocado vivir. Y mucho cuidado, que nadie se confíe, que este miércoles la Victoria estará llena de soñadores.

Todos los jienenses, los de cuna y adopción –como es mi caso–, tenemos una oportunidad de oro para sacudirnos los jodidos complejos y el mal fario. Que la corriente favorable viene de once tíos pegándole patadas a un balón, bienvenida sea. ¡Hala Jaén! Me toca la nariz la supuesta antítesis entre pan y fútbol. Hay quienes insisten machaconamente en ello. Además de ser unos coñazos de Champions League, son unos petulantes que, desde luego, no contribuyen en nada a superar esta situación deprimente. Pan sí, obviamente, y fútbol también. Y si ya te comes un bocadillo con chorizo de Sierra Mágina con el buen sabor de boca de que el Jaén gana al Atlético en la Victoria, soberbio. De verdad del señor, que ser un parado de larga duración no es incompatible con reírse de vez en cuando, tomarse unas cañas y disfrutar de cualquier espectáculo deportivo. Que no pasa nada. Que no es pecado. Además, para éstos que son incapaces de ver la realidad más allá del canuto de la economía, no recuerdo cuánto hacía que los hoteles de Jaén no estaban con una ocupación del 80 por ciento. Hoy lo están. Y eso también es dinero, empleo y riqueza, aunque tan sólo sea durante unas horas fugaces. La ilusión es rentable. Los sueños, también.

Por eso esta noche soy del Real Jaén más que nunca. Porque creo firmemente en que, salga victorioso o derrotado, Apolo no las tendrá todas consigo. Saldrá acojonado. Por instantes timorato. Viéndolas venir. Porque delante de él habrá once tíos, que representan a una ciudad, que no entienden de mitologías, ni de dioses del Olimpo, ni de puñeteras gaitas. Y porque en las gradas habrá otros 20.000 tíos soñando. Y porque una fuerza así es la única fuerza que puede cambiar el mundo, ganar al Atlético y permitirnos ver la vida de otra manera.

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