Cuando yo dejé de ser yo

Desde que uno sale por el agujero de la vida hasta que entra en el agujero de la muerte, unos 80 años según el INE, suceden varios acontecimientos que cambian tu biografía. Ahora que me encuentro a mitad de trayecto podría contar al menos tres. La primera vez que leí a Neruda. El primer beso enamorado. Y cuando me convertí en padre. Tres hitos que multiplicaron por tres mi capacidad de amar y también de sufrir. La primera vez que cogí a mi hija, a los pocos segundos de nacer, entendí que yo había dejado de ser yo. Tampoco teorizaré al respecto, pero ese cataclismo turbador engendra un instinto de protección hacia ella y también hacia ti. El mecanismo es sencillo a la par que complejo: no puede pasarte nada a ti para que no le pase nada a ella. Nunca permitirás que nadie le haga mal, un axioma que implica, obviamente, que tú serás el primero que nunca le harás mal. El problema es que un mundo repleto de tontos del haba obcecados por reglamentarlo todo hay quien se empeña en anular los postulados de la naturaleza presuponiendo que yo, padre, soy un ser abyecto. Acotación. Como aún no  me considero un ser abyecto y lucho todos los días por no caer en la estulticia –todo se andará- tampoco negaré que sí hay grandísimos hijos de puta que hacen cosas terribles a sus hijos. Lo veo en las noticias que algunas veces escribo yo mismo. También creo que la legislación debe recoger excepciones y contemplar castigos modélicos para estos canallas.

Al grano. La chiquilla se hace mayor. Me ruega encarecidamente ir a un concierto de uno de sus grupos favoritos. Su primer concierto. Me hizo una ilusión enorme. Hora razonable, espacio abierto… perfecto. Y allá que nos fuimos. Cogidos de la mano. Emocionados. Pero siempre consciente de que los ocho años de mi acompañante podrían ser impedimento, solicité la venia de un señor de la organización ‘no fuera qué’. Su gesto de ‘pero qué película me cuentas a estas horas’ ya me anticipó que el pleito no terminaría bien. “Espera, que se lo pregunto al jefe”. Calma tensa, que dirían los chicos de la prensa. Veredicto: “Lo sentimos, no es posible”. ¿Por qué? “Porque hay una ordenanza que prohíbe el acceso de menores a lugares donde se venda alcohol”. “Y no queremos líos con las autoridades”, apostilló.

Nuestro proyecto chocó de bruces contra la convicción de alguien ‘listísimo’ que un día pensó que yo, padre insensato, no tendría la responsabilidad suficiente para acudir con mi hija a un sitio donde la gente bebe cervezas y cubalibres. Exactamente igual que en cualquier bar. Él o ella, ese prohombre severo e incorruptible que vela por la rectitud y la infancia, decidió otra vez por mí. “¡Infantes, bloqueen la puerta, padre peligroso merodeando!”. Derrotados y cabizbajos, emprendimos camino de vuelta. Silenciosos. Unidos. Ella pensativa. Y yo recordando aquellos segundos mágicos en que la matrona la puso en mis brazos. “Detente un momento, por favor”, espeté. La miré. Me miró. Entonces sentí un deseo irrefrenable de abrazarla, besarla y llorar. Exactamente igual que el día que yo dejé de ser yo.

Jaén, fábrica de parados

Sí, es cierto. La realidad supera en muchas ocasiones a la ficción. No hace falta más que enchufar la televisión y ver el telediario. ¿Y qué decían los noticieros ayer? Pues el de la tres de Antena 3, por ejemplo, sacaba un mapita de España con tres provincias destacadas en color rojo chillón. Una era la ciudad autónoma de Ceuta, otra Jaén y la otra Almería. Son las tres campeonas absolutas del desempleo en la piel de toro: Ceuta, con una tasa del 41,03 por ciento; Jaén, con un 39,13 por ciento; y Almería, con un 38,44 por ciento. Nuevamente la realidad, en efecto, superaba con creces a la ficción. Faltan adjetivos para calificar los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre. Las matemáticas hablan por sí solas. La cifra de personas sin trabajo se han incrementado en 85.000 en España. De todas ellas Jaén aporta la friolera de 8.000. Cerca del 10 por ciento. Una auténtica sangría que está hundiendo, a su vez, la endeble economía de Jaén. Ya se escucha alguna voz que apunta a la necesidad de olvidarse de enfrentamientos partidistas y que los gobiernos central y autonómico consideren la realidad de Jaén y arbitren políticas de discriminación positiva para frenar esta auténtica escabechina.

Y es que el deterioro de la coyuntura parece no tener fin. Exactamente la misma percepción que había un año atrás. Hace un año nadie pensaba que se llegaría a los 100.000 desocupados. Se llegó. Y también hace un año nadie creía que se barajaría de 200.000 ocupados. Se bajó. ¿A dónde estamos en estos momentos? Pues en 115.200 paisanos sin trabajo y en 179.200 trabajando, según las magnitudes de la EPA conocidas este viernes. La realidad supera otra vez a la ficción. Y lo más preocupante está por venir. Visto lo visto, no resulta descabellado pensar que, si no se adoptan medidas contundentes a corto y medio plazo –el presidente de Diputación ha pedido una reunión de urgencia con la ministra Fátima Báñez–, se pudiera equiparar en 2014 el número de jienenses que están con empleo y sin empleo –sin contar, lógicamente, a los inactivos–. A tenor de lo apuntado anteriormente y con la constatación de que los escenarios más pesimistas casi siempre se superan, igual no es ninguna exageración. En principio las expectativas del Gobierno son que en el segundo semestre de 2013 haya un cambio de tendencia, una percepción en línea con las manifestaciones formuladas por el ministro Montoro en el debate de presupuestos celebrado esta semana. El ejercicio 2013 será el último de recesión, dijo.

Hay muchas razones para pensar que el panorama se puede complicar –y mucho– de aquí al verano de 2013, cuando el Ave Fénix, cuyas alas son paradójicamente del mismo color que la bandera española, comience a remontar el vuelo. Uno de estos motivos es estructural. Los ritmos de crecimiento nacionales nunca fueron los provinciales. Sucedía en la época buena –incluso si comparamos con el resto de la comunidad andaluza– y también ha venido ocurriendo durante este lustro ominoso. Pero cuando el problema se puede hacer más patente es en los próximos meses. El porqué lo anticipó el consejero de Agricultura, Luis Planas, en su visita a Jaén del pasado lunes para presentar las estimaciones para la próxima cosecha. El agotamiento de los olivos, después de tres años de campañas récord, la sequía del último invierno y una floración débil reducirán la producción de aceite de oliva un 75 por ciento. Hay un 75 por ciento menos de fruto en los árboles, lo que tendrá una incidencia nefasta sobre la demanda de mano de obra, que menguará en unos 4,2 millones de jornales. Éste es el quid de la cuestión.

Posiblemente la EPA que se conocerá en enero, correspondiente al periodo octubre, noviembre y diciembre, será la peor que se recuerda. La nivelación estadística no se producirá y entonces ya sí nos encontremos muy cerca de una situación de verdadera emergencia social, aunque muchos defienden que ya nos hallamos en este estadio. Aquí es donde entra en liza el factor ‘economía sumergida’. Un reciente estudio realizado por profesores de la Universidad de Jaén revelaba que el 25 por ciento del dinero que se mueve en Jaén escapa al control del fisco y la Seguridad Social. Esto explicaría que con un 39 por ciento de parados, de los cuales uno de cada tres lleva más de un año fuera del mercado laboral, no haya una conflictividad mucho mayor.

Los olivos agotados

Da igual que haya mucho o poco aceite de oliva. Cada vez que un consejero de Agricultura viene a Jaén a presentar el aforo -algo que sucede todos los años por estas fechas- siempre termina igual: haciendo un llamamiento a la tranquilidad. Si tienen tiempo y ganas, revisen las hemerotecas y lo comprobarán ustedes mismos. Y es que todos estos señores y señoras saben perfectamente que los datos que aportan en este acto y sobre todo cómo los aportan tendrán una incidencia directa en un mercado, el oleícola, que funciona mucho por impulsos. En juego algo tan sensible como que los precios en origen suban o bajen. O lo que es lo mismo, que los olivareros ganen más o menos. De ahí los esfuerzos de Luis Planas por explicar este lunes en la capital que, pese a que en provincias como Jaén la producción caerá un 75 por ciento, nadie debe ponerse nervioso porque hay existencias en Andalucía, unas 690.000 toneladas a finales de septiembre, por lo que habrá mercancía para atender las demandas de todos los clientes -aunque organizaciones agrarias como la UPA insistan en que faltarán unas 100.000-. En la mente de todos, aquella campaña de 2005/2006, bastante parecida a ésta, en que el virgen extra se llegó a pagar a una media de 4,19 euros el kilogramo, un subidón que, una vez trasladado a los usuarios, se tradujo en una fuga eventual de consumidores hacia grasas más baratas. Por lo pronto, conviene saber que esta semana ya se han cerrado operaciones a 3,24 euros. El tiempo “hablará”.

Ahora mismo el escenario es el siguiente. Tras “aforar” 8.641 olivos en Andalucía, la Consejería de Agricultura ha concluido que en la comunidad autónoma se fabricarán 513.948 toneladas, un 62 por ciento menos que hace un año. En el caso de Jaén la reducción es todavía mayor. Las 330 almazaras y cooperativas jienenses molturarán 764.045 toneladas de aceituna que, con un aprovechamiento industrial del 22,25 por ciento, proporcionarán 170.000 toneladas de “oro líquido”. Un 75 por ciento menos que la última recolección. La Consejería también ha adelantado una proyección para España. Habrá 625.300 toneladas. Cifras que, a buen seguro, pondrán en guardia a los grandes compradores. Pese a las palabras de Planas, habrá tensiones sí o sí. Y serán mayores si las condiciones climáticas no acompañan y se generan más incertidumbres a medio plazo.

¿Y por qué estamos así? Luis Planas aportó una serie de razones. Todas relacionadas con el desarrollo vegetativo. El punto de partida era la «debilidad del cultivo» después de tres cursos con matrícula de honor. Un agotamiento que se acrecentó por factores meteorológicos. Hubo escasez de lluvias durante el invierno y fuertes heladas en febrero. La falta de vitalidad, la sequía y las altas temperaturas posteriores provocaron una merma cuantiosa de la floración, un mal cuajado y un número de frutos por brote más escaso. En cualquier caso, aclaró Planas, todas las magnitudes aportadas anteriormente podrían corregirse al alza si hay precipitaciones en los próximos meses.

La situación de Jaén se podría extrapolar a toda la región, lo que ha tirado a la baja de las previsiones de cosecha en el conjunto de España (-61 por ciento) y a nivel mundial (-19 por ciento según los primeros informes del Consejo Oleícola Internacional). Especialmente llamativos son también los casos de Córdoba, que se quedará en las 148.000 toneladas, un 35 por ciento por debajo del promedio de los cinco últimos ejercicios; Sevilla, donde se fabricarán 64.412 toneladas, un 22 por ciento menos; y Granada, con 61.739 toneladas, un 57 por ciento menos.

Averroes

Si los dioses del Olimpo no se confabulan en contra, el Gobierno de turno, en este caso del PP, aprobará a no mucho tardar la nueva Ley de Educación. Así son las cosas en los reinos del pecado. Rajoy, Soraya o Wert mandan más que Zeus, Apolo o Artemisa. Ya han trascendido los nudos gordianos del proyecto legislativo y no está en mi ánimo repetir lo repetido. Somos lo que leemos y, sobre todo, somos lo que estudiamos. Desde la primera cartilla Palau hasta los tratados de economía de Samuelson y su celebérrima parábola de los cañones y la mantequilla. Recientemente, por aquellos designios que antes o después nos devuelven irremediablemente a nuestro punto de partida, cayó en mis manos uno de esos manuales, en concreto uno de Filosofía de BUP. Siempre fue una de mis asignaturas favoritas. Así que lo abrí con curiosidad y agrado. Las hojas amarilleaban, aunque el color rojo del subrayado se mantenía indeleble casi dos décadas después. Olía a libro viejo. Olía a sabiduría. La autoexperiencia moral de Sócrates, la ciencia y el humanismo en el origen de la modernidad, Descartes, Locke y Hume, Marx, Nietzsche, Ortega… apasionante. También emocionante.

No andaba sobrado de tiempo y lo ojee con prisas. Pero sí me detuve en uno de mis filósofos de cabecera, Averroes. Este señor, médico, cordobés y erudito, reflexionó mucho sobre Aristóteles y esbozó juicios extemporáneaos que explican muy bien la naturaleza imperfecta de los seres humanos. La de usted, la mía y también, no se crean, la del ministro Wert o la canciller Merkel. Todos estamos fabricados con la misma pasta, aunque unos acostumbren a pisar moqueta más que otros. “Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la pobreza y la riqueza”, espetó el sabio Averroes. Desde entonces han transcurrido unos 900 años, tiempo más que suficiente, creo yo, para que afloren esos cuatro arcanos ocultos. Tengo la absoluta certeza de que al menos uno de los cuatro ya brotó. La estupidez. De los otras tres, albergo, sin embargo, alguna duda razonable.

Sinceramente, me parece un “pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad” que sepamos que hay idiotas de acá para allá, que hayamos desarrollado la habilidad para identificarlos y que incluso dispongamos ya de algún remedio para neutralizarlos –confiemos en que la vacuna no tarde mucho-. Averroes tiene motivos para estar contento. Sus digresiones no fueron en balde. Pero les insisto en que los estúpidos son necesarios porque nos ayudan a situarnos en el espacio y en el tiempo. Los bobos son importantes para la convivencia porque son un referente. Porque te fijas en ellos y sabes hacia dónde no debes mirar y te facultan para un buen día poder decirle a tus nietos: “Yo me di cuenta, tú también estás a tiempo”. Y acto seguido recomendarles fervorosamente que lean a Averroes y luego, si quieren, cierren los ojos para imaginarse que otro mundo es posible.

Otro ‘regalo’ para los empleados públicos

Derrumbado aquel mito de “de que un trabajo en la administración es un trabajo para toda la vida”, los 40.000 empleados públicos de Jaén viven con el miedo en el cuerpo. Los “ajustes” les acechan. Todos los días. Cada vez que algún miembro del Gobierno -nacional o regional- abre el pico. Los que no son funcionarios saben que pueden ir a la calle en cualquier momento. Y los funcionarios y los laborales -aquí no hay distingos- saben que también en cualquier momento les pueden bajar el sueldo. Las cuentas no salen: el objetivo de déficit no se logrará jamás mientras que los costes superen a los ingresos.

La cuestión es que desde el “decretazo” de Zapatero en marzo de 2010 hasta la actualidad, ya con ejecutivo del PP, los sueldos de este colectivo se han reducido un 30 por ciento, una mala noticia para ellos mismos, cuya capacidad adquisitiva es considerablemente menor -la inflación sigue subiendo-, y también para el conjunto de la economía. Los consumidores más fiables ya no lo son. Esta coyuntura se hará especialmente patente dentro de tres meses. ¿Por qué? Porque estos 40.000 empleados, de los que 8.700 residen en Jaén capital, se quedarán sin la extra de diciembre. Estamos hablando, en números redondos, de unos 48 millones de euros. Un montante que no llegará hasta sus bolsillos, ni a los bolsillos de los comerciantes, ni a los bolsillos de los fabricantes… una espiral destructiva que, desde luego, no contribuirá a que la situación mejore. No al menos en el corto plazo.

Pero la “tijera” seguirá cortando más allá de 2012. Atentos. Por lo pronto, los Presupuestos Generales del Estado para 2013 ya contemplan la congelación de las retribuciones. La soldada seguirá tal cual. No habrá actualizaciones en función del Índice de Precios de Consumo ni nada que se le parezca. Y “la cosa” no queda ahí. El Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA) del 1 de octubre venía con “regalo”. Bocado a las pagas extraordinarias de la plantilla adscrita a la Junta de Andalucía. De los cuatro conceptos que componen la nómina, se eliminan complementos. Según los cálculos realizados por el sindicato CSIF-Jaén, esta medida supondrá un menoscabo medio de unos 1.200 euros por damnificado. El guión escrito en el Plan Económico Financiero se está cumpliendo: ahorrar 1.000 millones de euros en el capítulo de personal en el periodo de tiempo comprendido entre 2012 y 2014.

Danzad, danzad, malditos

 Adentrados ya en las entrañas de octubre, el mes de los contrastes, los jienenses se aprestan a vivir San Lucas. Una feria que pareciera extemporánea a los ojos de los extraños -también de muchos propios-, pero que aporta un plus de ilusión ahora que la naturaleza languidece -las almas también-, el calor dobla la rodilla ante el frío y el día ante la noche. Muchos piensan que las fiestas, como las bicicletas, son para el verano. Pero en Jaén, que somos así de chulos, nos mola eso de bajar al ferial con paraguas y katiuskas y tomarnos las copas, siempre bien fresquitas, embutidos en la zamarra y con echarpe calado hasta el entrecejo. A mí, que no soy muy fiestero, me gusta mucho esto del copeo al relente. Los gintonics entran mejor y los chorizos y las morcillas, también. Comienza la cuenta atrás. El 12 de octubre, día de las Pilares y las Hispanidades, está ahí. A la vuelta de la esquina.

Muchos consideran que, con esto de la recesión, el cuerpo no está para farras. Da la sensación de que esparcirse fuera pecado capital. El desánimo se impone en la medida que los doblones escasean. Es la destructiva ‘inercia del mal fario’, de la que cuesta un mundo escapar si cada vez que levantas el cogote te topas con alguien que, con una zozobra más o menos justificada, te recuerda que ‘la cosa’ se va irremediablemente a la mierda. Pues no. Reír no es antónimo de incertidumbre. Hasta uno puede reír de cuando en vez y no tener trabajo. Está demostrado científicamente, que doctores hay en todos los campos, que lamentos, sollozos y suspiros son los peores compañeros en esa aventura existencial que supone ‘sobreponerse’. ¿Quién dijo miedo? ¿Quién dijo derrota? Estoy seguro que Lucas, condestable y patrón, invitaría a una ronda de chupitos a todos los ajados.

Hasta los próceres municipales, que enarbolan la bandera de la austeridad para meter la tijera aquí, allá y acullá, se han olvidado del ascetismo y han planteado, con un par, un San Lucas diez de días como diez soles. Líbreme dios de afearle los propósitos a este nuestro Ayuntamiento, que por algo es excelentísmo, pero este rollo… ¿no iba de sacrificarse? Aplaudo este cambio de actitud. Diez jornadas de farolillos y faralaes no, por favor, que sean veinte o treinta. Quién le iba a decir a José Enrique, el alcalde pepero, que al final haría suyo aquel proverbio zapateril y socialista de “la crisis es un estado de ánimo”. Las ideologías han muerto. Las han matado los rebujitos. ‘Danzad, danzad, malditos’. Hagámoslo hasta reventar, como en la película de Pollack, que la plata nos dará de comer, beber y hasta dormir. Nos lo merecemos todos. Incluidos usted y posiblemente yo.

Los pobres del New York Times

Mi compañero Juan Esteban Poveda ha firmado hoy en IDEAL un brillante reportaje explicando la historia de los jornaleros jienenses que aparecen en las fotos del New York Times que han dado la vuelta al mundo. ‘Los pobres del New York Times’ lo ha titulado. El artículo se completa con esta breve entrevista, que grabé con mi móvil, donde ‘los pobres del New York Times’ describen esas imágenes. También opinan sobre lo que ellos han bautizado ya como ’el movimiento jornalero andaluz’.

El circo y los enanos

Ya conocen aquel famoso adagio de la mala suerte. Sí, aquello de “montamos un circo y nos crecen los enanos”. Pues eso es exactamente lo que está pasando en Jaén. La tormenta perfecta de la mala fortuna. Por si no fuera poco problema el imparable deterioro de la economía -muy atentos a los datos de la Encuesta de Población Activa, que se publicarán mañana-, ahora nos adentramos de lleno en un ciclo de sequía. Una pésima noticia para una provincia tan dependiente de la agricultura, que aporta más del 10 por ciento del Producto Interior Bruto -se estima que en algunas comarcas representa más del 30 por ciento- y que es fuente de renta principal o secundaria para la mitad de las familias jienenses -unas 110.000-. La regla de tres es bien sencilla: si no hay aceite, no hay dinero. Se calcula que por mucho que suban los precios, la falta de producto para vender puede reducir hasta un 50 por ciento los ingresos que generan los olivareros. Lo dicho, el circo y los enanos.

Las estadísticas que maneja la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) advierten de que, en efecto, nos movemos en niveles de precipitaciones bajísimos. Fijémonos en la capital. Desde que se puso en marcha la estación meteorológica del Cerro de Los Lirios, en 1989, tan sólo ha habido tres años con menos lluvia. En el periodo comprendido entre enero y agosto se han recogido en este punto 173,1 litros por metro cuadrado. Tan sólo en 1995 (con 104 litros), 2005 (con 125,9 litros) y 1999 (con 154,3 litros) hubo registros más bajos. Son los números de Jaén que, desgraciadamente, se podrían extrapolar también a los otros 96 municipios.

Y lo peor de todo es que, a tenor de los pronósticos, no parece que la situación vaya a cambiar mucho a corto plazo -dada la urgencia conviene mirar ya lo más inmediato-. Se espera que hoy y mañana descarguen las nubes. Sin alardes, en cualquier caso. También las previsiones “a largo”, cuyo margen de error es enorme, no invitan al optimismo. Los expertos creen que el “líquido elemento” será un bien escaso en los próximos meses. Las cabañuelas, sin embargo, pintan un panorama algo más esperanzador para el último trimestre de 2012. El cabañuelista Alfonso Cuenca augura que habrá agua en las dos últimas semanas de octubre, en la tercera de noviembre y en las tres últimas de diciembre. La buena racha continuará en enero, a principios de febrero, en todo marzo y también en todo abril. Si estas predicciones se cumplieran, el escenario para el olivar cambiaría radicalmente con vistas a la campaña 2013-2014. De hecho, los productores ya dan por perdida la próxima recolección y piensan en la siguiente. Los mercados también.

Como consecuencia de ello, los pantanos de la cuenca se encuentran en estado de “prealerta”, tal y como confirman desde la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), dependiente del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. La CHG no quiere transmitir un mensaje de «alarma», pues en líneas generales la situación es «buena». El último parte de la CHG dice que las presas de Jaén acaparan un total de 1.103,7 hectómetros cúbicos, lo que supone el 48,1 por ciento de la capacidad total de embalse (2.294,7 hectómetros cúbicos).

ERE que te ERE

Primero fueron noticia porque eran la excepción que confirmaba la norma. Después dejaron de serlo porque, desgraciadamente, se convirtieron en norma. Y ahora salen nuevamente en los papeles por la enorme cantidad que se están presentando. Se trata de los temidos Expedientes de Regulación de Empleo, una fórmula a la que están acudiendo con mucha frecuencia las empresas para aligerar carga de personal. Los números están claros. Según la Delegación de Empleo, hasta el pasado 31 de agosto se habían presentado en la provincia 235. Prácticamente uno diario -la proporción superaría 1,3 si se dejara fuera del cálculo los sábados, domingos y festivos-. Para que se hagan una idea, en el mismo periodo de 2011 se contabilizaron un total de 141. El incremento en términos relativos se sitúa ya en cerca del 67 por ciento. Una auténtica escabechina que alimenta unas cifras de paro realmente pavorosas. La última Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al segundo trimestre -la del tercero se conocerá el próximo 26 de septiembre-, revelaba que en Jaén hay la friolera de 107.200 personas sin empleo. Sin precedentes.
Las matemáticas son desfavorables se miren por donde se miren.

Pero analizando las estadísticas con detenimiento, sí hay un par de detalles que invitan a un optimismo moderado. Hay menos trabajadores en la picota debido a los EREs. En este año 1.786 y en el anterior, 1.980. Un 9,8 por ciento menos. Pero la “buena nueva” no queda ahí. En lo que llevamos de 2012 “tan sólo” se ha extinguido el 10 por ciento de los contratos afectos por ERE, mientras que en los ocho primeros meses de 2011 el porcentaje se aproximaba al 50 por ciento. Es decir, ahora prevalece la modalidad de suspensión de las vinculaciones entre empleado y empleador durante unos meses, con la expectativa de que la situación mejore, cuando antes la gente iba directamente a la calle.

Pero ¿por qué ese aumento del 67 por ciento en los EREs registrados? Pues las razones son fundamentalmente dos. La primera y principal es que aplicar un ERE ahora es mucho más fácil y barato. Tras la última reforma laboral, el despido colectivo por causas económicas, técnicas, organizativas o de producción, con una indemnización equivalente a 20 días, se puede hacer efectivo con la sola comunicación a los representantes sindicales. Desde ese momento hasta que se formaliza la baja se abre un periodo de consultas de quince días. Antes se requería la preceptiva autorización administrativa. Esto significaba, en la práctica, que el 95 por ciento de los EREs en los que no existía acuerdo -algo bastante habitual- quedaban desestimados. Es decir, antes la parte social tenía la “sartén por el mango” y mayor capacidad negociadora para conseguir unas mejores condiciones. Ahora, todo lo contrario. La empresa toma las decisiones y el margen de respuesta por parte de los comités es muy limitado. Tan sólo existe la posibilidad de poner en marcha un procedimiento judicial de control del ERE. Y también ha habido sentencias que los han tumbado porque no se atenían a ninguno de los supuestos recogidos en el Estatuto de los Trabajadores.

Pero más allá de que los EREs sean más fáciles, estamos asistiendo a un alarmante deterioro de la economía, especialmente patente en Jaén. El consumo por parte de las familias está por los suelos. Tomemos como referencia la recaudación por IVA, un impuesto que grava directamente la adquisición de productos y servicios. El Estado ingresó en julio un 21 por ciento menos que en el mismo mes de 2011 en Jaén. Los hogares no compran, los negocios no venden, sobran manos. Un círculo vicioso del que difícilmente se saldrá mientras no se adopten medidas de estímulo, algo supuestamente incompatible con la consecución de los objetivos de déficit -al menos desde la perspectiva del Gobierno-. A todo ello hay que añadir el problema que conlleva las dificultades de acceso a la financiación.

La nueva Inquisición

A determinadas edades, a los treinta y tantos por ejemplo, resulta cade vez más complicado arrepentirte de lo que hiciste el día anterior. Se supone que ya tienes plenamente desarrollado el séptimo sentido, el de prevenir las consecuencias. Pero no es fácil. La tecnología se ha convertido en el principal enemigo de la vergüenza propia, ésa que te hace consciente de tus fortalezas y debilidades y te permite, por tanto, aquilatar tus acciones para no quedar en evidencia. Cualquier renuncio, por poco indecoroso que sea, queda ‘gloriosamente’ inmortalizado por la cámara traicionera de un móvil. Te marcas un bailecito, te contoneas cual John Travolta, graciosillo, ufano, haces un ‘mal’ gesto… y zaaaas. Siempre habrá un amigo cabroncete -o no amigo pero cabroncete- que inmortalizará el momento, lo colgará ‘ipso facto’ en Facebook, Twitter e Instagram, en los tres a la vez no vaya a ser que alguien no se entere, y quedarás expuesto al mundo para que el mundo se mofe de ti. La Santa Inquisición del siglo XXI. De los reos con capirote y sambenito a la pública humillación de la fotico en internet.

Yo he sido víctima en alguna ocasión de esta pulsión irrefrenable que tienen algunos por subirlo todo. Absolutamente todo. Desde el bucólico amanecer, con la Luna y Venus alineados, hasta las cagaditas del perro, cuyas curiosas formas, sólo vistas por su dueño, revelan la vis artística del tuso. Una vis artística que, obviamente, todos deseamos conocer, comentarla y obserquiarla con el ya aforístico ‘me gusta’. Ya las digo que a mí me tocó la china en alguna ocasión. Es más. Hubo quien rescató incluso un pasaje de mi adolescencia, con la virtud de la prudencia todavía adormecida, y la publicó porque sí. Salía yo embutido en camiseta negra, con el emblema ‘Insumisión total’ en la pechera, cabello maradoniano, gafas de sol choriceras, patalón de pijama azulete y pantuflas. Una instantánea tomada hace más de veinte años, en el furor de la fiesta, recuperada y desconextualizada implacablemente a modo de gracieta. Todavía no me he recuperado del ‘choc’. Recién levantado, relajado, café humeante, disperso. Y de repente, ese cruel encuentro con un pasado que fue maravilloso, pero que es pasado y, lo más importante, me pertenece. Nadie está autorizado para recuperarlo sin mi beneplácito. No es una broma. Es una putada. Y el susodicho un cabrón. Sin paliativos.

Creo que hemos llegado a un peligroso punto de no retorno. No hay límites para la intromisión sin recato en las vidas ajenas. Se ha perdido esa maravillosa costumbre de ‘pedir permiso’. De valorar si tocar los huevecillos es oportuno o inoportuno. De ponderar, en definitiva, hasta dónde se puede llegar. Soy periodista y creo firmemente en la libertad de expresión, pero también en el derecho de cada cual a ‘vender’ la imagen -su imagen- que le interese y que más se asimile con su forma de pensar y sentir. Un anhelo incompatible con la imprudencia de los que piensan que en las redes sociales todo vale. Decía Cocteau que “los espejos deberían pensárselo dos veces antes de devolver su imagen”. Y yo añadiría: “Los capullos también”.

Ideal.es

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