Enrique V

 Dicen que la esperanza debe ser lo último que se pierda. Error. Lo último que debe perderse siempre es la ilusión. Y una de las cosas que más preocupa es que veo a demasiada gente cariacontecida. Ésta es la auténtica crisis, no la del dinero. La ilusión nos permite aventurar una vida mejor y convertirnos en protagonistas del mañana. Y sobre todo es vitamina para el espíritu. Por eso considero fundamental que el Gobierno ponga en marcha un plan de choque para recuperar la ilusión perdida. Podrían encargarle la tarea a nuestro paisano Cristóbal Montoro. Seguro que se inventaría un nombre acojonante. Él es el mejor especialista del mundo en inventarse nombres acojonantes. Ahí está, por ejemplo, su celebérrimo Plan de Medidas Excepcionales para Incentivar la Tributación de Rentas no Declaradas, un magistral circunloquio para no referirse a la ‘amnistía fiscal’. No sé… podría llamarlo Plan de Revitalización del Tejido Mental Colectivo. O mejor Programa Integral de Sinergias del Alma para Creer que el Futuro Existe. O quizá sería más atractivo, aunque algo descomedido, Estrategia Comunitaria para Salir del Agujero de una Puta Vez. Esto del titulillo no deja de ser un mero formalismo, pero siempre es importante porque da la sensación de que quien pone nombres de esta estofa, tan rimbombantes y floridos, parece que sabe mucho del asunto y así nos encontramos todos como más seguros y reconfortados. Como el anuncio de Íker Casillas.

Además, como se trata de Cristóbal Montoro, tenemos la inmensa fortuna de que los recursos económicos estarían garantizados. Que por algo, además de un reputado experto en denominaciones, este señor, orgullo de Jaén y del barrio de la Magdalena, es una de las personas que más sabe de hacienda pública. Aunque estoy pensando que tampoco lo tendría muy difícil. Teniendo en cuenta que no hay un puñetero duro y que el objetivo es “el déficit, el déficit y el déficit”, igual valdría con que sonriera un poquito de cuando en vez, al menos cuando se ponga delante de cámaras y alcachofas, y se mostrara medianamente optimista. No estoy diciendo que oculte la realidad y que venda motos. Sencillamente que se muestre un poco más dichoso. No mucho. Lo estrictamente necesario. Sin alardes. Aunque la botella esté casi vacía, que se fije en lo poquito que queda dentro. Y a ser posible, que transmita este mensaje a Mariano, Soraya y demás ‘compaes’ porque no sé si estarán dando cuenta -supongo que sí-, pero su estrategia de acongojar puede ser muy útil para ‘justificar’ recortes, tijeras y motosierras, pero son también un ‘hachazo’ para la confianza. Y ninguna batalla se ha ganado, que sepa yo, con la tropa desmoralizada.

El Gobierno tiene magníficos asesores de comunicación, aunque su política de comunicación sea un desastre. Tampoco creo que hagan falta laboriosos estudios ni mayores honduras. Basta con leer a los clásicos. Era el año 1415. En la víspera de la batalla de Azincourt, el rey Enrique V, espoleado por el discurso derrotista de su primo Westmoreland, dirige a la mesnada, exhausta y achantada, una de las arengas más sobrecogedoras de hagiografía bélica. Una proclama que el talento de Shakespeare hizo célebre en ‘La vida de Enrique V’. Los ingleses, con tan sólo 5.000 arqueros y 1.000 peones, aplastaron a los 24.000 soldados del aguerrido ejército francés. Aquella jornada quedó para la gloria. Igual ahora, en este punto, resulta que vamos necesitando ya más enriques quintos y menos westmorelands.

Los nuevos jeques

Aquella famosa metáfora que identifica el aceite de oliva con el ‘oro verde’ puede tener los días contados. Y no van los tiros por la devaluación que registra el producto de tres años a esta parte, que también, sino porque nuevamente existen indicios de que debajo de ese inmenso mar –por continuar con los símiles– de 66 millones de olivos hay oro pero… negro. Sí, el mismo de los petrodólares, los jeques y las haimas en medio del desierto. Un sueño que sólo se convertirá en realidad cuando se despeje una incógnita muy importante, que ahí abajo haya algo. De eso se encargará la empresa Oil & Gas Capital en los próximos seis años, tal y como figura en la orden aprobada ayer por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía.

La administración regional ha concedido tres permisos, uno en Sevilla y dos en Jaén, que se vinculan a programas de trabajo que supondrán una inversión total de 7,85 millones de euros por parte de los adjudicatarios. Estas prospecciones, con las que se pretende localizar yacimientos subterráneos de hidrocarburos (también gas natural), incluirán tres tipos de estudios: geológicos, geoquímicos y sísmicos. En el caso de Jaén se explorarán dos zonas. Una de 40.812 hectáreas que abarca los municipios de Baeza, Bedmar y Garcíez, Jaén capital, Jimena, Lupión, Mancha Real, Torreblascopedro, Torres, Úbeda y Villatorres. Y una segunda de 27.208 hectáreas en los términos de Baeza, Bedmar y Garcíez, Cazorla, Jódar,Peal de Becerro, Quesada y Úbeda.

Las competencias para el otorgamiento de este tipo de licencias en Andalucía le corresponde a la comunidad autónoma, como se reconoce en la Ley Estatal sobre el Sector de los Hidrocarburos de 1998. La concesión tienen carácter preliminar de forma que se requerirán autorizaciones adicionales, cada una de ellas con su oportuno trámite ambiental y de información pública. En caso de que las investigaciones se saldaran con un resultado positivo y garanticen la viabilidad del proyecto, el consentimiento para la explotación ya sí incumbe al Gobierno central, previo informe de la Junta.

No es la primera vez que se buscan hidrocarburos en Jaén. En los años 80 ya hubo alguna experiencia en Martos, en los antiguos baños de Hendionda. Posteriormente hubo un par de intentonas. Una de ellas data de noviembre de 2003. Repsol Investigaciones Petrolíferas se gastó 4,25 millones de euros en Albacete, Murcia, Jaén y Granada. Aquello causó cierto revuelo en localidades como Santiago Pontones, ya que se puso el foco en la sierra granadina de La Sagra, muy cerca de este pueblo jienense. Las crónicas cuentan que los vecinos se encontraban expectantes ante la noticia, aunque preferían ser cautos hasta que no hubiera algún hallazgo. Y finalmente no lo hubo.

Yurinka con naranja

Los de mi quinta, hijos del ‘baby boom’ y la crisis del petróleo, se reunieron hace unos días para festejar que decimos adiós a la treintena y galopamos hacia la cuarentena. Y lo hicieron como siempre se ha hecho, quedando en un bar y tomando copas como dios manda. Todavía no tengo noticias de como terminó el festival, pero estoy completamente seguro que fue de forma gloriosa. La cuestión es que el alcohol siempre ha estado ahí. Lo que ha cambiado es la filosofía a la hora de pimplarse. Antes tomábamos cubatas como un medio. Y ahora los tomamos como un fin. Soy consciente de que el planteamiento es genérico y que habrá muchísimas excepciones a la regla, pero créanme que baso mis vacilaciones en horas de reflexión, experiencias personales y profesionales y sobre todo en el enriquecedor intercambio de opiniones con los compañeros becarios. A ellos les debo muchas lecciones de vida.

Creo que esto del ‘cocimiento’ como fin es el mejor reflejo de una sociedad en la que todo se hace con demasiadas prisas. Los procesos se han acortado. Y esta celeridad tiene muchas consecuencias. Todas negativas ¿Una de ellas? Pues quedarse sin la enorme satisfacción de conseguir algo después de habérselo currado. Si llevamos toda esta literatura al terreno de las relaciones humanas, observamos que ligar, por ejemplo, ha dejado de ser un estimulante ejercicio de superación, además de un arte. Cuando yo era chaval, no hace tanto, rondar a una señorita conllevaba un plus de arrojo que requería, obviamente, perder la vergüenza. Y ahí es donde entraba en liza el ‘factor etílico’. Un par de tintorros de Modesto y un yurinka con naranja te aportaban ese punto de desinhibición imprescindible para iniciar la fase de acercamiento, la más complicada del cortejo. Una vez en el cuerpo a cuerpo, sólo ante el peligro, ya dependías de tu verbo (nunca conté con el activo del físico) y tu capacidad de seducción. Éste era (es) el aforístico ‘puntillo’, un estado de pedete lúcido que te empujaba a dar el primer paso y que luego, metidos en harina, te permitía invitarla a mirar las estrellas o recitarle al oído un poema de Neruda. En la inmensa mayoría de los casos fracasé de forma estrepitosa, pero yo nunca regresé a casa con la sensación de derrota. Y tan poco con ganas de regurgitar por acostarme calamocano. Bueno, siempre no.

Ahora nos trincamos los gin tonics como quien come pipas. Uno, y otro, y otro. Nos enmierdamos y nos ponemos pesados. Y hablamos de asuntos que son un coñazo (al menos los periodistas). Quizá tenga gran parte de culpa la música caca de vaca que se pincha en pubes y discotecas, sonidos enajenantes e insulsos que alimentan una pulsión irrefrenable a levantar el codo. Y lo que más me jode es que ya no declamamos a Neruda, tampoco observamos el firmamento (salvo cuando miccionamos en descampados) y desde luego no socializamos como dios manda. Ni en los cebollones de las tumultuosas fiestas primaverales, ni en garitos con carta de cócteles, ni tan siquiera en las verbenas de barrio, donde la cruzcampo se consume en metros cúbicos y el roce está garantizado gracias a esa sanísima costumbre llamada ‘Paquito el chocolatero’. Por eso quiero acabar hoy robándole nuevamente unos versos al bueno de don Pablo, quien también cantó al vino, elixir mágico y el mejor pretexto para las emociones. “Vino color de día, vino color de noche, vino con pies de púrpura o sangre de topacio, vino, estrellado hijo de la tierra vino, liso como la espada de oro, suave como un desbordado terciopelo”.

Los vasos de agua de José Enrique y Cristóbal

 Resulta muy curioso observar la evolución del discurso político de un tiempo a esta parte. Ahora el mensaje esta claro: austeridad, austeridad y más austeridad. Y además no basta tan sólo con decirlo, sino que hay que predicar con el ejemplo.

En este contexto debe interpretarse uno de los múltiples rifirrafes que se produjo ayer en el pleno. El alcalde Fernández de Moya sacó a colación una factura del año 2010. El papelito hacía referencia a una comida mantenida con la ministra de Cultura, González Sinde. La cuenta importó la bonita cifra de 1.027 euros para las arcas municipales.

Así que Fernández de Moya, dirigiéndose a los ediles del PSOE (en realidad lo hacía para las cámaras), soltó un ‘speech’ en el que no dejó títere con cabeza y comparó con la frugalidad actual. Un vaso de agua se tomó hace unos días con Montoro y cuando va de viaje los bocatas se los paga él.

By María Capilla de la Calle

¡Viva la democracia!

Aquí os dejo el post más fácil y menos extenso que he escrito en los tres años y medio de vida de este blog. Ahí va. Definición de democracia en el Diccionario de la Real Academia. Primera acepción: “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno”. Segunda: “Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”.

Después de una larga y tediosa campaña, después de un intensa jornada electoral y sobre todo después de escuchar, ver y leer a tantos ’espabilados’ esta mañana, lo digo alto y claro. ¡Viva la democracia!

La oración en el ‘huerto’

 No está en mi ánimo herir sensibilidades, que con esto de la crisis y la primavera todos estamos especialmente suspicaces. Pero tengo la necesidad vital de decirlo: qué ladrillazo de campaña electoral, señor. Menudo castigo. La misma previsibilidad en los temas, el mismo discurso maniqueo (y simplista) de “yo soy el bueno y tú eres el malo” y la misma escenografía de siempre (aunque con menos pirotecnia, que se supone que el dinero escasea). Pero como la naturaleza es imperfecta y la política la hacen las personas, afortunadamente siempre hay alguien con la rara habilidad de salirse del guión y que yo hoy, por ejemplo, pueda ventilarme este artículo narrándoles que ha sucedido algo distinto. Todo ocurrió este domingo en la plaza de Santa María. Candidatos y ediles peperos formaban junto a Cristóbal Montoro para la tradicional foto de familia. Detrás, imponente, la santa y apostólica iglesia catedral. Todo perfecto. Sonrisas, buen rollito, gestos de complicidad… ‘Todos para uno y uno para todos’, como los tres mosqueteros. Pero mire usted por donde que, de repente, irrumpe la edil Cristina Nestares, el verso libre del PP jienense, que se postra ante Montoro (se supone que para no taparlo) y en posición orante, con las manos entrelazadas, mira primero al ministro y después a las cámaras, componiendo una escena que, bajo mi modesto parecer, se ha convertido ya en ‘la imagen’ de la campaña. 

Les confieso que yo siempre he profesado admiración hacia Cristina Nestares. A partir de ahora me convierto en auténtico fans. Realmente este encandilamiento no viene del trato personal. Jamás he tomado café con ella. Nuestros mundos no convergen. Y si acaso habremos hablado en un par de ocasiones. Recuerdo que alguna vez me reprendió, con muchas gracia por cierto, sobre algo que escribí y que consideró inapropiado. También algún encuentro fortuito con prisas de por medio. Siempre he seguido con mucha atención sus comparecencias, pero sobre todo su inusual capacidad para no pasar desapercibida. Y además, y esto es lo importante, desde una calculada espontaneidad que la aparta de la ortodoxia de un partido, el PP, donde la lisura no está bien vista y la uniformidad es dogma de fe (y tan bien que les va). Ya les digo que Nestares no tiene nada de ingenua, pero sí un punto de deliberada campechanía que humaniza una política gris, profesionalizada y tantas veces alejada del sentir de los ciudadanos. Por eso tiene los mismísimos de plantarse delante de Montoro, la catedral y los periodistas, arrodillarse y acaparar todos los focos aunque ésa no fuera su intención (que estoy seguro de que no lo fue). O abrazarse a uno de los plataneros del Paseo de la Estación amenazados por el trazado del tranvía. O marcarse con naturalidad unas sevillanas en la feria de San Lucas. Es ella. Es Cristina Nestares.

Por eso, Cristina, te animo a que sigas siendo así. Es más, te conmino a que perseveres y que te plantees seriamente dar el salto a la corte. Cuánto me gustaría verte desempeñando cargos de alta responsabilidad. De ministra de Cultura, por ejemplo. Inaugurando ampliaciones del Museo del Prado, entregando premios literarios en el Ateneo o recibiendo a tu homóloga alemana a las escalerillas del avión. Este país, sumido en la tristeza y el desconsuelo de un futuro incierto, necesita prohombres y promujeres como tú. Originales, desenvueltos, capaces de ponerse el mundo por montera y de bailarse, si se tercia, un chotis, un rap o unas sevillanas en medio de una sesión de control al Gobierno o una recepción oficial en la Zarzuela. ‘Yes we can’, Nestares presidenta.

 

 

Papá Bruselas

Para explicar la renta de los olivareros siempre se ha utilizado el mismo ‘sistema’. De cada tres euros que entran en la casa de los aceituneros, dos los consiguen vendiendo su aceite y otro viene de Bruselas. En efecto, la repercusión de las ayudas siempre ha fluctuado entre el 30 y el 35 por ciento (ahí están los informes agrarios para comprobarlo), mientras que el mercado reportaba entre el 70 y el 65 por ciento. De ahí la enorme sensibilidad que despierta este tema entre los agricultores de Jaén. Pero esta sencilla ‘regla de tres’ ya no vale. Según los datos proporcionados este miércoles por la Junta de Andalucía, ahora el peso de las subvenciones es mucho mayor. Alcanza el 40 por ciento. ¿Por qué? Lo primero que podría pensarse es que la Unión Europea ha tenido un ataque de generosidad y ha decidido poner algún cero más (a la derecha, obviamente) del ‘cheque al portador’ que reciben todos los años unos 105.000 oleicultores jienenses. Pues no. Estaría bien, pero no. La realidad es mucho más cruda. La “cuota” sigue siendo la misma, en torno a los 410 millones de euros, pero lo que sí ha bajado de forma considerable es los ingresos que obtienen por la vía de la facturación del producto. El valor de la producción oleícola, incluidos los incentivos comunitarios, ha disminuido en Andalucía, lo que ha supuesto que en 2011 los olivicultores de Jaén ingresaran 60 millones menos que en 2010, un duro varapalo para las ‘grandes’ cuentas de Jaén, donde el agro aporta el 9,4 por ciento del Producto Interior Bruto, y especialmente para la economía de las zonas rurales, donde la subordinación hacia el monocultivo es mayor. Y es que desde 2009, que se dice pronto, el ‘oro’ verde se cotiza a precio de hojalata. Más o menos un 25 por ciento más barato que lo que cuesta producir un kilogramo.

La conclusión es que está ocurriendo exactamente lo contrario que lo que se perseguía en 2004, cuando se aprobó la última reforma de la Política Agraria Común (PAC), la que está vigente en la actualidad. Después de asegurarse una ficha financiera anual de más de 400 millones de euros hasta 2013, después de un durísimo proceso negociador en el que los grandes mecenas de la UE advirtieron que había que cerrar el grifo, después de que el propio sector se confabulara para apostar a tope por la comercialización, ahora resulta que la dependencia del dinero de la UE es todavía mayor. Con el agravante, y ésta es ‘la madre del cordero’ en estos momentos, de que se está debatiendo una nueva PAC y de que hay bastantes papeletas de que el ‘maná’ que llega hasta Jaén ya no sea tal ‘maná’. Nadie hace cuentas porque la letra pequeña de la PAC se está negociando ahora, porque la fórmula no está nada clara y porque nadie quiere pillarse los dedos. El borrador inicial presentado por el comisario Ciolos, que por cierto vendrá a Andalucía la tercera semana de abril, se traducía en un tijeretazo de unos 200 millones de euros para Jaén.

Y en este punto es cuando conviene tener muy en cuenta la opinión de la consejera de Agricultura de la Junta, Clara Aguilera, que la semana pasada estuvo en Bruselas y que sabe de primera mano lo que se está cociendo. «Yo no creo que se reduzca la asignación para España (5.800 millones de euros), pero sí puede haber un trasvase de recursos de Andalucía (y Jaén) hacia el resto de autonomías», afirmó en la capital. ¿De qué dependerá? Básicamente de los criterios que se fijen en la PAC. «De ahí que, aunque estemos en campaña -dijo Aguilera-, estemos muy atentos a lo que está pasando en Bruselas, donde se adoptan el 80 por ciento de las decisiones que atañen a la agricultura de Bailén, Mengíbar o Pegalajar». Clara Aguilera criticó duramente al ministro Arias Cañete por defender una PAC igual para todas las regiones. «Que quede claro, uniformidad es igual a recortes, porque el criterio de igualdad no es justo para el campo andaluz, con un modelo de desarrollo y unos derechos mayores que las otras comunidades», aseguró. Y es que, según Aguilera, la posibilidad de firmar alianzas dentro de España es muy complicada «porque todos los demás salen ganando». De ahí que la clave sea, a juicio de Aguilera, que la PAC marque las reglas del juego, recogiendo la excepcionalidad de Andalucía. En este contexto habría que entender la creación del Foro Europeo de Regiones del Olivar, una especie de “lobby” auspiciado por Andalucía donde se integran los trece territorios del olivar más importantes de Europa.

P. D. Extracto de la noticia publicada en la edición de papel ayer jueves.

Acongojados

Hablaba hace unos días con un compañero periodista, también buen amigo, sobre los pocos o muchos motivos que tenemos para coger la pancarta. El pretexto para estas diatribas, un tanto ‘masocas’ teniendo la ocasión de charlar de mil temas más volubles, era la capacidad de convocatoria de los sindicatos más allá de correligionarios o afectos. Yo le comentaba que me sorprendió gratamente comprobar que en la primera de las dos manifestaciones contra la reforma laboral celebradas hasta la fecha, la del 19 de febrero, había muchos ciudadanos sin adscripción. Lo sé porque los conozco personalmente. “Jorge, estamos aquí porque no quiero que nuestras hijas tengan un futuro peor que el nuestro”, me comentó un manifestante, también amigo. Ya les digo que identifiqué a más de cuatro. No puedo decir lo mismo de la siguiente movilización, la del bisiesto 29, donde yo no vi tanto ‘espontáneo’ –y me la recorrí de punta a cabo–. Creo que influyó, y mucho, el hecho de que una fuera un domingo a las once de la mañana y la otra un miércoles a las ocho de la tarde, pero también pienso –y aquí piso el primer charco– que este debate de ‘voluntarismo sí/voluntarismo no’ es pernicioso porque, realmente, estamos poniendo el foco sobre un hecho excepcional: que de cada cien delegados, afiliados o simpatizantes, haya cinco que no lo son.

La última vez que abordé este tema, con motivo de la huelga general del 29 de septiembre de 2010, me dieron las del pulpo, lo cual básicamente me la trajo al pairo entonces y me la volverá a traer ahora en el caso bastante probable de que alguien vea en mí abyectas intenciones. Pero no quiero centrarme hoy en si UGT y CC OO han perdido crédito, si el movimiento sindical está en crisis o si se contesta más a unos gobiernos que a otros, sino al auténtico fondo de la cuestión. Al paroxismo de una sociedad que vive con el miedo en el cuerpo. Despojémonos por unos minutos de los ropajes ideológicos. Abandonemos las trincheras que nos sitúan sistemáticamente ‘frente a alguien’. Y recapacitemos sobre todo lo ocurrido en estos últimos cuatro años. ¿Hay razones para levantarse del sillón? Ya me dirán ustedes. ¿Secundando el llamamiento de las centrales de clase? Por qué no. En una época en que la soberanía del pueblo se ha regalado a mercados y tecnócratas, transfiriendo el poder de decisión sobre nuestras vidas a los conventículos de Wall Street y al poderoso eje franco-alemán, estamos en todo nuestro derecho de protestar para recuperar, como mínimo, parte de la autonomía perdida. Y si tienen que chirriarle los oídos a los mandamases del PSOE, pues que les chirríen. Y si tienen que aguantarse los del PP, pues que se aguanten. El mensaje está meridianamente claro. No todo vale.

Ahora que se escuchan fanfarrias electorales, tenemos una nueva oportunidad para alzar la voz. Primero echando la papeleta en la urna y segundo dejando patente, en la calle o donde sea, que una cosa es acaparar más o menos votos y otra bien distinta pensar que se ha recibido un cheque en blanco, que es exactamente lo que está pasando. Soy consciente de que, ante la incertidumbre y el temor, los seres humanos respondemos dando un paso atrás. Pero, queridos amigos, hay quien está empleando de forma descarada este subterfugio, asustar al prójimo –’realismo’ lo llaman–, para arrebatar la aspiración legítima que todos tenemos a dormir en paz y, a ser posible, vivir en un estado (con minúscula) de bienestar. Pues quizá ha llegado el momento de decirlo alto y claro: no.

Hacia el precipicio de los 100.000 parados

 Que el paro suba mucho en febrero no es algo excepcional. Antes de la crisis subía ‘mucho’ y ahora, en plena crisis, sube ‘muchísimo’. Ya se imaginan. La aceituna. Se trata de la campaña agrícola en la que se concentra una mayor demanda de mano de obra en menor periodo de tiempo. El campo genera mucho trabajo pero, una vez finalizada la recolección, la inmensa mayoría de esos jornaleros regresan a donde vinieron. O sea, a la cola del Servicio Público de Empleo (SPE). Por eso Jaén encabezó el aumentó del desempleo el mes pasado. La cifra de demandantes creció en 8.402 personas, lo que significa un 15,9 por ciento más que en enero, cuando el globo ya comenzó a desinflarse –la variación positiva ya fue del 9 por ciento respecto a diciembre–. Hasta aquí llegaríamos si nos quedáramos con la fotografía estática. Pero el análisis conviene hacerlo de forma dinámica pare ver, realmente, donde estamos y que está pasando en el mercado laboral de Jaén. Y lo que está ocurriendo es que más allá de los dientes de sierra provocados por la ingente tarea de recoger el fruto de 66 millones de olivos, lo cierto es que si nos fijamos en el último año, Jaén figura igualmente como la provincia que más parados suma, salvando la excepcionalidad de Ceuta. El SPE cuenta ahora con 9.485 inscripciones más que hace doce meses. Un 18,32 por ciento más en términos relativos. Ahora mismo se contabilizan la friolera de 61.266 jienenses ‘sin oficio ni beneficio’, lo que traducido a términos EPA nos sitúa ya probablemente más cerca de los 100.000 desempleados que de los 90.000. Éste es ‘el mar de fondo’.

Pero conviene seguir leyendo la letra pequeña. Si seguimos cotejando la situación actual con la de hace un año, observamos que hay un número considerablemente mayor de parados en todos los sectores, la mejor evidencia del enorme deterioro de la economía de Jaén. Detengámonos en la agricultura por su peso en las cuentas del territorio –aporta el 9,2 por ciento del Producto Interior Bruto de Jaén– y porque es clave para la subsistencia de la mayoría de municipios. Hemos pasado de 7.775 desempleados en febrero de 2011 a 9.451 en febrero de 2012. Un 21,6 por ciento más. ¿Por qué? Pues tan sólo hacen falta cuatro ‘clicks’ en el ordenador para entenderlo. Echamos un vistazo a la página del Pool Red y rápidamente encontraremos la solución. A pesar de que el precio del aceite ha mejorado unos diez céntimos esta semana, el kilogramo se cotiza a unos paupérrimos 1,77 euros. El producto del que comen de forma principal o secundaria unas 110.000 familias de Jaén presenta una depreciación crónica desde hace tres años. A los agricultores no les salen las cuentas y han optado claramente por recortar gastos, empezando por el capítulo de personal. Sí, han precisado muchos brazos para las tareas de recogida, pero han minimizado las labores de mantenimiento –ahí está la caída de ventas de fitosanitarios para comprobarlo–.

Otra señal evidente de la atonía de la actividad productiva es el volumen de contratos. En los dos primeros meses se contabilizan 95.512, cuando en idéntico intervalo de 2011 se computaban 128.913. Un 25,9 por ciento menos. Y lo peor de todo es que esta inactividad, que tendrá lógicamente su reflejo en el Inem, irá a más en el corto plazo. Así lo reconoce el Gobierno en sus previsiones marcroeconómicas para 2012 –estima 630.000 desempleados más– y en el propio texto del real decreto de reforma laboral, publicado en el Boletín Oficial del Estado, y así lo entienden también los sindicatos, que han montado tres manifestaciones en un mes –la próxima será el día 11– y que el jueves que viene convocarán oficialmente una huelga general para el 29 de marzo. La musiquita ya les sonará. Las empresas que encadenen tres trimestres consecutivos con menos ingresos podrán despedir por el equivalente a veinte días y doce meses, un escenario más que probable para sociedades mercantiles y negocios de autónomos en un contexto de recortes y de caída del consumo. La patronal CEOE ha mostrado su confianza en que en un plazo de entre seis y nueve meses la nueva normativa laboral, que entró en vigor el 12 de febrero, empiece a tener efectos benéficos.

Olivareros a la gresca

 El olivar, otra vez a la gresca. Y en este caso no son las organizaciones agrarias quienes andan con disputas, como ha sucedido históricamente, sino las propias cooperativas, que han pasado de competir en justa lid en el mercado a recriminarse delante de los focos. Las hostilidades las ha desencadenado el almacenamiento privado. O mejor dicho, las ayudas al almacenamiento privado. ¿Qué ha pasado? Pues que ‘la parte del león’ se la ha llevado Hojiblanca, a la que acusan de utilizar este instrumento para «ingresar en sus bolsillos 9 millones de euros».Lo dice, aunque sin citar expresamente a Hojiblanca, la Asociación de Industrias del Aceite de Oliva y Aceituna de Mesa (Ania) y lo corrobora, también sin referirse directamente a Hojiblanca, Interóleo Picual Jaén, dos entidades estrechamente unidas –tanto es así que Interóleo, la plataforma de comercialización de graneles ‘made in Jaén, fue promovida por Ania–. ¿Y cómo se ha embolsado Hojiblanca esos 9 millones? Pues pujando a la baja. «Estas cooperativas –indica Ania en un comunicado– han utilizado el sistema en beneficio propio, ya que las solicitudes, con valores inferiores (0,45 euros), han puesto en peligro de extinción el único medio de regulación del mercado».

Y es que, en función de las plicas recibidas, la Comisión Europea determinó el pasado viernes conceder una subvención durante 150 días de tan sólo 0,65 euros por tonelada. Exactamente un 50 por ciento menos que los 1,30 euros que se determinaron las dos últimas veces que se puso en marcha este mecanismo (2009 y 2011) que consiste, básicamente, en la retirada de producto de la circulación mediante la concesión de un incentivo, a fin de propiciar un déficit de oferta que permita, teóricamente, la apreciación del aceite de oliva. Las aceiteras concurrieron de forma masiva a esta ‘subasta’, hasta el extremo de que sólo Jaén, con 150.000 toneladas, ya cubría el tope de 100.000 fijado por Bruselas. Se ‘ha tirado’ tan bajo que de los 20 millones presupuestados, tan sólo se han cubierto 10 millones, por lo que organizaciones como Infaoliva y Faeca han requerido a la Comisión que active otra vez el almacenaje privado para que esos 10 millones ‘ahorrados’ lleguen hasta el sector. La Consejería de Agricultura de la Junta ya se ha dirigido al Ministerio de Agricultura para que la Comisión obre en consecuencia.

Hojiblanca, que tiene una fuerte implantación en Jaén con 21 cooperativas vinculadas y 60.000 toneladas de producción, no comparte, como es lógico, nada de lo que se está diciendo. «No entendemos las críticas porque todos hemos optado en igualdad de condiciones y con las mismas reglas del juego», señalan. «Protestan los que se han quedado fuera o los que están por debajo de corte y no son adjudicatarios», señalan fuentes de Hojiblanca, quienes, más allá de los debates territoriales, también afirman que este dinero beneficiará a sus 94 aceiteras asociadas en toda la comunidad andaluza, «incluidas las 21 de Jaén, que están muy satisfechas». Hojiblanca dice que su estrategia ha permitido que exista una segunda oportunidad para que se abra otra vez el almacenamiento y esos 10 millones no se pierdan.

Ideal.es

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.