Jaén ardió por los cuatro costados en un aquelarre infernal. Los autobuses amanecieron con toda las ruedas pinchadas, patas arriba y calcinados hasta resultar irreconocibles; los comercios destrozados y arrasados, y el pánico se adueñó de toda la ciudad. No entiendo tantos excesos, tanta beligerancia, si los derechos de los trabajadores están ahí, inamovibles, esculpidos

