
Son las obras del santiamén. La reforma de la plaza de la Catedral van que echan hostias. Recuerdo que una empresa ofreció hacerlo en quince días y casi la lapidamos. Pues la actual tiene que hacerlo en dos meses, campanas sobre campanas y sobre campanas una, que hay que retransmitir las uvas desde la nueva ‘plaza mayor’, que estamos en año electoral. Ayer, en una punta colocaban magníficos bloques de granito mientras que en la otra vertían sobre la calle Campanas, campanas de Belén, aguas fecales de lo más pestilente. La ascensión espiritual de toda escalinata y el hedor más mundano y terrenal.
Ayer fue también un día Unesco, de bailar por soleares las excelencias de nuestro aceite mientras hacemos ‘castells’ en el aire y cantamos como en las iglesias mallorquinas para que nuestra Catedral sea también, pronto, Patrimonio de la Humanidad. Una línea invisible pareció unir ayer al mediodía la reunión de la Unesco en Nairobi con la plaza de Santa María, en donde a esa hora la alcaldesa repetía que el arquitecto Salvador Pérez Arroyo ofrecerá el próximo día 6 de diciembre, en la Universidad de Cracovia, una conferencia a expertos en patrimonio histórico que ha titulado ‘La plaza de Jaén y la línea invisible’.

