
Cada vez que llega una cita electoral me acuerdo de una historia, verídica que diría aquel, narrada por el irrepetible cronista parlamentario Luis Carandell. Le sucedió a un periodista gaditano, Félix Azzati, que a primeros del siglo pasado se presentó a las elecciones por el partido republicano de Blasco Ibáñez: “Preparó bien su campaña, tanto en la ciudad como en la huerta. Una de las personas a las que visitó era un labrador al que él había hecho muchos favores. Azzati obsequió a su elector con un cigarro y le dijo que pesperaba obtener su voto como en anteriores elecciones.
-No faltaba más, don Félix -le respondió el labrador-. Cuente usted con mi voto.
Estuvieron charlando un rato y, antes de que Azzati se despidiera, el labriego le prEguntó.
-Dígame, don Félix. ¿Qué día quiere que vaya a depositar mi papeleta en las urnas?
-Pues, ¿qué día va a ser? El de las las elecciones, el domingo que viene -respondió Azzati.
-El domingo… El domingo no puede ser porque estoy comprometido con otro. Pero el lunes, o el martes, cuente usted con mi voto. ”
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