Los plenos del Ayuntamiento de Jaén nunca han sido tan divinos. En el anterior mandato hubo alguna señal, como cuando José Luis Cano acusó de fariseos a quienes se abrazaban a los árboles del tranvía. Pero en éste, rara es la sesión en que no se invoca el nombre de dios, a menudo en vano y para los asuntos más terrenales. En la última, por ejemplo, salió a relucir por la moción de Izquierda Unida para que la Iglesia pague el IBI, como todo cristiano.
El PSOE le puso una vela a dios y otra al diablo, aunque por lo visto en el próximo pleno tendrá que definirse. Y el ungido gobierno municipal, del PP, rechazó la medida por antisocial, dada la labor humanitaria que realiza la Iglesia. Y, por añadidura, acusó a la portavoz de IU de realizar un ataque «anticlerical», llevada por la «obsesión» que tienen los «comunistas» contra la religión. A lo que Isabel Mateos, desde la soledad eremita de su escaño, contestó que ni lo uno ni lo otro: o sea, que es cristiana, pero de base, y que no está afiliada al PCE, pero que se lo está pensando con tanto martirilogio.
Pero la inspiración divina es como al rayo que no cesa y el pasado martes, a propósito del balance del primer año de gobierno, fue Mateos la que echó mano del devocionario para lamentar que al equipo de gobierno le gusten tanto los homenajes a la Virgen pero no tome nota del ‘El Magnificat’, que el cántico u oración que dijo María cuando se encontró con su prima Isabel, embarazada de Juan el Bautista, y ésta alegó que quién era ella para que la madre del Señor la visitara. A lo que la Virgen contestó: «Mi alma canta la grandeza del Señor que… desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de sus tronos, y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías» (toma ya), recitó la portavoz en mitad de la rueda de prensa.
Y es que, los caminos de la política, como los de la ministra Báñez y su rogativa a la Virgen del Rocío para que acabe con la crisis, son inescrutables.


