Con el solsticio de verano vivimos los días más largos. Que se lo digan a nuestros próceres, con dificultades para recordar lo que dijeron a primera hora de la mañana, en este país de dijediego, de hablar en borrador y de cierre usted esa puerta, que me distrae. Los días son más largos que un día sin pan en el Ibex, y la prima es mobile, qual piuma al vento.
Después de varios años de recortar, ya no hay más tela. Ahora toca lo intocable. El alcalde de Jaén ya lo dijo, ante el creciente malestar de los empleados municipales: «Va a ser un año lleno de conflictos; aquí y en el resto de España».
El que más y el que menos ya lo sabe. La foto del momento histórico la ofrece la Junta. El PP critica en Sevilla lo que hace en Madrid, el PSOE culpa al Gobierno de unos ajustes continuidad de los suyos, e IU hace de tripas corazón y se deja jirones a las primeras de cambio, solicitando la absolución porque ha minimizado el daño (la foto de Valderas y Gordillo con el ‘dedo acusador’ es de 2001).
El debate ya no son las tijeras sino su tamaño, dirección y discreción. Los que quieren hacer con el Welfare State un traje de baño proclaman que todos recortan por igual, y los que quieren un patrón social con más hechuras cantan que no es lo mismo, ser justo que ¡qué justo te va!.. y que vale, que a lo mejor me lo merezco…
El buen paño, en el arca ya no se vende. Y ahí el PP gana a lo España-Irlanda, curtido en el desahucio de ZP de la Moncloa. La capacidad de sus ideólogos para colocar el argumentario, de innovar la lengua y de traducir los dictados de Merkel en entusiasmo mariovaquerizo es digna de encomio. Un parquecito junto a La Salobreja se convierte así en parque de atracciones, y un real decreto del Gobierno para facilitar la apertura de negocios, en decisión propia de cada consistorio.
Las elecciones están lejos, pero hay quien vive en campaña permanente. La culpa de lo malo es siempre del otro. La inmolación de ZP («me cueste lo que me cueste») resulta hoy romanticismo torpe y trasnochado, pues vivimos en el disimulo de Antequera: con la cabeza tapada y el culo fuera.


