OPINIÓN
TRIBUNA ME produce sonrojo comprobar como las distintas cadenas -públicas o privadas- de televisión españolas se afanan en financiar y programar desafortunadas imitaciones de series producidas en Estados Unidos que, por cierto, es el lugar donde mejores y más originales guiones televisivos surgen a lo largo de un año, atravesándose en estos momentos una época dorada si consideramos las últimas series tales como ‘House’, ‘Mentes Criminales’ o “‘Los Soprano’, entre algunas otras. Sin embargo, son productos que sólo pueden tener vida propia en aquel país, tanto contextual como vitalmente, con independencia que por aquí reconozcamos que algunos de esos trabajos tienen calidad. Si allí producen ‘Urgencias’, España produce ‘Hospital’; si allí producen series de situación sobre matrimonios, con hijos o sin hijos, treintañeras al borde de un ataque de nervios, pandillas de pijos que observan el mundo como una amenaza desde su mansión en la órbita de las «edge cities», cómo no, España también. Además lo imitan casi todo: sus ropas, sus gestos, sus expresiones. Es decepcionante. Luego, te acabas preguntando sobre qué fue de aquellas grandes series hechas en España, puramente centradas en nuestra historia y nuestra literatura, hechos y personajes como Miguel Servet, aquel ilustre aragonés, insigne humanista, helenista, médico, teólogo, filosofo y un largo etc., condenado por la Iglesia Católica y quemado vivo en Ginebra cuando corría el año 1553, por petición del reformista Calvino. Aquella serie fue interpretada por un espléndido Juanjo Puigcorbe, que luego ha tenido que hacer de todo para sobrevivir en el cada vez más difícil mundo de la escena y el cine español. Series como Severo Ochoa, quizá el científico español más universal, interpretado también magníficamente por un Imanol Arias, fiel como nadie a la escena española. O aquella sobre Ramón y Cajal protagonizada por un formidable Adolfo Marsillach. O la siempre magnifica versión de ‘El Quijote’, interpretada por el irrepetible -y uno de nuestros actores más internacionales-, Fernando Rey en el papel del hidalgo D. Alonso Quijano, y un infalible Alfredo Landa en el papel de su fiel escudero Sancho. Serie que contó con la brillante dirección de Manuel Gutiérrez Aragón, el guión de Camilo José Cela, y un lujo de fotografía a cargo de un genial Teo Escamilla, más conocido en Hollywood que en nuestro país. O bien, la excepcional serie ‘La Regenta’, basada en la novela del mismo título del sin par Leopoldo Alas ‘Clarín’, que tan bien supo reflejar el ambiente social de la imaginaria Vetusta. Un espíritu de Oviedo que tan sutilmente supo recoger el autor y que es visible cuando uno visita esta hermosa ciudad del norte de España, sin olvidar la versión televisiva de la obra cumbre del recordado Gonzalo Torrente Ballester ‘Los gozos y las sombras’, situada en un lugar imaginario de su Galicia profunda y que a pesar del florecimiento ideológico y cultural de la II República los moldes caciquiles seguían campando sin mesura. Parece que en los últimos tiempos ha cesado algo esa dinámica clonada, en pos de una producción más personal del tipo ‘Cuéntame’, que con su mayor o menor acierto, cuenta y narra los hechos de una España que se fue metamorfoseando a medida que iba avanzando el franquismo, hasta la muerte física y espiritual del dictador. No obstante, se siguen echando de menos producciones como las citadas. Series que están en la videoteca de la televisión pública estatal y que nadie se atreve a reprogramar pensando que la audiencia ya no quiere ver estas cosas o porque ya no son rentables, y sí lo son la vergonzosa emisión de cientos de programas que hurgan en lo más ruin de la condición humana sin pudor ni respeto hacía audiencia alguna, que en el mejor de los casos acaba por apagar el televisor y en el peor zapea convulsivamente a medida que se va alienando como espectador y como persona, sin descartar que existe un sector de población que sigue con incomprensible interés estas emisiones. Y para mayor escarnio toda esta degradación televisiva está sostenida con fondos públicos en el caso de la cadena estatal o autonómicas. Ese es el panorama actual. Hoy día, estas series a las que me refiero sólo tienen salida a través de video o deuvedé. Tuve la suerte de poder hacerme con la colección antes citada de la versión de ‘El Quijote’ gracias a una iniciativa de una revista literaria y porque no encontré colas en los kioscos para adquirirla. En una ocasión envíe una carta a televisión española para que repusiera estas series, e incluso, me molesté en redactar una larga lista de ellas entre las que incluía las aquí citadas, pero la misiva se aderezó de un largo y profundo silencio, que es la forma de acusar recibo que existe en este país cuando algo es indeseado. |

