Luís Seco de Lucena y el arzobispo Meseguer. Hace unos pocos años, cuando preparaba en la Casa de los Tiros la exposición Seco de Lucena, de la que fui coordinador -detesto la palabra comisario-, entre los muchos papeles que aparecieron y que hubo que seleccionar, surgió uno que inmediatamente me llamó la atención. Se trataba

