El precio de la libertad.
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Aquella madrugada del 30 de agosto de 1989 aparentaba ser la de un día cualquiera, pero no, Fonso se encontraba totalmente insomne. Eran las cuatro de la madrugada y su vida daría un vuelco , un cambio de consecuencias impredecibles.
Atenazado por unos nervios que parecían de acero, cogió su hato y demás enseres para introducirlos en el maletero. El coche se encontraba en perfecto estado de revista; al fín y al cabo era casi su única pertenencia.
Su viaje, ¡ maldito viaje !, era más que esperado, pero no por ello lo hacía de forma rabiosa y desesperante. Iba acompañado por su progenitor (qué importante puede ser un padre en los momentos trascendentes de la vida) y por su hermano menor, un chaval quinceañero, imberbe, pero de un carácter maduro y valiente.
Antes de partir, escuchó -¿ llevas la orden de ingreso ?- ¡sí ! contestó Fonso.
Fue un viaje largo, tenso, exasperante, silencioso. Las palabras brillaban por su ausencia.
Al fín llegaron a su destino. Serían las nueve de la mañana y la Gran Ciudad presentaba una iluminación especial, entre un azul celeste impactante y un gris pardo irritante. Extraña y oportuna mezcla de colores y sensaciones.
Tras un mal desayuno se dirigieron a la búsqueda del detestable punto de encuentro. El frescor mañanero no podía evitar ese sudor frío y transparente en la piel de Fonso.
Tras voltear las inmensas calles y los extensos barrios de la metrópoli, por fin consiguieron divisar el gran complejo. Enorme e imperante complejo que reinaba rodeado de un erial, triste y patético.
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Madrid I lo llamaban los "unos". Cárcel represora y esperpéntica del régimen franquista, la llamaban los "otros". Ciertamente, se trataba del maléfico pero imponente Centro Penitenciario de Carabanchel.
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Fonso creía desfallecer. Apretó los dientes y se dirigió a su encuentro.
Fonso era un joven de apenas 24 años, pero bien curtido en situaciones tensas e inverosímiles, pero ¡ tan reales ! ¡ tan duras ! ¡ tan insensibles !
Era un día tan, tan distinto. El infortunio le obligaba a ingresar en aquella "casa del infierno". Los motivos: aparentemente triviales. Las causas: provocación, indefinición, desesperación, el cambio, la torticera vida.
Acceso de entrada: un Guardia Civil, metralleta en mano (en realidad era un fusil de asalto Cetme LC, 5,56 mm. nato). Fonso había sido militar. Quiso ser militar.
¡ Alto a la Guardia Civil ! -verbalizó el agente-.
Unas gotas de gélido sudor envolvían en salitre las mejillas de Fonso. Su cara, su piel, se tornaron de un pálido diferente. Ni siquiera Vincent -Van Gogh- hubiera acertado al escoger los colores. ¡O quizás sí ! ¡ quién sabe ?
Fonso, mostró la orden de presentación e ingreso. El "benemérito" agente puso unas pocas, pero parcas palabras de tranquilidad y, ante la palpable tensión. Se hizo un pequeño silencio -parecía insoportable-. No obstante, el ambiente dejó de ser tan irrespirable.
Tras un minucioso registro del vehículo, le ordenó que pasara al interior del recinto penitenciario. -Siga hasta el final y aparque en el descampado del margen derecho. Diríjase a continuación a la siguiente puerta de acceso y muestre la documentación al funcionario-.
Allá se dirigió. Los baches y socavones hicieron que pareciese un trayecto interminable. En aquella otra puerta se encontraba un mastodóntico y horripilante funcionario, aunque sus formas y palabras transmitían incertidumbre.
¿ Eres de nuevo ingreso ? -espetó-. ¡ Sí ! , contestó Fonso. Pasarás al módulo de observación y reconocimiento. Allí te asignaremos cama y taquilla.
Pero, ¡ vamos a ver ! , la orden especifica que tu presentación puede ser hasta las 12 de esta noche. Suelta los bártulos cuanto antes y márchate a donde quieras; aún tienes 14 horas de libertad. Aprovéchalas, pero ¡ vuelve !
Fonso se adentró en aquel apestoso y nauseabundo módulo, en donde los olores desgarraban hasta la pintura de las paredes. Sus ojos contemplaban la soledad, pero también el silencioso escarnio de quienes por allí observaban.
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Abrió la chirriante puerta y - ¿ era un campo de concentración ?- , peor aun, era un vertedero de basura, de mierdas por doquier, un acúmulo de literas oxidadas, de bolsas mal olientes, de paredes tiznadas e impregnadas de miseria. La miseria humana.
Uno de los internos le dijo: -escoge la cama que te venga en gana; pasarás, tan sólo, unos pocos días en esta antesala del infierno. ¡ Ah, y hazte con la litera de arriba ! -
Curiosamente -o no tanto-, todas las camas inferiores se encontraban desocupadas. Los zapatos y botas colgaban como bolsas suspendidas.
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-Si duermes abajo, te morderán las ratas, ¿ te enteras, tronco ? ; y no dejes los zapatos en el suelo, tan sólo servirían de cama-refugio para los ratones y demás especímenes.-
Fonso soplaba y suspiraba en la desolación. ¡Qué mal sueño ! ¡ qué pavorosa y horrible pesadilla !
Allí encontró una litera y una taquillas totalmente vacías. Dejó su hatillo y sus humildes enseres, y sin dudar un instante, puso pies en polvorosa.
Parecía el día más triste de su vida.
Quedaban unas cuantas horas para la presentación definitiva y debía de aprovecharlas.
La libertad no tiene precio.
Tenía la gran fortuna de estar acompañado por sus familiares. Sus presencias y apoyo eran impagables, inolvidables.
Salieron todos al encuentro de un Madrid relativamente tranquilo, de finales de agosto, pero que empezaba a emerger en la efervescencia del inminente septiembre. Por fín, Fonso podía inspirar y espirar: ¡ respirar !
Paseo del Prado, Cibeles, Puerta del Sol, Palacio de Oriente, Puerta de Alcalá, Plaza de España. Un larguísimo y agotador paseo.
Fonso no sabía qué hacer ni qué decir. Pasaban las horas y su menguada fortaleza se venía, cada vez, más abajo. Saltaron las primeras lágrimas en sus ojos. No podía aguantar más: un desgarrador e insonoro llanto invadió su rostro. Era tanto, tanto el dolor, la impotencia y la desesperación.
Se hizo de noche y encontrábanse en Plaza de España. Sus imponentes rascacielos empequeñecían aún más el abatimiento de Fonso. El silencioso llanto no cesaba ni dejaba traspasar palabra alguna.
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Y, llegó la despedida. Su padre y su hermano debían retornar. El momento y la situación se hicieron indescriptibles. Fonso se quedaba solo; solo, ante tanto cemento y rodeado de tristeza, de penuria. Aún le quedaban 3 horas para entrar en el infierno y tenía tiempo; pero ¿ tiempo para qué ?
Se dispuso a caminar -caminando se hace camino- y sin saber cómo ni por qué apareció en una céntrica calle, era la calle de la Princesa (aquella de "los labios de fresa", como la cantaría Sabina). Entró en el primer bar que encontró. En su interior, había una docena de personas charlando tranquilamente. No lo dudó, pidió una buena cerveza y unas pocas aceitunas, aparentando ser "uno más". Su consternación estaba ahí, pero la consumición amainaba el malévolo temporal.
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Fonso pensaba y repensaba ¿ qué será de mí a partir de mañana ? . Dudas e incertidumbres en un alma profundamente dubitativa.
De repente, y por la puerta del establecimiento accedió una persona a su interior. Era un hombre cuarentón, de barba densamente poblada y parcialmente canosa; tenía coleta y su aspecto físico reflejaba una humildad y limpieza impecables. En sus manos portaba una especie como de baraja de cartas. Este intrigante y enigmático caballero se dirigió directamente a Fonso. Le miró a los ojos con mucha benevolencia. Fonso estaba aturdido, sorprendido y desconcertado.
¡ Toma ! -le dijo-. Lee y tranquilízate. Mañana será un día diferente y la luz brillará en tu vida, más que nunca. (y le entregó una carta de la supuesta baraja).
Sin entretenerse con nadie más, este enigmático personaje marchose del lugar y con rumbo desconocido. Fonso intentó darle alguna moneda o cruzar algún tipo de palabra, pero le fue imposible. Había desaparecido.
¿ Quién era aquella persona que sólo se había dirigido a él y para entregarle una carta de baraja ? ¡ Nunca lo sabrá !
Fonso, empezó a leer el contenido de aquella supuesta carta. Contenía una escueta frase y una poesía. El poema -de autor desconocido- era algo más que un consuelo, contenía datos de profecía y palabras iluminantes. Era la primera vez que sonreía y después de tantos días. Nunca había leído algo tan maravilloso e inédito, y cada vez que lo volvía a leer, a releer, su sonrisa se hacía más amplia.
¿ Qué decía el poema ? ¿ sería un ángel ?
Desde luego que, aquel fue el "instante mágico" del día. El Instante Mágico de su vida.
Fonso ya no estaba triste. Aquella noche, por fín, pudo cerrar los ojos y soñar.
La mañana siguiente: 31 de agosto de 1989. El sol brillaba como nunca lo había hecho hasta entonces. La pesadilla parecía terminar. La luz y la vida volvieron a invadir a aquel demacrado ser, a esta sufrida alma.
¡ Aquella carta , aquel ángel ... ?
En los peores momentos de tu vida, siempre habrá un ángel que saldrá a tu encuentro. Quizás no lo reconozcas y tus ojos te cieguen la mirada del alma, pero notarás y sentirás su presencia.
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Sobre este blog
La rosa del desierto
alfa7987La "Rosa del Desierto" es esa flor tan desconocida como admirada, que todos queremos conseguir entre la inmensa arena que cubre y nubla este mundo, tan injusto e insolidario, pero siempre ilusionante.
Espero que todos, tanto mis amigos como yo, podamos seguir el camino que nos haga encontrar la auténtica ROSA... la del DESIERTO...la de la FELICIDAD.
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25 comentarios · Escribe aquí tu comentario
Lía Vega Erao dijo
¿Existió ese Fonso?.... Hombre sabio... Dura historia... ¿Tenemos todos un ángel?
rigolettobloguero dijo
¡Qué situación! Qué época. Qué fracaso lo de la reinserción de los presos...
Un abrazo, Alfa. Dices que estoy participativo. Lo estoy cuando pillo ordenador en mi casa, pues mi hijos han pillado uno cada uno y no hay forma.
Rigoletto
El Foces, mediatizado dijo
Alfa que historia tan, no se, me pone nervioso. Y menos mal que pudo salir un rato, lo que es ahora si entras, no veas lo dificil que es salir. Nas controles y mas rejas ruidosas que la ostia...
He visitado mucho las dos carceles de Granada, actos, cursos... Mi suerte? que no era "reo". Pero una vez y por mi "nala cabeza loca y colorá" por los 70, estuve dia y medio en un sotano de la comisaria de la calle Navas. La virgen!!! Al cabo de algunas horas, entre la poca luz y el poco aire, el pestazo a guarreria y la mala voluntad de los guardias... llegue a dudar de que saldria de alli. Pero sali y aqui estoy. Lo que son las cosas, el bocadillo de tortilla que me trajeron me supo a gloria.
Alfa79 dijo
Lía, pues sí existió y existe ese tal Fonso. Es alguien que tuve/ que tengo muy próximo; y además "casi" toda la historia está basada en un hecho real. La ficción en el relato apenas llega al 10 %.
Creo que "todos/as" tenemos un ángel, pero ¡ son tan difíciles de distinguir !
Normalmente, sólo te apercibes de ellos cuando ya se han marchado. Pero están ahí.
Alfa79
Jesús Lens dijo
Recuerdo a una amiga que fue de visita a una cárcel y me comentó que pocos sonidos la habían impresionado tanto en su vida como el que sintió cuando la puerta de la prisión se cerró a su espalda. Y eso que era ella de las "buenas" e iba a salir pasadas un par de horas.
Espléndidamente perturbador, Alfa.
Alfa79 dijo
Rigoletto, el relato en cuestión trata sobre unos hechos reales ocurridos hace 19 años. La reinserción es tan difícil como quitar el hambre y la miseria en el resto del mundo. No existe verdadera voluntad.
Y es verdad que te veo bastante más participativo y me alegra mucho. Será que de tanto descanso en la playa, pues vienes con mucha hambre de "ordenata".
Foces, he contado la historia tal cual se produjo (he variado algunos pequeños datos). Afortunadamente, el final fue feliz y supuso un cambio brusco y muy positivo en la vida de "Fonso". Pero esa, esa será otra historia.
Menos mal que sólo estuviste poco más de un día en aquella comisaría. No me lo quiero ni imaginar. Entonces (en los años 70 y con Franco) todavía daban "traca" y "tela marinera".
Afortunadamente, hoy estamos en una gran e inmejorable época (con sus defectos, por supuesto).
Yo conocí la cárcel de Carabanchel (por fuera, claro), pero aquello era repugnante, patético, indecible. Menos mal que ya la cerraron. Y sin embargo, ahora sirve de refugio para mendigos, yonkis e inmigrantes.
Salud amigos. Alfa79
El Foces dijo
Tuve un angel en la "mili" era gaditano, aficionado al boxeo y algo bizco, no recuerdo su nombre, puta memoria... Otro angel? Pues como no fuera el que me trajo el bocadillo de tortilla... que yo crei que era guardia y no...
Ya, angeles "patudos", los de cabeza y alitas pero con patas... de esos si he conocido algunos pero se volvian patosos.
Alfa79 dijo
Jesús, los sonidos de una cárcel son distintos, diferentes. Hasta sus silencios estremecen al más fuerte.
Un día soltaré un post sobre los sonidos y los silencios de una cárcel. Sorprenderá a más de uno. Incluso te diré que, las perturbaciones han llegado a producirse "desde el más allá". ¿ Creíble ? ¿ increíble ?
Salud. Alfa79
Lía Vega Erao dijo
La falta de libertad de expresión es, a veces, más dura que la falta de libertad física. Cuando me coartan esta última, me duele la cabeza, pienso, pienso, pienso... y me jode, y me muerdo la lengua y me salen llagas y me duele aún más la cabeza.
Supongo que pienso esto porque la única vez que me han quitado mi libertad física fue de pequeña que me castigaron en mi habitación sin salir durante una hora, sentada en una silla. Odié esa silla durante mucho tiempo.
alfa7987 dijo
Foces (a secas): los ángeles no tienen porque llevar "alas" ni repartir estampitas celestiales. Yo, como laico y agnóstico, pues identificaría a un ángel como aquella persona que me ayuda en el día a día, me da ánimos cuando estoy decaído, me dice gracias (aunque no las merezca), me pide perdón (cuando yo soy el pecador), me escucha (aunque yo mire para otro lado).
Un ángel, puede ser aquel compañero de la mili o cualquier persona que está ahí, aunque sólo sea durante un pequeño rato.
Lía, verás que el post se llama "el precio de la libertad" y mi intención era recoger todo tipo de libertades. Es verdad, que la libertad sicológica, -cuando se pierde-, puede ser incluso más dura que la física. Sin embargo, cuando falta la libertad en dichos ámbitos, nos quedamos desvalidos y a rastras.
Y aquí, son tan importantes nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros semejantes: ¡ nuestros ángeles !
Gracias -miles- por vuestros comentarios. Alfa79
Claro dijo
Alfa, enhorabuena por este post. Sin duda, la libertad es el bien más preciado.
Me gusta esta cita: "Donde mora la libertad, allá está mi patria." Benjamín Franklin
Alfa79 dijo
Claro, gracias a tí por estar aquí.
Sí es verdad que la libertad es algo tan preciado como -a veces- inapreciable (cuando la tienes). También he querido reflejar la soledad del "penado" y el optimismo ante el futuro. Y es que el futuro no depende sólo de nosotros. Todos necesitamos de libertad, de alegría y de compañía.
Saludos. Alfa79
Nefer dijo
Vaya historia Alfa, me ha impresionado... la frase del final, la de la carta me ha encantado.
Saludos
alfa7987 dijo
Nefer, ante todo, muchas gracias por leer esta historieta.
La frase final a la que aludes es una improvisación -aproximada a aquel momento- y que ha hecho el autor de este post.
Qué difícil es saber distinguir la realidad de la ficción.
Me alegro que te haya gustado.
Saludos. Alfa79
Twister dijo
La carcel de Carabanchel, una mierda que vendían para la reinsercción de la gente mal vista por aquellos que gobernaban, no servía para nada, sólo para provocar dolor.
Saludos
El Foces - esmerilado dijo
Sera verdad que el "coco" olvida las cosas malas? Que no me acuerdo de ningun mal modo fisico en mi estancia en calabozo pero me extraña que ningun empujon? por lo menos...
Esas horas sin libertad debieron ser terribles pero me compenso el fatalismo. Un paliativo. Habia mucho fatalismo en aquellos años y un sentimiento de culpabilidad, a lo Prieto.
Alfa79 dijo
Twister, ¡ qué alegría verde nuevo por aquí !
La cárcel de Carabanchel fue la más grande de España, pero la que menos presos reinsertó. Primero fue un centro de represión política y después -en democracia- se convirtió en campo de miserias humanas. La droga, la delincuencia social y la desesperación campaban "libremente" por sus módulos.
Foces, ¡ espero que estés mejor !
Obviamente, los humanos tendemos a olvidar todos los episodios desagradables de nuestras vidas. Y además, estoy seguro que sacaste conclusiones muy positivas de aquella falta de libertad. Ya sabes, que se aprende -sobre todo- de lo malo que nos ocurre y de los errores que cometemos.
Cuando vivimos "entre pañales" (como muchos jóvenes de hoy en día) pues, cualquier tontería superficial les/nos parece una catástrofe o un "desastre" mundial.
Abrazos amigos. Alfa79
Anónimo dijo
Twister, quería decir ¡ qué alegría verte de nuevo por aquí ! jejejeje!
¿ Que tal las vacaciones ?
Alfa79
Twister dijo
Que me vas a decir a mi de droga en Carabanchel, tengo la cárcel a escasos 3 kilometros de mi casa y vivía al lado del poblado de Jauja, uno de los mayores supermercados de la droga, puedo asegurar que esto era un estercolero....
Alfa79 dijo
¡ Ay Twister !
Cuatro años habité en los madriles y conocí sobre todo Carabanchel -Alto y Bajo-, Leganés, Fuenlabrada y la gran calle Príncipe de Vergara.
Todos los días veía la cárcel desde mi casa (además del Hospital Gómez Ulla) y conozco ¡quizás demasiado! aquel "infierno"... ¡ perdón por hacerme el pedante y el interesante !
Ahora, la avda. de los Poblados -además de Aluche- no sé como se encontrarán ! Recuerdo que por allí se iba a Prado del Rey -TVE-.
Salud desde Graná. Alfa79
Twister dijo
Pués la avenida de los poblados está genial ahora, con barrios ultra nuevos, comisaria de policía y un polideportivo nuevo, se queda únicamente antigua la zona de Pan Bendito, barrio sin ley.
Aluche sigue igual, con su Batán, otro barrio sin ley, y poco más. Los carabancheles han cambiado, ya que nos han quitado Jauja y caño roto y nos han puesto aceritas nuevas y parques por doquier, pero sigue teniendo su aquel, sus peleas, sus cosillas....
saludos
El Pinar dijo
Cuando todo sale mal siempre existe una esperanza pero tenemos que encontrarla por nosotros mismos. Fonso encontró la ilusión en ese hombre que le regalaba ese poema; pero en verdad rebuscó dentro de su conciencia( por sí mismo) esa ilusión tan deseada, necesaria para afrontar su dura andadura.
Alfa79 dijo
Pinar, tu comentario es tan expresivo y filosófico como real.
Todos podemos encontrar la "esperanza" en nosotros mismos, pero es imposible hallarla sin el apoyo de algo o alguien: ese ángel (verdadero o imaginario).
En este caso, el "ángel" SÍ fue real. Las circunstancias, quizás fueron o pudieron ser un poco "ilusorias".
Gracias. Alfa79
carmen dijo
Echando un vistazo a post antiguos tuyos me he encontrado con este que me ha llamado poderosamente la atención.Una de las cosas peores que nos pueden pasar en la vida es el no poder tener libertad.Hasta donde es cierto este relato?.Quien era ese hombre que le entrego esa carta?
Existen los angeles?. Cierto que cuando uno está mal necesita tener apoyo de otros.No se si he tenido ángeles en mi vida,y desconozco si he sido ángel para álguien.
Bueno si, ésta mañana hemos sido ángeles para los de un supermercado que han entrado unos rumanos a robar jajaja.
Saludotes Toni.
Alfa79 dijo
Carmen: créeme, Sí que existen los ángeles, aunque no tengan alas ni vayan soltando esas lucecitas mágicas.
En marzo de 2008 publiqué el post "Un ángel pasó por delante".
Este relato tiene un 90 % de realidad. El resto es ficción e imaginación, aunque no altera dicha realidad. Aquel hombre, le entregó una especie de almanaque con una poesía y un pequeño texto lleno de ilusión y optimismo. Y fue profético.
Lo que cuentas sobre tu actividad laboral, posiblemente haya sido propio de un ángel. Quizás, sin darte cuenta, fuísteis ángeles al evitar un atraco. Incluso, os convertísteis en ángeles para esos atracadores. Si ellos recapacitan, por supuesto.
Gracias por tu comentario. Toni Sagrel.
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