Uno de los variados y deliciosos lujos de subir al Albaycín es poder tomarse un café en Plaza Larga, o en San Miguel Bajo, al solecito, o incluso si te llueve, en alguno de esos barecillos pintorescos del Paseo de los Tristes.
No entiendo como Lola Ruiz, concejal de IU del Ayuntamiento de Granada, no tuvo en cuenta esta opción cuando fué a entrevistarse con los inquilinos de la Casa del Aire. Un guardia de seguridad te puede prohibir la entrada a una propiedad privada, como no, pero nadie te puede prohibir que te eches un café mirando la Alhambra charlando con los vecinos; nadie te puede prohibir que hagas política de calle en vez de provocar un titular gratuito, escudándote en tu cargo de concejal para entrar y salir por donde quieras, y cuando quieras.
Bien podría también, después de su frustración, haberse dado una vuelta por el Albaycín y haberse colado en cualquiera de las decenas de casas que hay “okupadas” en este barrio; en esas si que puedes entrar y salir, como quieras y cuando quieras y de paso cambiar el café por un cartón de vino, y lo mismo arrastras algunos votos, eso siempre que los “okupas” voten, cosa que dudo.
Que el Albaycín sea Patrimonio de la Humanidad no significa que se pueda entrar en casas deshabitadas y ocuparlas. Quizá este movimiento okupa, latente y también potente, que se puede ver por sus plazas y calles, con sus mochilas marca Quechua, sus moviles 3G y sus portátiles de 13 pulgadas con conexión wifi, sea el que hace que el Albaycín esté cada día más deshabitado, menos seguro y más en bandeja para políticos oportunistas que buscan protagonismo instantáneo.
Con lo bonito que es tomarse un café en San Nicolás, Lola!!

