GRAN HERMANO
He de confesar que mi PC e internet me han liberado del suplicio de la televisión. Antes la alternaba con lectura, ahora sigo solo las noticias y algún partido de futbol. Me regalaron una mesita de sofá cuya pata central se sitúa entre mis dos piernas y me sumerjo en la inmensidad informativa, didáctica y lúdica, soportes que debieran sustentar a la TV.
Mi abstracción no me impide levantar la vista de vez en cuando hacia
el televisor, las más de las veces para seguir de inmediato con mi PC, pero anoche, me dice mi mujer que estaba haciendo zapping:
Mira qué personajes hay en Gran Hermano y cual sería mi sorpresa ver a varios indígenas de Guinea Papúa, ataviados a su usanza, semidesnudos, con una especie de cuerno vegetal en forma de pimiento de cuerno de cabra extralargo para ocultar su sexo y unos abalorios propios de tribus tan primitivas como estas criaturas del lejano Pacífico.
Sin entrar en detalle del abuso a que han sido sometidos en el último siglo por Paises Bajos, Alemania y Gran Bretaña, que bajo el pretexto de Protectorado ha ido a esquilmar lo que pudiesen de sus recursos en oro, cobre y petróleo, veo que aún hay más ruindad en quien habiendo superado todos los límites (y no me escandalizo por nada)
de la moral, de la ética y de la estética y con el único objetivo de conseguir audiencia, no tienen el menor reparo en desubicar a un
pequeño grupo de indígenas y someterlos a la curiosidad, a la chanza y al divertimento a su costa, al comprobar sus reacciones ante las comodidades de un pais “desarrollado”, con una carga de crueldad
solo justificada por elevar el”share” que determina la calidad de un producto televisivo.
Lo vi durante unos momentos, pude comprobar como los personajes que intervienen en el “reality” fueron pasando del asombro, a la diversión, de ésta a la complicidad y por último, a sucumbir ante la limpieza de corazón de unos personajes puros, felices y lo más probable es que, junto a unos eurillos, se hayan llevado una semilla que estamos recolectando en el mundo civilizado y que germinará para mal.
Telebasura, Telebasura, ¿dónde está el límite?

