Cuando el sexo es esclavitud

Impudor y ocio


Como venimos diciendo sobre la sexualidad y el sexo, queremos abundar sobre esta clase de esclavitud, que a todos es aparentemente tan grata. Nunca se compara con la adicción a las drogas, cuando realmente la adicción al sexo es tan peligrosa, y en casos más, que otra clase de adicción.

Casi no hay nada que hacer en los adolescentes para que se comporten cuerdamente, y en los jóvenes con posibilidades de desarrollar la adicción, menos, aunque se puede resolver cuerdamente sin prescindir de lo que es un don de la naturaleza

Es cierto que los conejos no se multiplican porque tengan inquietudes ecológicas, ni porque se preocupen de la perpetuación de la especie, sino por un instinto primario de su naturaleza. Igual en cada especie de ser vivo.

Es notable que un mosquito pueda localizar a un individuo de la misma especie y distinto sexo, a las enormes distancias que lo hacen teniendo en cuenta su tamaño; pero lo hacen.

Volviendo a nuestro discurso; también es cierto que existe un prejuicio que hace sentir complejo de inferioridad al sujeto que, oyendo las hazañas sexuales (mas o menos ciertas) de otros, y se siente en ridículo no solo por la abstención, sino por la simple moderación.

Se sienten disminuidos, por que los demás se atribuyen casi los trabajos de Hércules en su actividad sexual. Claro está esconden las decepciones y los inconvenientes que tienen a cada paso, cuando esta exagerada y deletérea actividad es cierta.

Antes que nada, lo primero que hay que hacer para ser dueño de sus propias actividades de cualquier clase, es rechazar de una vez por todas, las concepciones que el mundo tiene de todo lo que los cristianos tienen por inmundo y pecaminoso.

Mantenerse ocupado, y un sueño conseguido por la paz de la conciencia, evitará las ensoñaciones que de una forma u otra llevan a la acción, por la que los sujetos de elevada moral se sienten después con remordimientos.

Solo hay que poner coto a las solicitaciones, rechazándolas de plano cuando se presenten, y encauzar adecuadamente la actividad sexual. Las efusiones nocturnas se pueden aplacar con una vida morigerada y puestos los ojos en El Señor, sabiendo que, sea donde sea que nos escondamos, Dios nos ve.

Un toque Bíblico: Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. (Salmo 51:4).

De David, cuando pecó con Betsabé; el ocio y la concupiscencia encendieron a David (que era hombre de Dios), y tuvo que pagarlo. La exhibición impúdica en su terraza por parte de la mujer, dio lugar también a su caída, y al desleal crimen contra su marido Urías.

Rafael Marañón

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