Los Milagros de Nuestra Señora

Emma Recchi y su hijo Edoardo

Como hubiese escrito mi maestro Manuel Alvar, “desde el hondón de la Historia Literaria española” nos llega este comentario extemporáneo que le cuesta la vida al que lo formula: “Todos somos iguales en la humanidad”. ¿Ejecutora?: La Gloriosa. ¿La ocasión?: la consagración como arzobispo de Siagrio, sucesor de San Ildefonso (607-667) en la sede toledana. ¿Obra donde se relata esta leyenda?:Los Milagros de Nuestra Señora, escrita en el siglo XIII por el clérigo riojano Gonzalo de Berceo. Siagrio muere inmediatamente después de cometer lo que llamaríamos hoy un delito de opinión. Se empeñó en ponerse en la ceremonia de consagración la casulla que la Virgen había regalado a su antecesor por ciertos servicios señalados. Y no contento con eso, proclama, en plena Edad Media –no en la Comuna de París- que todos los hombres somos iguales. “Palabras locas”, como se encarga de apostillar Berceo, que no gustaron a la Virgen. Inmediatamente, la casulla le aprieta la garganta, como si se tratase de una cadena dura y acaba ahogado al transgresor “por su gran locura”, porque la Virgen Gloriosa sabe a sus amigos galardón bueno dar, pero a los que la sirven mal sabe hacérselo pagar. Siagrio muere por subversivo. Dentro del sistema feudal, intenta recibir un galardón sin haber prestado un servicio. En la películaYo soy el amor (2009) del director Italiano Luca Guadagnino la reacción de la dinastía de los Recchi, de la alta burguesía de Milán, ante la transgresión de Emma, la emigrante rusa casada con Tancredi, el sucesor del patriarca en la dirección de las empresas familiares, es tan violenta y ejecutiva, como la de la Santísima Virgen del relato berceano, aunque no tan cruenta. Emma –¿no era este el nombre de Madame Bovary?- cegada por el amor -“la gran pasión” de los melodramas del XIX-, seduce a Antonio, un joven y guapo cocinero, amigo de su hijo Eduardo que muere accidentalmente cuando su madre le informa de su amor. Segundos antes de morir, Eduardo le dice a su madre: “no quiero tener nada que ver contigo, para mí no eres nadie”. Igualmente, cuando Tancredi, el marido, conoce de boca de Emma, en el entierro de Eduardo, el hijo de ambos, que ama a Antonio, la ejecuta civilmente: “Tú no existes”, le dice fríamente. Las dinastías burguesas están preparadas para aceptar que sus mujeres den salida a las tensiones eróticas y sentimentales de tapadillo, sin ostentación, abrumadas por la culpa. Luego se las perdona y se les apunta y se les cobra de por vida, pero pretender, como Emma, disfrutar de un bien de tanta calidad sin pagar nada a cambio, es una ingenuidad muy subversiva, para el Capitalismo, claro.

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