EN el desaparecido cine Regio, solían poner películas de amores. A los niños nos gustaban estas historias. Mientras que bajabas como las balas, por el Tambor, montado en la patineta que te habías fabricado con una tabla y unos rodamientos de camión, invitabas al amigo que trataba de adelantarte en las curvas de la carretera

