SCARFACE (EL PRECIO DEL PODER)

Como adelanto de la revista Modus Operandi, uno de los despieces de la misma: Al Pacino como Scarface

 

 

Esta “Scarface” que, con guión de Oliver Stone, dirigió Brian de Palma a comienzos de los años ochenta, sigue siendo, todavía hoy, el más efectista, grandioso e impactante filme sobre el narcotráfico que jamás se haya rodado, hasta el punto de que, en los mercadillos más punteros de Londres, se venden todos los días centenares de camisetas con la efigie de Tony Montana e, impresas, las leyendas más famosas de la película: “En este mundo, lo único que da órdenes son los cojones. ¿Tú tienes?”, “En este mundo sólo tengo mi palabra y mis pelotas, y no las rompo por nadie” o “Querer joderme a mí es querer joder al mejor”.

 

 

Contundentes citas de un Al Pacino memorable que tantas tardes de gloria nos deparó a Paco, a Jorge y a mí, en el cine Goya, en sus excelentes programas dobles de reestreno que tanto se echan de menos en Granada.

 

Protagonizada por ese Al Pacino gloriosamente pasado de vueltas, este homenaje a Howard Hawks y Ben Hetch supuso la actualización de la figura de Al Capone, Scarface, cara cortada; otro mítico traficante de sustancias ilegales, alcohol en este caso.

 

 

Tony Montana es un delincuente cubano que, tras ser expulsado de la isla por Castro (los marielitos), se afinca en Miami, donde, gracias a esas pelotas a las que alude constantemente, comienza a prosperar entre narcotraficantes y delincuentes. Las conexiones entre éstos y políticos, banqueros y policías quedan perfectamente puestas de manifiesto en una película a todas luces exagerada, desmedida y excesiva, pero igualmente apoteósica, memorable y singular.

 

En unos tiempos en que lo políticamente correcto aún no existía, “Scarface” se erigió como una excelente epopeya que, con sus defectos, no se dejaba contaminar por esa insidiosa y casposa moralina que después se hizo tan popular en el Hollywood de fin de siglo. Tony Montana moría al final de la película, cierto, pero no por aquello de que el crimen siempre paga sino porque era la manera de subir, directamente, al Olimpo de los Malos, para sentarse a la derecha de los Al Capone, Bonny & Clyde o John Dillinger que tan buenos ratos nos depararon… en la oscuridad de las salas de cine. 

 

 

La edición especial en DVD, en dos discos cargados de extras, nos devuelve lo mejor de un Miami vicioso que, muy pronto volverá a ponerse de moda, cuando el gran Michael Mann estrene en las pantallas de cine de todo el mundo la versión cinematográfica de “Corrupción en Miami”, la serie televisiva protagonizada por Sonny Crocket y Ricardo Tubbs que tan gratos momentos nos hizo pasar frente a la televisión. Protagonizada, entre otros, por nuestro Luis Tosar, en la piel, precisamente, de un peligroso narcotraficante.

 

Las entrevistas del DVD, al productor, director y actores principales, sirven para contextualizar una película mítica de la que, más de veinte años después, siguen hablando maravillas los raperos yanquis más en boga. Secuencias eliminadas y trailers terminan de conformar un DVD tan completo como atractivo.

 

 

Estéticamente rompedora y con una exquisita banda sonora de Giorgio Moroder, a la altura de los poderosos fotogramas que ilustraba musicalmente, “El precio del poder” no ha perdido un ápice de su fuerza y de su magnetismo. Michelle Pfeifer nunca estuvo más hermosa que aquí y, ni Maria Elisabeth Mastrantonio o Steve Bauer han vuelto a lucir palmito con tanta fuerza y energía.

 

“El precio del poder” o la satisfacción del exceso y ¡que viva el cine de gángsteres!

 

Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

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