La suerte, junto a una dosis de duro trabajo, que todo hay que decirlo, me llevó el viernes a hablar en el Congreso de los Diputados, ante los ex congresistas de las Cortes Generales, en el marco de unas jornadas dedicadas a la popularización del microcrédito.
El caso es que pensé que me iba a poner muy nervioso. El marco incomparable y la audiencia, repleta de expertos oradores, imponía lo suyo.
Pero al final, no se porqué, la cosa no fue para tanto. El hecho de tener muchas ocupaciones y quehaceres paralelos a la ponencia, como llevar un pilón de libros y colocarlos discretamente a la vista, responder a unas preguntas de CNN + sobre los microcréditos en un súbito “aquí te pillo aquí te mato”, el ir buscando rostros conocidos y charlando con unos y con otros sobre el tema, el cargar el power point y comprobar que todo funcionaba bien; hizo que la cosa se fuera distendiendo progresivamente.
Al principio de la jornada, Antonio Claret, con su vehemencia y convencimiento habituales, puso a todos los presentes muy atentos, reclamando una legislación para el microcrédito, como se ha reflejado en la prensa y, después, Su Majestad la Reina Sofía abogó por lo mismo, de forma que, solo por eso, la jornada ya fue muy fructífera y novedosa.
Para cuando me tocó hablar, al final de la jornada, la gente estaba un poco cansada. Pero tuve suerte. La primera conferenciante, por aquello de los horarios oficiales, tuvo que parar a mitad de ponencia, habiendo explicado toda la teoría general del microcrédito, pero sin tener tiempo de concretar en experiencias individuales. El ponente siguiente habló con prudencia, sabiduría y ponderación, de forma calma y tranquila, sobre el microcrédito en el mundo.
Y a mí me tocó hablar sobre el microcrédito en la práctica y en España, lo que resultaba de mayor interés a todos los presentes. Esta vez, ser el último me reportó ventajas. Íbamos sobrados de tiempo y la gente, aún cansadilla, tenía curiosidad por ver cómo se aplicaba en nuestra sociedad todo lo que habían oído durante la mañana.
Así que, sin muchos nervios, en la fastuosa Sala de Columnas (que se puede visitar virtualmente pinchando en ella), tras una cariñosa presentación, me lancé a hablar en mi andaluz cerrado, tirando de un power point muy colorido y visual, evitando leer ni una palabra. Aunque algo atropellado, creo que la cosa salió bien, la gente estaba atenta y veía caras de interés y curiosidad. Conté anécdotas y casos concretos de microcréditos concedidos por CajaGRANADA, hice un corto barrido histórico y nos centramos en la gestión que hace nuestra Fundación.
Al final hubo aplausos, creo que sinceros. Y preguntas. También creo que salimos bien parados del debate dialéctico, que en un marco como el del Congreso de los Diputados, adquiere una especial relevancia. Concretamente, el punching con Ángel Sanchis, vehemente ex diputado fundador de Alianza Popular con Fraga Iribarne, sobre el cobro de intereses, fue ilustrativo para todos.
La verdad, cuando me bajé de la tarima y se levantó la sesión, el hecho de cinco o siete personas a las que no conocía de nada me saludaran y me dieran la enhorabuena, me llenó de orgullo y me infló el ego, como estas líneas demuestran ¿verdad?
Siento la petulancia y el creímiento, pero no todos los días interviene uno en el Congreso de los Diputados, hablando a sus Señorías sobre un tema tan querido, sentido y vivido.
Y ahora nos queda Sevilla y la Asamblea de la Asociación Internacional de Crédito Social a la que tanto cariño y desvelo le dedicamos…
Seguimos.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.