HOMENAJE A RYSZARD KAPUSCINSKI

Llueve. Y esta mañana, el Duende Verde, me ha comentado que andaba leyendo “El emperador” de Ryszard Kapuscinski, cuya muerte nos entristeció hace unas semanas. Además, El País publicó un artículo del genio polaco, a título póstumo: “Paseo matutino.”

 

Es, pues, momento de hacer nuestro personal homenaje a un periodista y escritor que tanto significa para mí:

 

CON RYSZARD EN EL CORAZÓN
 
Cuando leo libros, me gusta entresacar citas, subrayar párrafos, remarcar palabras y, en general, sacar el máximo partido del texto escrito, una costumbre que, con los libros de Kapuscinski, se convierte en actividad redundante, absurda e inútil. Porque todo lo que escribe Ryszard es interesante, emocionante y memorable.
 
El periodista polaco es uno de esos escritores totales que, con una formación enciclopédica, no han dejado de recorrer el mundo, tanto físicamente como a través de los libros y la historia, para poder contarnos todo lo que ha visto, escuchado, aprendido y sentido.
 
En mi personal querencia por el continente africano se encuentra un libro, “Ébano”, que ha conmovido el corazón de millones de lectores de todo el mundo: “África es un continente demasiado grande para poderlo describir. Es un océano, un planeta en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es sólo para simplificar y por pura comodidad”, escribiría Kapuscinski en su obra más conocida.
 
El cronista, a través de sus artículos y reportajes, reivindica una concepción de la vida en que los libros, la literatura, el periodismo, los viajes, las entrevistas y la fotografía terminan confluyendo en un fin último: el descubrimiento, el conocimiento y el reconocimiento del otro: “La mejor forma de conocer el mundo es hacer amistad con el mundo. Existe una conexión entre nuestro destino personal y la presencia de miles de personas y cosas de cuya existencia no sabíamos o no sabemos nada y que pueden influir, de hecho influyen, del modo más asombroso, en nuestra vida y su desarrollo, de tal forma que, al menos por nuestro propio interés deberíamos esforzarnos en conocer no sólo lo que está aquí sino también lo que está allá, en algún lugar a gran distancia en nuestro planeta.”
 
En un mundo supuestamente globalizado, conectado e interrelacionado a través de los más sofisticados medios de comunicación, Kapuscinski reivindica el acercamiento al otro más simple, llano y espontáneo. Una mirada, una sonrisa, un gesto, una palabra. Sea en la postrera Etiopía imperial de Haile Selassie, en el Irán pre-revolucionario del Sha o en la Centroamérica enfrentada por un partido de fútbol, sus crónicas tienen la virtud de contar lo que pasa a través de la visión poliédrica y la mirada de decenas, centenares de testigos involuntarios de la realidad, cuyos testimonios son perlas imperecederas de la historia de la humanidad más intima y personal.
 
El último libro de Kapuscinski editado en España, “Viajes con Heródoto”, es un perfecto compendio de su filosofía: “El padre de la Historia fue el primer globalista, ya que supo entender que el mundo no está poblado por una sola nación o cultura… rompiendo una lanza en el mundo heleno, al tratar de comprender al otro, al bárbaro.”
 

 
En los días más crudos de este invierno, llueve y hace frío. Hoy es un día triste y oscuro. Lo mejor que podemos hacer: coger cualquiera de los libros de Kapuscinski y arrellanarnos en un sillón para leer y aprender con su prosa precisa y preciosa. In memoriam.
 
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.

 

  

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