En agosto de 2008 se celebrarán los Juegos Olímpicos de Beijing, la capital de la China, antigua y popularmente conocida por los españoles como Pekín – recordemos los cincuenta y cinco días que allí pasaron Charlton Heston, Ava Gardner y David Niven, el famoso pato a la pekinesa o el mismísimo perrito pilonero por excelencia, ese pequinés al que el cambio de denominación a Beijingés le va a resultar complicada de aceptar – unas olimpiadas que se prometen absolutamente espectaculares.
A dieciocho meses vista, dado el aspecto que presenta la futura zona olímpica, es difícil vislumbrar que todo estará acabado y en perfecto orden de revista para que el ocho de agosto, la ceremonia de inauguración dé el pistoletazo de salida a la cita deportiva más importante del mundo. Pero los chinos, suponemos, no tendrán problemas en poner a trabajar a miles de personas para que todo luzca con el esplendor deseado.
Porque las Olimpiadas, aún para los menos amantes de la cosa deportiva, son una cita muy especial. Y las del 2008 tienen muchos boletos para erigirse como unas de las más espectaculares y perdurables en la memoria del público.

Ocho de agosto de 2008. ¿Casualidad? 08-08-08. ¿Simple cuestión de oportunismo? No. Ni mucho menos. En todo lo referente a la cultura china, hay muy poco de casual. ¿Por qué, entonces, el 08-08-08? Pues porque el ocho es un número habitualmente relacionado con la buena suerte en la cosmogonía de una cultura para la que la suerte, la fortuna y la baraka tienen mucha importancia.
Casi tanta como la simbología. Por ejemplo, con las mascotas olímpicas. Aunque los españoles nos acordemos con un cierto cariño del inefable Cobi de Barcelona 92, ¿alguien recuerda a las mascotas de Atlanta o de Sidney? Quizá será que ya no tomo cola-cao, pero no me acuerdo de ellas. En absoluto.
Las chinas, sin embargo, tienen muchas posibilidades de permanecer en nuestra memoria colectiva. Primero, porque son cinco. No sé si habrá habido alguna vez en que la mascotez haya sido compartida, plural y tan diversa, pero los chinos son así de originales.
¿Y por qué cinco? Una rápida deducción deductiva a lo Sherlock Holmes nos llevaría a pensar que equivalen a los cinco aros olímpicos. Pero, como no nos cansamos de insistir, con los chinos nada es lo que parece. Y, aunque efectivamente hay una cierta relación con los cinco continentes unidos, las cinco mascotas – de estilo manga – serían cinco representaciones de una China que estaría a caballo entre lo real y lo mitológico.

La primera, Beibei, de color azul, representa a los animales del agua. La segunda, Jingjing, es un osito panda, que representa a los animales del bosque. La tercera, Huanhuan, es roja como el fuego de las Olimpiadas. La cuarta se llama Yingying y también es una llama, pero en este caso, las llamas naranjas del Tíbet. La quinta, por su parte, de color verde, se llama Nini y representa a las golondrinas de Pekin.
Antes de seguir leyendo, repasen con un poco de atención los nombres que hemos desgranado, justo en el orden en que lo hemos hecho.
¿Notan algo especial?
¿No?
Beibei, Jingjing, Huanhuan, Yingying y Nini.
¿Nada, aparte de la repetición de cada nombre, obviamente?
Bueno, como si de uno de los entrañables acertijos de “El código Da Vinci” se tratara, resulta sus nombres, combinados, conforman la frase “Beijing huan ying ni”, lo que en cristiano significa… ¡”Bienvenidos a Beijing”!
Y es que los chinos, con esto de la simbología, son únicos.

Y, si no, atentos al emblema oficial de los Juegos. ¿A que parece un atleta? ¿A que se asemeja a un tipo corriendo? ¿A que puede parecer un tipo lanzando una jabalina? ¿No puede ser un deportista que alza los brazos en señal de triunfo? ¿Y un baloncestista que se dispone a ejecutar un mate?
Pues resulta que el origen del emblema es una letra de la caligrafía china, que significa “Capital”, a la que le han quitado una pata para convertirla en un emblema tan estilizado como universal y atractivo. Aunque para captar todos los matices del significado del emblema, aquí tenemos toda la historia del “Danzante Beijing”
Pero si queréis flipar con esta mezcla de caligrafía y pintura, pinchad en estos hermosos Pictogramas, perfecto ejemplo de la esencia mística de una china en que escribir, pensar, dibujar, componer poesía y disfrutar de la naturaleza son todo uno.
Por cierto, el lema de los Juegos Olímpicos es tan sencillo como hermoso: “Un mundo. Un sueño.”

Y se me ha echado el espacio encima, sin haber hablado del Estadio Olímpico, que será famoso y fotografiado hasta la saciedad, y que responde a un nombre tan hermoso como El nido de pájaro y del recinto para las pruebas acuáticas, el sorprendente [H2O]3, que se traduce como… ¡El cubo del agua! y que también dará mucho que hablar.
Pero eso ya será mañana o pasado.
Jesús Lens Espinosa de los Monteros.
Alias… Hala Madrid Campeón Continental