|
Cuando la UD Almería vio la luz, en la temporada 2001/2002, Ortiz Bernal ya era parte de la historia. El tiempo ha ido engrandeciendo sus logros… y los del club a la par, porque cualquier éxito del equipo almeriense estaba asociado al suyo. Un ascenso con un gol del ‘gran capitán’, cuatro años en Primera División y un descenso a Segunda con la cabeza alta, como ahora su marcha, seguramente a un fútbol menos exigente y en el que no se mire tanto el carné de identidad, sobre todo la fecha de nacimiento. Porque no cabe duda que en su no renovación ha influido que en agosto próximo cumplirá 35 años. Pero son 35 años de dedicación exclusiva a unos colores, el rojo y el blanco, porque el rojo estuvo en su etapa en el Zapillo Atlético o en el CD Roquetas y hasta en la única temporada en la que jugó en el extranjero, en Rávena. Me contaba un amigo que jugó en el Real Madrid, que vistió de azulgrana después –no en el Barça–, que jugaba con una camiseta blanca debajo para que el azulgrana no le ‘rozara la piel’. Jose Ortiz Bernal, donde quiera que vaya, llevará tatuados los colores de un club al que ha servido casi desde que comenzó a tocar un balón y al que, seguramente, servirá cuando decida colgar las botas. Cuando lo haga, su legado será más grande, sin lugar a dudas, pero éste ya cuenta con páginas brillantes, no sólo por sus minutos o sus goles, por esa condición de revulsivo por la que lo utilizó Emery, en Primera. Ortiz Bernal tiene más cosas que el ‘arte’ de tocar un balón, más reconocidas fuera que en casa, donde salvo su peña y pocos más se han acordado que el 10 es el minuto del 10. Motivo para seguir acordándose la próxima temporada. Su amistad con David Bisbal, el reconocimiento de Quique Setién cuando le llevó a la selección española de fútbol-playa, la vicepresidencia de AFE son cimientos más que firmes para afirmar que quienes le hemos tenido cerca no hemos reparado nunca en sus valores por la cercanía. Hay quien le llama mago. Y puede que el apodo sea una de sus virtudes. Valga un ejemplo. En diciembre de 2003, en una eliminatoria de Copa frente al Valladolid, hubo algún periodista que no se cortaron en gritarle «qué malo eres. No sirves ni para jugar en Preferente». Últimamente, le he visto casi ‘sacar su imagen en procesión’. Ortiz Bernal no respondió antes. El fútbol le servió como respuesta. |
Punto y Pelota
El deporte de Almería desde los cuatro puntos cardinales
Una vida en rojo y blanco
El minuto 10 de todos los partidos
No soy partidario de los homenajes con el concepto en el que se usan hoy en día. Los considero casi como el luto. ¿De qué sirve vestirse de negro, mantenerse enclaustrado, sin poner la tele durante equis días, si a la persona a la que quieres honrar no la honraste en vida? Son esos golpes de pecho que hoy muchos se dan frente a las cámaras o en la Plaza del Ayuntamiento del pueblo para que los vecinos vean cuanto la querías. No sé si me explico. Valoro positivamente que el Sánchez Pizjuán se acuerde en el minuto 16 de cada día de partido que echa de menos a Antonio Puerta, lo valoro en igual medida que Cornellá haga lo propio con Jarque en el minuto 21. Está claro que la juventud de los futbolistas impidió que los homenajes que se le tributan, que ojalá se perpetúen en el tiempo y nadie olvide que un día fueron jugadores de Sevilla y Español, respectivamente, se les hicieran en vida. No dio tiempo.
Los homenajes, los reconocimientos a una trayectoria se hacen demasiado tarde. Todos los años los vemos en los Oscars. Siempre hay actores que seguramente han merecido la estatuilla antes, pero se acuerdan ahora que son octogenarios, algunos, que sus papeles de entonces merecieron el reconocimiento y antes de que no lo puedan ver se lo dan a la trayectoria.
La semana pasada tuve tiempo de repasar la historia, una historia en concreto, y creo que ésta no es justa. Repasaba momentos importantes del club de fútbol que más lejos ha llegado y aún está en disposición de seguir escribiendo páginas. Me acordaba de aquella fase de ascenso de Segunda B a Segunda A, del 4-1 al Castilla, de la victoria en Barcelona, del triunfo en el viejo Pasarón. Me acordaba de algunos de los que marcaron goles importantes entonces, jugadores que merecieron tener algo más de relevancia en la historia de este equipo. Me acordé de Raúl, que buscó ‘fortuna’ deportiva en otros lugares; me vino a la memoria Francisco, que no tuvo la oportunidad de estar en el campo en el día más importante de la historia, el del ascenso a Primera, ganando a la Ponferradina –no disfrutó ni un minuto de ese histórico día–, y me acordé de Ortiz Bernal. Había quedado con él para tratar de recordar, sobre todo de que no murieran esos recuerdos.
El fútbol, desgraciadamente, es un rodillo que no entiende de sentimientos. Los Oscars de cada jornada sólo reconocen a los once o, como mucho, a los 14 que pueden jugar y se olvida de quienes años atrás o días no tan lejanos hicieron su ‘mejor película’. Recordaba el gol del capitán el día de la Ponferradina, aquel que sirvió para poner las tablas y hacer más fácil el triunfo. Recordé el área de la portería de Fondo Sur donde lo marcó. Me acordé del gol ante el Xerez, en el debut de Juanma Lillo; me acordé de Juan Rojas, de Raúl Sánchez, de Francisco, de los homenajes merecidos que pasaron al olvido.
Decía Gabriel García Márquez cuando anunció su despedida tras serle diagnosticado un cáncer linfático que «si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un solo DÍA sin decirle a la gente que quiero, que la quiero». Al Estadio de los Juegos Mediterráneos vamos ahora ¿6.000, 7.000 personas? Estamos a tiempo. Le lanzo un reto a esta afición fiel, a la que va cada domingo al fútbol, más allá de que merezca jugar o no. Valoremos lo ya hecho, hagamos que el minuto 10 sea el minuto del diez, el minuto de Ortiz.
La parte contratante
«Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?
–No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.
–Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
–Esta vez creo que suena mejor…». Así transcurre el diálogo de la película «Una noche en la ópera», de los Hermanos Marx. Y lo de Chico es casi lo mismo. Se podría hablar de una metedura de pata, pero por parte y parte. Sólo hay que leer la sentencia. Hay para dar y para regalar –aunque lo de regalar lo ha hecho la UDsi no consigue demostrar, esencialmente, que el contrato entre Antonio Muñoz y la UDAlmería se firmó el día 19 y no el 20, con el conjunto cadista ya inmerso en Ley Concursal–.
Antonio Muñoz comete algunos errores. El primero y principal es el que habla de su ‘desconocimiento’ sobre la declaración de concurso del Cádiz, cuando dicha declaración se realiza voluntariamente por el club que él preside, casi como la firma del contrato por el cual renuncia a los derechos de plusvalía. Aunque queda por saber qué tipo de presión recibió Muñoz para firmar dicho contrato. ¿Le enviaron una pistola vía fax?
Las meteduras de la UD no son sólo una. La primera, aunque no la principal, tiene que ver con el ‘desconocimiento’ de que el Cádiz se iba a acoger a la Ley Concursal. Alberto Benito contradice la versión de la UD porque declara conocer dicha situación.
Sin embargo, la más gorda tiene que ver con el dinero. No hizo frente a los pagos pactados para agosto de 2010, que seguramente hubieran servido para que este proceso no se hubiese celebrado. Y esto sí que es una responsabilidad de la UD, un fallo ‘gordo’, otro para ser más exactos. Barreto, que vino para no jugar; Goitom, cuyo contrato parecía firmado, pero que al final se fue;Zubeldía, presentado como entrenador para luego tener que ‘ausentarse’… Seguramente –lo creo con total firmeza–, las decisiones adoptadas en su día por el club no trataron de encontrar el ‘tortazo’ que supusieron las decisiones jurídicas adoptadas contra la UD, pero tal vez actuando con un poco de minuciosidad todo esto no hubiese hecho que estos días se hablara de otra ‘causa perdida’.
Por cierto, que lo mismo se gana en un tiempo, porque la sentencia dice textualmente «Notifíquese a las partes haciéndoles saber que contra esta sentencia no cabe recurso alguno, pero las partes podrán reproducir la cuestión en la apelación más próxima siempre que hubieren formulado protesta en el plazo de cinco días». ¿Cómo se come esto? ¿No se puede recurrir, pero se puede protestar?
«–Dice ahora… la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
–Eso sí que no me gusta nada. Nunca segundas partes fueron buenas. Escuche: ¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?».
El dichoso contrato.
Y la Copa también
Crecí viendo a mi Athletic ganar dos Copas –sin apellidos- y perder otras tantas. Soñé, tal vez despierto, que algún día me gustaría ver cómo unos colores semejantes –los rojiblancos- podrían conseguir al menos una de las dos cosas: ganar o perder una final. Dicen que conforme dejamos de ser niños lo de tocar el cielo se va alejando a la par que ponemos los pies en el suelo.
Aquellos primeros años también me permitieron vivir como mi Athletic ganaba dos Ligas ya en color, dos títulos, como los de Copa, que daban para pensar que los modestos podían soñar. Hasta hace poco, no era raro ver a Atlético, Valencia, Betis, Sevilla, Mallorca o Dépor ganar un título. Ahora ya es imposible. Ahora los niños o los fanáticos seguidores de cualquier equipo de Segunda o de Primera que no sea Barça o Madrid no sueñan y si lo hacen son unos ilusos.
¿Saben las cábalas, las cuentas que debe hacer un equipo para soñar, como lo hizo la UD Almería el pasado año y que entonces le costó ‘pugarse’ ahora en Segunda? La Copa no sirve para nada con este modelo que sólo da oportunidades a los grandes, porque en esta Copa ya no valen las sorpresas, salvo que el ‘amañado’ sorteo no haga coincidir antes a los dos de la ‘Scottish Premier League’ española.
El actual formato de la Copa del Rey es un pozo sin fondo para los pequeños y hasta para los grandes. El partido de esta noche no le valdrá al Almería para ganar dinero. Ejemplos hay recientes. ¿Cuántos estuvieron en el Mediterráneo el año pasado en cualquiera de las eliminatorias que disputó el equipo, incluso hasta cuando vino el Barça? El día del Mallorca, por ejemplo, no se sacó ni para el árbitro. La Copa es una competición deficitaria, en lo económico y en lo deportivo, para quienes no pueden ganarla, que son todos menos dos y si me apuran sobra en 50%.
Al Almería, hoy, le costará dinero hasta abrir las puertas. El sábado pasado no fueron al Estadio de los Juegos Mediterráneos ni los socios, que son alrededor de 7.000 y que hoy no tienen derecho a pagar. Para que el partido sea rentable, la solución es llenar el Estadio –ahora me viene a la memoria que aún con los pies en el suelo soy un iluso-. ¿Por qué? Muy sencillo. Hay que pagar a los taquilleros y porteros, hay que pagar el consumo eléctrico, el alquiler… ¿Sigo? El árbitro del partido frente al valencia, que sólo era un amistoso, se llevó más de 6.000 euros. Si el de hoy se lleva lo mismo, con los socios gratis y el que no vaya que dejará el carné, se necesitaría que, a una media de 20 euros la entrada, pasaran por taquilla 3.000 ‘ilusionados’. Ya se está perdiendo dinero.
Y no digo nada de lo deportivo. Con una plantilla tan corta, la Copa como rodaje está bien, pero y ¿si pasa como el año pasado que Juanma Ortiz se perdió casi la segunda vuelta entera, con la falta que hizo? La borrachera de la Copa nos podría costar bastante más caro que lo que vale un árbitro.
La Copa es deficitaria. A ver si los ‘iluminados-lumbreras’ de la LFP se dedican a otra cosa más productiva que a tocarle ‘el bolsillo’ a las radios y a endemoniar a quienes no pueden ir a ver un partido de fútbol a un estadio, porque el mercantilismo del fútbol de ahora ha acabado con el sentimentalismo del fútbol de antes. Ahora, como decía
Del Nido hace unos días, “La Liga es una mierda” y me da que la Copa –y que me perdone El Rey- también.
Más que un club, esto es…
Y no me refiero al Barça. Esta UD Almería se ha convertido en algo más que un club. Yo diría que es otra cosa. De un tiempo a esta parte, por su forma de actuar, va dejando ‘charcos’ y rastro de sus meteduras de pata en cada paso que da. Son las huellas de las cosas mal hechas. Líbreme dios o quien sea de tachar de inoportuno el fichaje de un técnico desconocido como Zubeldia. Ni mucho menos. La UD Almería o, más concretamente, su presidente -que es el que hace y deshace, que para eso es el que pone el dinero- puede fichar a quien le venga en gana y nadie, a día de hoy, puede poner en duda si Zubeldia será capaz de acometer el ‘negocio’ que se le pone en la mano. De lo que no cabe duda es que en este club que ha paseado el nombre de Almería por la Liga de Fútbol Profesional en diez temporadas, con la del año próximo, las cosas se hacen siempre a destiempo.
Ya que ha sido la presentación de Zubeldia como técnico, hablemos de entrenadores. Este club, que empezó su historia siendo demasiado rápido en tomar decisiones en ese apartado, ahora peca de todo lo contrario. Empecemos por Hugo Sánchez. Se le destituyó seis meses después de que debiera haberse marchado. Se tomó la decisión tras perder ante el Espanyol y esa decisión debió tomarse cuando el mejicano dijo que si Onieva era presidente del Madrid él se marchaba al Madrid. Aquel día, el presidente ya le debía haber dicho «haga las maletas y váyase a Madrid, salga el sol por donde quiera o, mejor dicho, salga o no salga Onieva».
A Lillo, que nunca debió haber sido destituido, se le crucificó cuando sólo se habían jugado cuatro partidos, un aviso que llegó tarde, sabida la animadversión hacia el tolosarra ya en pretemporada. Es decir, se lanza el aviso dos meses y medio tarde, pero se le destituye siete jornadas después de haberle ‘pegado el tiro’. De Oltra, para qué hablar.
¿Y de Zubeldia? Tiempo, sólo tiempo para madurar. Pero visto lo sucedido de aquí para atrás lo mismo nos enteramos de su destitución o de su renovación o de su marcha un par de días después de que salga publicado en el Boletín Oficial del Estado. Sí, ese que publica las multas, que tú crees no son justas, y das una ‘rueda de prensa’ para presentar tus justificaciones, con unas cervezas para creer que les tapas los ojos a quienes parece que van a escucharte, mientras en una sala contigua los del Boletín se hinchan de comer gambas y beber vino gran reserva. Eso sí, a los de las cervezas y los frutos secos para picar se les pedirá encarecidamente que tengan en cuenta que el futuro del club es de los aboandos y dado que se ha presentado la campaña de abonos le den la máxima difusión para que las gradas del Mediterráneo no sean un espectáculo, como en esta pasada temporada en la que sólo se veían asientos vacíos. Habría que recordarle a quien ha presentado la campaña y al nuevo técnico, que un periódico, una radio o una televisión, a los que le pide esa ‘ayuda’ extra, viven de ingresos porque no tienen o no tenemos los ‘acuerdos’ que conlleva ser Boletín Oficial. Por cierto, que si lo que publica el Boletín sólo lo sabían dos personas, hoy ya es tarde para que que el que no haya sido el ‘causante’ le pida al otro que dimita.
Sería lo justo. Porque si no, esto es eso, como si fuera un… club, donde los que más pagan (o cobran, según se mire) comen en un reservado o ven el fútbol en un palco vip con aire acondicionado y esas cosas, mientras el resto a lo mejor lo tiene que ver por la tele porque se les ha negado la entrada.
¿De quién es la culpa?
Se han celebrado ya dos partidos con José Luis Oltra, pero realmente el equipo no reacciona. Ayer, ante el Zaragoza, se vieron las mismas formas que en anteriores encuentros, en los de la era Lillo. El equipo sigue adoleciendo de algo tan importante y tan capital en el fútbol como el gol, que no lo hubo antes ni tampoco lo hay ahora, ayer, como antes, también se disparó a puerta y el balón no entró. Es cierto que a Oltra habrá que darle tiempo, pero ¿no es también cierto que el equipo necesitaba fichajes que a lo mejor con Lillo podrían haber funcionado?
A ver qué excusa ponemos ahora
Me entero estos días que la campaña de abonos de la UD Almería no va todo lo brillante que esperaba, vamos, que ni va y realmente es penoso que tengamos un equipo en Primera con una respuesta de la población que no es ni de Segunda División B.
Hace unos años, en la primera temporada de militancia en Primera División, era por los precios; la segunda porque, pese al cambio, decían algunos que el presidente había tratado mal a los socios el año anterior y fueron muchos ‘los rencorosos’ que no pasaron por taquilla al principio para luego ir cuando el fútbol estaba a precio de saldo. Valga como ejemplo que se podían ver partidos por diez euros -en Granada, que estaba en Segunda B, este año ha habido partidos en los que las entradas han costado 20 euros, como cuando jugó con el Marbella-. El tercer año seguía el ‘rencor’ porque el presidente tomó un año antes la decisión de ‘abaratar’ los precios de las entradas si éstas las compraba el socio -con rebaja válida para descontar en la pasada-.
Ahora parece que la excusa es lo mal que se ve el fútbol en el Estadio de los Juegos Mediterráneos. Es probable. Pero no se ve peor que, por ejemplo, en Anoeta (la foto que aparece es la de Anoeta, extraída de la web realsociedad.com) y ya son 24.000 los socios que tiene la Real para su vuelta a Primera.
Posiblemente me dirán que es que es la Real y la tradición es la tradición. Posiblemente lleven razón, pero el camino se hace andando y si la respuesta de los que dicen son aficionados al fútbol no es la lógica para un equipo que está en Primera División seguiremos siendo un equipo sin tradición. Seguiremos padeciendo, a la vuelta de unos años, la tradición de vivir otro nuevo drama. Entonces todos pondremos el grito en el cielo diciendo aquello de “¡qué malo es Don Alfonso!”. Lo haremos sin detenernos a reparar que Alfonso García es una persona que, como sus predecesores en los equipos de la captital, deberá estar harto ya de poner dinero para observar todos los lunes como Almería tiene una afición de barra de bar, con títulos de entrenador, que ponen en tela de juicio las decisiones del presidente, las del técnico y las del que dio el último pase.
¿A ver si va a ser por lo de la cerveza? Si es que hay que permitir que se puedan vender cervezas en el Estadio. Esa es la excusa. Por eso no hay más socios de la UD Almería.
A vueltas con el andalucismo
Puede que si Blas Infante levantara la cabeza volvería a morirse, tal y como dicen del ‘tito Paco’. Pero a mí me gustaría hablar de andalucismo, una palabra que ha surgido en los últimos días por el ‘hermanamiento’ deportivo que se pregonó con motivo de la celebración, el pasado sábado, del partido entre la UD Almería y el Sevilla FC.
Y es que desde el sábado a la medianoche, minutos antes de la medianoche para ser más exactos, no he pegado ojo pensando el mal que la UD Almería, mi UD Almería -no cabe duda que indistintamente de la profesión, en la que se debe ser objetivo, uno quiere al equipo de su tierra, aunque puede que no tanto como al que has llevado en el corazón desde pequeño, y quien me conoce sabe que hablo del Athletic-, le pudo hacer al Sevilla. He leído y escuchado tal cantidad de sandeces que no he tenido más remedio que saltar. Desde Mallorca, antes del partido, se habló de ese ‘hermanamiento’ y de las ‘sospechas’ que levantaba el partido. El que ideó que fuese tal y como se desarrolló le ha quitado a Hitchcock el honorífico título de ‘maestro del suspense’. La idea es de uno del Almería. «Tú marcas en tu primer tiro a puerta, a mí Rubinos me quita dos penaltis, yo empato por dos veces con disparos desde fuera del área y cuando falten cinco segundos sacas al niño y cuando esté de espaldas a portería, que se vuelva en el área y la enchufe por la escuadra. A ver si se va a equivocar y la manda fuera. De esta forma que te digo no levantaremos sospechas».
Pero lo más grande es la versión que llega desde Híspalis. ‘Antiandaluces, enemigos, primados -eso sí que tiene delito, acusar de recibir primas de un equipo que debe 60 millones de euros y que no le paga a sus jugadores desde hace cuatro meses y que éste prime al Almería para que ellos se clasifiquen para una competición en la que la UEFA puede decidir su no inclusión por deudas-. Y digo yo. ¿Si el Sevilla no se hubiese clasificado para la Champions hubiese sido por no ganar en Almería o por empatar en el Sánchez Pizjuán con un descendido como sus ‘paisanos’ del Xerez o con otro andaluz que se ha podido salvar por los pelos gracias a empatar en Sevilla, como el Málaga? Ah, no, esos puntos no cuentan, sólo los que se pudieron perder en Almería, que hizo lo que en Sevilla se esperaba que hiciera el Espanyol y no hizo: ponerle las cosas difíciles al Mallorca. O lo mismo pensaron que en Almería íbamos a ser como ellos que en la década de los noventa, creo que en 1997, se dejaron ganar frente al Oviedo para que descendiera el Betis. ‘Andalucismo puro y duro’.
Por cierto, me han mandado un mensaje de una de estas redes sociales de moda en la que me piden que me una al grupo de ‘Almerienses que no se sienten andaluces’. Y si os digo la verdad me lo estoy pensando.
La Copa
Todos hemos dicho alguna vez aquello de qué bueno sería tener 20 años menos, de retroceder en el tiempo para ser más joven. Y es que el tiempo pasa tan rápidamente que no nos damos apenas cuenta. Sin embargo, hay quienes lo intentan o, mejor dicho, quienes deberían avanzar para estar de acuerdo con los tiempos que vivimos y por mucho que desde el ‘exterior’ se les intente ayudar no hay manera.
Me refiero a lo que ha pasado estos días con el voley y más concretamente con la Copa del Rey de voleibol, que no sé por qué se llama del Rey si en los años que me conozco, y ya he vivido todas las ediciones de la temporada 90/91, lo del nombre es lo único que ‘asegura’ tener relación con SM El Rey. ¿Tendrá algo que ver quienes han dirigido o dirigen este deporte en el que lo único bueno son los que están en la pista y algunos más?
Pongo en antecedentes y que cada cual exprese su conclusión. Zaragoza ha albergado estos días la trigesimo quinta edición del llamado torneo del KO, coincidiendo casi en fechas con la Copa del Rey de Balonmano, que ha tenido lugar en Antequera. En una se han visto por televisión los siete partidos que se han celebrado (cuatro de cuartos, dos semifinales y la final), en otra ni siquiera la mitad. En una, páginas enteras de información; en otra, salvo en las ciudades con representación, ni un bolo y si ha aparecido algo con fallos. En una los resultados de los partidos estaban casi al segundo. En otra ni a la hora. Por ejemplo, el primer partido de Unicaja, que fue frente al Barça, cuando se pudo conectar con la ‘pseudo-web’ de la organización el partido estaba en su primer set 16-15. Una hora y cuarto después de acabar el partido, en la misma web y en la de la propia federación el resultado era 0-0.
Eso sí, en el palco del CDM Siglo XXI, los directivos de la Federación se ‘codeaban’ con las autoridades. Me figuro que no sería hablando de voley. Ah, no que el presidente no se dignó estar en el partido inaugural. Ellos, los que mandan en el voley español y que sólo miran por la selección -menos mal que están los clubes que miran por los intereses del voley-, son los culpables de permitir que una competición tenga una organización primitiva, en la que todo se ha djeado en manos de la improvisación.
Cuánto echo de menos cómo se hacen las cosas en Almería. El año pasado, siete partidos jugados, siete partidos vistos por televisón. Siete partidos disputados, siete partidos seguidos punto a punto a través de internet para quien no pudiera estar en el Moisés Ruiz. Todo el año pasado. ¿Será la añoranza, el intento por volver la vista atrás? Más bien no. Yo diría que es simple y llanamente dar valor a lo que lo tiene y la experiencia organizativa de Almería no hay quienl a ponga en duda. Para ejemplo un botón, los mejores Juegos Mediterráneos de la historia se hicieron en Almería. Algo habrá quedado en el tiempo. ¿Pasado o presente? Ni lo uno ni lo otro: compromiso y responsabilidad. A ver cuándo la Federación lo tiene con quienes le permiten tener una selección que no hace mucho -en 2007- fue campeona del Europa.
EN-VI-DI-A
Con la que está cayendo, no voy a hablar ni de Hugo Sánchez, ni de la inoportunidad de sus cambios, ni de la pobre imagen que un domingo sí y otro también da la UD Almería cada vez que juega, ni de la cruzada encubierta que el técnico parece tener con Esteban Solari cuando el equipo da muestras de carencias en ataque que pueden hacer que el técnico hable de ir a por el empate cuando se juega fuera y es que Hugo se debe referir al empate como el único resultado posible, ya que hacer gol es algo prohibido para la UD. Hoy voy a hablar de envidia. Hace unos años me decía Juanjo Moreno, ahora responsable del departamento de comunicación y márketing de la UD Almería, que la envidia no puede ser ni sana ni mala, sólo envidia.
Y es lo debemos sentir los almerienses que creemos que no es de justicia ir cada domingo al Estadio de los Juegos Mediterráneos y ver que hay veces que no van ni los socios y que cuando, como hace dos semanas ante el Valencia, acuden más de 12.000 nos damos con un canto en los dientes.
Como almeriense, siento envidia de lo que pasa en otros lugares. Siento envidia de cómo en Riazor la ‘marea’ sportinguista le cambia el nombre al campo del Dépor y le ponen El Molinón porque van unos ocho mil seguidores del Sporting a ver el último partido que su equipo jugó en A Coruña. ¿Cuándo lo hemos conseguido con la UD? Asistieron siete veces más que cuando la UD jugó en Málaga y sólo nos aproximamos cuando el ascenso a Primera estaba a las puertas de la equina en La Condomina -la vieja y para ver el partido ante el Ciudad de Murcia-.
Como almeriense, siento envidia de lo que se pudo ver en el Nuevo Los Cármenes el domingo. ¡Chapeau! Dirían los franceses. Casi 13.000 personas fueron a ver un partido de Segunda B, el Granada-Marbella del domingo. Granada no tiene mejor afición que Almería. Ni mucho menos. La diferencia es la identificación de una ciudad hacia un club, hacia quienes representan a esa ciudad. En Almería sólo hay lo que hay. 9.000 personas que van al campo, ni más ni menos. Son los 9.000 que sienten que hay un equipo con el que se identifican, más allá de si su fútbol es o no atractivo, es o no un motivo para seguir yendo al estadio, como decía un lector en los comentarios post-partido del Zaragoza-Almería.
En Granada, por ejemplo, las entradas estaban a 20 euros para ese Granada-Marbella. Luego tachan a los medios que qué fácil es hablar de la floja asistencia al Mediterráneo cuando no pagamos.
Lo dicho, envidia, ni sana ni dañina, envidia de sentimientos. A ver si aprendemos.

