En la vida hay una serie de límites que no deben sobrepasarse, pues de ello se deriva un desgaste personal, una pérdida de categoría humana, una degradación, en suma, de la que resulta muy difícil recuperarse. Esa situación implica la desaparición del respeto, de la credibilidad, de la anuencia de los demás. En política, también, y en estos tiempos de banalización, más aún.
Por eso me sorprende que nuestro alcalde llegue a saltarse unos límites que nunca debería haber sobrepasado. El hacerlo lo degrada a él, en primer término, como político, cosa que a mí no me preocupa. Lo malo es que, en segundo lugar, también degrada al resto de la ciudadanía, a la que representa, y a la propia ciudad, que está peor que nunca y que parece una urbe del tercer mundo en vez de una potencia turística.
La política de Torres Hurtado, para la que yo he inventado el término “pepetorrismo”, consiste en vivir de una eterna confrontación con la administración autonómica (confrontación que él mismo provoca), en ir de víctima de mil complots perpetrados contra Granada (en realidad, el único complot contra la ciudad es su propia presencia en la alcaldía, algo que espero acabe en el próximo mayo), en gastar el dinero de forma tan atrabiliaria que nos ha dejado en la más patente ruina y en desentenderse de todos aquellos elementos que interesan al futuro de Granada: Campus de la salud, Palacio de Congresos, empresariado, comercio.
Un alcalde que siempre se ha opuesto a cualquier postura de la Junta de Andalucía, que ha hecho un grosero desaire a Rafael Moneo, que ha gastado en las obras de la Gran Vía mucho más de lo presupuestado (nunca hemos conseguido enterarnos de por qué se sobrepasó el presupuesto ni en cuánto), que ha ido perpetrando una cadena lamentablemente larga de despropósitos y que ha dejado las arcas municipales en la más penosa ruina, aunque eso sí: tenemos el canal de televisión municipal a la imagen y semejanza suya, previo pago de un capital que ya quisiéramos que estuviera en las arcas para ciertas contingencias (me refiero a algo que él ignora: los barrios, llenos de baches y en un estado lamentable).
Pero es en estos últimos meses cuando ya está rebasando cualquier límite pensable. Debe tanto dinero a empresas de jardinería, de limpieza y de transporte que los trabajadores tienen sus puestos de trabajo en peligro. Por lo pronto, hoy dice el diario local Ideal que Inagra va a plantear un ERE que dejará en la calle a 90 personas, eso en una ciudad que está cada vez más mugrienta pese a la más que sospechosa “Escoba de oro” que ha conseguido. Él ha intenado “solucionar” el asunto rebajándoles el sueldo y el conflicto está servido.
También anuncia la prensa local que tiene previsto “reacaudar” medio millón de multas (me pregunto si formulado así, no es para ir a la Fiscalía: ¿se pueden prever las infracciones urbanísticas y de tráfico o es que se levanta la veda de los ciudadanos, quienes vamos a pagar, vía sanción prefabricada, el dinero que falta en tesorería?).
Esto llega precisamente cuando se inician las obras de remodelación de Ganivet, una de las más emblemáticas calles de la ciudad, en pleno centro: unas obras tan costosas como innecesarias que parecen destinadas a premiar el voto de los suyos, mientras se soslayan los baches y carencias de los barrios deprimidos.
Creo que ha pasado ya todos los límites permisibles: lo está haciendo tan rematadamente mal, de forma tan surrealista, con tanta irresponsabilidad que Granada entera debería rebelarse y decirle que ya ha pasado los límites aceptables, que ya no se le puede permitir una sola arbitrariedad más.
Me pregunto qué se propone con tal sarta de barbaridades y llego a pensar que está pidiendo a voces que Paco Cuenca le gane la alcaldía. Se dice que Torres Hurtado será el candidato popular, pero sólo de fachada para afuera, pues él tiene previsto ocupar un cargo tan pronto como pasen las elecciones y, en el caso cada vez más improbable de ganarlas, dejaría la alcaldía en manos de su delfín, el Sr. Pérez, el que se ha atrincherado defendiendo la escultura a José Antonio Primo de Rivera en Bibataubín porque la puso su padre, cuando éste era Jefe Local del Movimiento. Llego a pensar que Torres Hurtado odie tanto y tan profundamente a Sebastián Pérez que le está dejando una herencia imposible. De otra forma no entiendo que se salte las bardas de lo posible en política, que rebase unos límites que lo dejan en un limbo de absoluta ineptitud, una ineficacia que los granadinos no nos merecemos.
Rigoletto














