Khaled Hosseini, un médico afgano, exiliado en Estados Unidos, es el autor de “Mil soles espléndidos”, un libro que he terminado de leer hace unas horas y que me ha dejado el ánimo en constante ebullición, un bulle-bulle entre lo emocional y lo analítico, entre la angustia y la esperanza.

El libro, a medio camino entre una novela histórica (los treinta últimos años convulsos de Afaganistán) y un documental costumbrista, recoge la atormentada vida de dos mujeres, ambas esposas del mismo hombre, que tras superar un impulso de oposición, se unen en un tierno afecto, en un solidario compartir la triste miseria de sus vidas sin esperanzas. Y de trasfondo la agobiante situación de las mujeres afganas, tanto con la monarquía previa, como con la República socialista de inspiración soviética y con la república islámica impuesta por los talibanes, a base de mucha, muchísima sangre y de una absoluta injusticia para con la mujer.

La novela arranca en los últimos años sesenta, en la ciudad de Herat, donde crece Mariam, una niña que toma conciencia de que su padre no la quiere junto a él por ser bastarda. La niña crece y es entregada en matrimonio a un viudo mucho mayor que ella, con quien se muda a vivir en el Kabul de la época de la expulsión de los soviéticos. Con el tiempo, Laila, una vecina quince años menor, se convertirá en la nueva esposa de su marido, tendrán que convivir, tendrán que compartir los golpes, la miseria, el silencio, el burka, la sumisión… Y llegarán a ser amigas y solidarias ante el vacío de sus vidas.
También aparece la llegada del régimen talibán, que, en septiembre de 1996, tomó el poder y dictó la sharía o ley islámica, con la más absoluta literalidad, con todo el integrismo, dando validez a unos preceptos dictados por Mahoma para las tribus del desierto Arábigo del siglo VII. Cuenta la novela cómo la emisora de Kabul pasó a llamarse La Voz de la Sharía y repetía incesantemente las siguientes normas:
“Todos los ciudadanos deben rezar cinco veces al día. Si os encuentran haciendo otra cosa a la hora de rezar, seréis azotados.
Todos los hombres se dejarán crecer la barba. La longitud correcta es, al menos, de un puño por debajo del mentón. Quien no lo acate, será azotado.

Todos los niños llevarán turbante. Los niños de uno a seis años llevarán turbantes negros, los mayores lo llevaran blanco. Todos los niños deberán vestir ropa islámica. El cuello de la camisa se llevará abotonado.
Se prohíbe cantar.
Se prohíbe bailar.
Se prohíben los juegos de naipes, el ajedrez, los juegos de azar y las cometas.
Se prohíbe escribir libros, ver películas y pintar cuadros.

Si tenéis periquitos, seréis azotados. A los pájaros se les dará muerte.
Si robáis, se os cortará la mano por la muñeca. Si volvéis a robar, se os cortará un pie.
Si no sois musulmanes, no podréis practicar vuestra religión donde os vean los musulmanes. Si lo hacéis, seréis azotados y encarcelados. Si os descubren tratando de convertir a un musulmán a vuestra fe, seréis ejecutados.
Atención mujeres:
Permaneceréis en vuestras casas. No es decente que las mujeres vaguen por las calles. Si salís, deberéis ir acompañadas de un pariente masculino. Si os descubren solas en la calle, seréis azotadas y enviadas a casa.
No mostraréis el rostro bajo ninguna circunstancia. Iréis cubiertas con el burka cuando salgáis a la calle. Si no lo hacéis, seréis azotadas.

No hablaréis a menos que os dirijan la palabra. No miraréis a los hombres a los ojos. No reiréis en público. Si lo hacéis, seréis azotadas. No os pintaréis las uñas. Si lo hacéis, se os cortará un dedo. Se prohíbe a las niñas asistir a la escuela.Todas las escuelas para niñás quedan clausuradas. Se prohíbe trabajar a las mujeres. Si os hallan culpables de adulterio, seréis lapidadas.

La novela termina con un final feliz, sólo a medias, con una esperanza abierta al futuro, con un canto al optimismo que lleva a los personajes a empezar de nuevo, con la ilusión que el futuro debe producir en las almas de la gente normal. El Pais ofrece una información (sábado día 3) sobre la corruptela de la administración afgana, sobre el relanzamiento del régimen talibán, sobre las negras perspectivas que se ciernen sobre el país, como un funesto augurio. ¡Pobres mujeres afganas!

