Tengo, entre otras, las pésima suerte de haber contratado hace casi cuatro años el servicio de teléfono y la conexión a Internet con nuestra amada Telefónica (yo sigo tratándola con pronunciación esdrújula). Llamé (todo facilidades), me mandaron un “kit” de conexión, las pasé moradas, me mandaron un teléfono… en fin, ya sabéis. Y una buena

