No se trata ya de que el mundo anglosajón nos haya metido el amor y los “Be my Valentine” por estas fechas de mitad de febrero. Es que, además, ese cataclismo interior que llamamos amor, lleva milenios atormentando nuestras almas y siendo todo un tópico literario que se ha revestido de miles de formas.
Hoy, los “cuaversos de bitácora” tratan de esa inevitable fuerza cósmica, de “eso que llaman amor, para vivir”.
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: “Desmayarse, atreverse, estar furioso, no hallar fuera del bien centro y reposo, huir el rostro al claro desengaño, creer que un cielo en un infierno cabe, (Lope de Vega) COMPAÑERA DE HOY “Compañera de hoy, no quiero (Alfonso Costafreda) SONETO FINAL (Miguel Hernández) AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE Cerrar podrá mis ojos la postrera Mas no de esotra parte en la ribera Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, Su cuerpo dejará, no su cuidado; (Francisco de Quevedo) Ciego que apuntas y atinas, Baste el tiempo mal gastado Amadores desdichados, Diez años desperdicié, Una torre fabriqué (Luis de Góngora) garide-me (Decidme: (Jarcha tradicional)
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino. 
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo
leal, traidor, cobarde y animoso;
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor; quien lo probó lo sabe”.
otra verdad que la tuya, vivir
donde crezcan tus ojos,
dando tu luz, tu cauce
a lo que veo y siento…
Deshacer ese ovillo oscuro del temor,
encontrar lo perdido,
quebrar la voz del sueño…
Y lenta, lentamente
aprender a vivir,
de nuevo, de nuevo,
como en una mañana
cargada de riqueza”.
Por desplumar arcángeles glaciales,
la nevada lilial de esbeltos dientes
es condenada al llanto de las fuentes
y al desconsuelo de los manantiales.
Por difundir su alma en los metales,
por dar el fuego al hierro sus orientes,
al dolor de los yunques inclementes
lo arrastran los herreros torrenciales.
Al doloroso trato de la espina,
al fatal desaliento de la rosa
y a la acción corrosiva de la muerte
arrojado me veo, y tanta ruina
no es por otra desgracia ni por otra cosa
que por quererte y sólo por quererte.
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

DÉJAME EN PAZ, AMOR TIRANO
Caduco dios, y rapaz,
Vendado que me has vendido,
Y niño mayor de edad,
Por el alma de tu madre
—Que murió, siendo inmortal,
De envidia de mi señora—,
Que no me persigas más.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Que he seguido a mi pesar
Tus inquïetas banderas,
Forajido capitán.
Perdóname, Amor, aquí,
Pues yo te perdono allá
Cuatro escudos de paciencia,
Diez de ventaja en amar.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Que seguís milicia tal,
Decidme, ¿qué buena guía
Podéis de un ciego sacar?
De un pájaro ¿qué firmeza?
¿Qué esperanza de un rapaz?
¿Qué galardón de un desnudo?
De un tirano, ¿qué piedad?
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Los mejores de mi edad,
En ser labrador de Amor
A costa de mi caudal.
Como aré y sembré, cogí;
Aré un alterado mar,
Sembré una estéril arena,
Cogí vergüenza y afán.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.
Del viento en la raridad,
Mayor que la de Nembrot,
Y de confusión igual.
Gloria llamaba a la pena,
A la cárcel libertad,
Miel dulce al amargo acíbar,
Principio al fin, bien al mal.
Déjame en paz, Amor tirano,
Déjame en paz.

k(u)and mio sîdî yâ qawmu
ker(r)a bi-llâh
suo al-asî me dar-lo
¿cuándo mi señor, oh amigos,
querrá, por Dios,
darme su medicina?)

