La derecha no existe

Desde hace mucho tiempo, especialmente desde 1996 (el año en que ganó José María Aznar la presidencia del Gobierno), trato de encontrar la verdadera esencia de la derecha española, el fuego primigenio que alienta en sus extrañísimos designios, el origen cósmico de sus decisiones, pulsiones, filias y fobias. Llevo mucho tiempo buscando a nuestra derecha, pero tengo que confesar que, tras muchos intentos e investigaciones -modestísimas, eso sí-, he llegado a la conclusión de que la derecha no existe en España. Hay otros países en que sí existe una derecha organizada, una clase política de derechas, un electorado de derechas y una conciencia de derechas, pero aquí, nada de nada. Al menos, no he sido capaz de encontrar a nadie dispuesto a asumir y afirmar categóricamente algo tan simple como: “Yo soy de derechas”. Existimos muchos que decimos ser de izquierdas, progresistas, socialistas, comunistas, anarquistas, laicos… Lo decimos sin el más mínimo sonrojo, sin tapujos, de la forma más asertiva posible: “Yo soy militante socialista”. Además de que me siento muy honrado, es que creo que la gente que me rodea tiene que saber con quien se juega los cuartos. Lo he comentado con mis compañeros en la escuela, se lo he dicho a mis amigos, a muchos conocidos…

Sin embargo, nadie de la derecha va a decir nunca que es de derechas. Todos dirán ser apolíticos (Duverger: “El apoliticismo no existe. Todo apoliticismo es de derechas”), no estar interesados en la política (es tanto como decir que no se está interesado en el cáncer: está ahí todos los días y nos afecta, y mucho), o se acogerán a que la política es para los políticos, que además son unos corruptos (como si no fuesen tan necesarios, pese a los innumerables fallos que perpetran). Ni siquiera el Partido Popular es un partido de derechas, sino del centro (es cierto: del centro mismo de la extrema derecha), pese a que se opone a toda medida que implique una apertura a formas sociales de futuro.

Recordemos a la Sra. Botella aclarando su frutal teoría de las manzanas y las peras para no decir abiertamente que repudiaba los llamados matrimonios gay. Recordemos, igualmente, la respuesta de la bancada popular en el Congreso cada vez que ha habido debate político sobre temas candentes, tales como el aborto, educación para la ciudadanía, alianza de civilizaciones, Irak, Yak 42, Prestige, tregua de ETA, memoria histórica, condena al franquismo. Recordemos la línea “periodística” de Jiménez Losantos o del diario El Mundo, que han mantenido una absurda teoría conspirativa, realmente incendiaaria.

Yo me pregunto si estas cosillas de los populares no son homologables a lo más rancio de la derecha occidental. Me pregunto también si se ven tan inseguros, tan poco honestos, que tienen que camuflar su derechismo, que es un derecho inalienable (tan inalienable como mi derecho a ser, pensar y sentir como alguien de una izquierda más o menos moderada). ¿A qué asocia esta gente el ser de derechas? Es evidente que habría que definirlos por los rasgos externos: una fobia insalvable a la izquierda, una descalificación del término “progresista” que parece darles sarpullido, una capacidad para insultar (al Presidente, Sr. Rodríguez Zapatero, lo tratan con un indecente desprecio que, paradójicamente, los descalifica a ellos) y una desvergüenza irracional que lleva a cosas tan peregrinas como para afirmar sin sonrojo que “cuando ellos gobiernan se llena la hucha y que los socialistas la despilfarran después”, formulado así, simplificado hasta extremos de niño de Primaria, con esa gran capacidad analítica y sin que entren en el asunto otros parámetros de la economía internacional.

Si el Sr. Rajoy ha sido capaz de aguantar cuatro años siendo portada de la prensa casi a diario a base de decir incongruencias que lo han llevado a perder sus segundas elecciones; en los últimos días, tras la formación del nuevo gobierno y a la vista de las próximas elecciones al Parlamento Europeo, esta gente, aunque no existe, se moviliza y está copando los foros, los blogs, los comentarios de los periódicos online. Se les ve muy crecidos, muy exultantes (e insultantes). Son el apoyo de Patxi López para que el país vasco salga de la barbarie y eso les confiere una fuerza que están dispuestos a poner en valor. Por eso airean sus argumentos, los que acabo de exponer, sin demasiada lógica, sin ninguna ética. Labor de zapa a ver qué “pillan”.

Demasiada marrullería. La gente, aun sin ser de derechas -sabemos que eso no existe- puede caer en la tentación de olvidar las medidas sociales de Zapatero. Dejarse llevar por esos ladridos al sol, por esos dicterios de los populares y su centro ideológico. Si la gente pierde la sensatez y les hace caso, la derecha española es capaz de ganar las elecciones en un futuro. Y eso que no existe.

Rigoletto

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