A Concha Caballero, compañera de aquel tiempo.
En los últimos días, coincidiendo con la máxima gravedad de la crisis económica, leo en varios blogs un desesperanzado lamento sobre la partitocracia, que viene a ser una desconsiderada queja acerca de la propia democracia. He salido al paso de algunos posts de amigos, que en su blog condenan a la clase política, acusan al sistema de servir sólo a intereses particulares y/o partidistas, se quejan de la ineficacia de los parlamentarios, se lamentan de las invectivas llenas de crispación que unos lanzan sobre los otros…
Todo eso es cierto, pero le veo a la queja un tufillo derechoide y les contesto que ningún bando es perfecto, que el político es necesario, que la democracia es una idea tan elevada que resiste incluso esas pequeñas perversiones, que prefiero una democracia que funcione mal a una dictadura que funcione bien.
Este post es una simple lección de historia para los más jóvenes, los que creen que el régimen de libertades ha estado ahí siempre y no tienen más referencia de una dictadura que la edulcorada versión de “Cuéntame”. Hoy, buscando el carné de Izquierda Republicana de mi padre (él era de derechas, pero al ser funcionario, tuvo que afiliarse a un partido político y en las coordenadas espacio-temporales de mi pueblo en 1936, este partido le pareció el más viable), he encontrado un panfleto de hacia 1976 en que las juventudes democráticas de un llamado Movimiento Democrático de la Juventud llaman a la Amnistía de los presos políticos.
Es un viejo panfleto tirado en aquellas multicopistas de ciclostil, las llamadas vietnamitas, que sacaban copias casi ilegibles porque llenaban los folios de manchurrones de tinta. Supongo que me lo debió de dar Concha en el Colegio Universitario de Jaén y sé que si algún secreta infiltrado (que tenía que haberlo, aunque los demás creían que era yo, unos años mayor que ellos) me lo pilla, habría tenido serios problemas, pues se torturaba y se encarcelaba por cosas así. El terrible TOP (Tribunal de Orden Público) no entendía gran cosa de veleidades juveniles. He aquí el panfleto, que hoy me parece algo muy ingenuo, pero que tuvo una vigencia sólo comprensible por los que vivimos aquello


El texto dice:
MORTADELO Y LA AMNISTÍA
MORTADELO: Jefe, voy a tomar un café.
MORTADELO: ¡Camarero! ¡Plas, plas! (onomatopeya de palmas)
VOZ DEL TELEVISOR: Franco ha muerto.
POLICÍA SECRETA: ¡Queda detenido!
MORTADELO: ¿Yo? ¿Pero por qué?
POLICÍA SECRETA: Calle y camine.
COMISARIO: ¿De qué se le acusa?
POLICÍA SECRETA: Apoyo al terrorismo
TORTURADOR: Terrorista.
MORTADELO (disfrazado de oruga): Pero si yo…
TORTURADOR (golpeándolo): Toma, terrorista.
COMISARIO: A la cárcel.
MORTADELO: Pero…
COMISARIO: ¡Calle!
MORTADELO (en la cárcel): ¿?
VOZ DEL FUNCIONARIO: Todos los presos al patio.
FUNCIONARIO: Juan Carlos ha dado un indulto… a los ladrones, así que a la calle.
PRESO (A Mortadelo): ¿Y los presos políticos?
MORTADELO: Si no se me ocurre algo, voy a pasar aquí 14 años bisiestos.
MORTADELO (disfrazado de lagartija): ¡Suerte que llevo el disfraz de lagartija!
MORTADELO (disfrazado de pájaro): Me voy volando
MORTADELO : ¡Libre! ¡El Jefe!
JEFE: ¡Mortadelo! ¿Han dado la amnistía?
MORTADELO: No, es que me he escapado.
JEFE: Ya decía yo.
MORTADELO: Y ahora a sacar a todos los compañeros que quedan en la cárcel.
TODOS: ¡AMNISTÍA!
PRESO POLÍTICO: ¡Viva la Junta Democrática! ¡¡Libertad!!
(Dos viñetas sin texto, en que una mano lo coge del cuello y lo aporrea para, después verlo encerrado).
PRESO: Compañeros, ahora estamos fuera, pero cuando ellos quieran nos volverán a meter a la cárcel. Necesitamos las libertades democráticas y hemos de luchar para conseguirlas.
TODOS: ¡LIBERTADES DEMOCRÁTICAS!
Esto era solamente un panfleto. La realidad era peor. Lo digo para quienes no vivieron estas cosas. No soy el abuelo Cebolletas contando batallitas, pero los jóvenes que asomáis por aquí debéis valorar en su justa medida la cuota de libertad que muchos luchadores (Concha entre ellos) conquistaron para vosotros. Y valorar lo que supone un sistema democrático a pesar de los fallos de los partidos y de los políticos.
Rigoletto

