El pasado miércoles, muy temprano, decidí dar un aire distinto a mi jubilación, que ya me estaba encerrando demasiado en casa, y a las ocho de la mañana ya estaba empezando a subir la cuesta Gomérez. Empecé la cuesta como se tiene que empezar una cuesta pronunciada: “como un viejo, para terminarla como un joven”,

