“Peliculario”


En la novela de Manuel Puig “El beso de la mujer araña” (1976), dos internos de una prisión argentina, uno encerrado por la dictadura debido a su condición de homosexual y el otro por motivos políticos, entretienen su obligado ocio contándose películas clásicas. La trama de la novela se completa con un argumento mínimo, pero intenso, pues la relación humana que se establece entre ambos presos y las películas contadas se integran y complementan, de manera que el lector termina sin saber cuál de los dos componentes narrativos es más determinante en la novela.

Al libro de Jesús Lens y Francisco J. Ortiz, “Hasta donde el cine nos lleve” le pasa algo parecido. Parte de algo que debería ser un hilo conductor: una “teoría del cine de viajes”, sin embargo es un hilo que no conduce sino a las propias películas, cuyas reseñas críticas, bastante amenas, llegan a confundirse con la teorización sobre los viajes cinematográficos. Dicho de otro modo, la teoría sobre este género, no reconocido, pero que “haberlo, haylo”, se va conformando a partir de la lectura de las críticas de las películas de viajes. Por eso, para mí este libro es un delicioso “peliculario”, una especie de diccionario de películas agrupadas por distintos temas, pero siempre relacionadas con un viaje, voluntario o impuesto, agradable o agónico, en épocas de paz o de guerra, marcado por el amor o por el odio, en cualquier escenario geográfico y en cualquier época, desde la Prehistoria al futuro galáctico. Son viajes en los que el viajero termina siendo distinto a como era al iniciar el periplo, pues el viaje es símbolo del cambio, de lo mudable, de la evolución de cada persona a medida que se produce su peripecia vital.

En realidad el propio libro es un “viaje” teórico a través de la historia del cine. Un viaje teórico que despliega una prodigiosa documentación, así como un tratamiento brillante de todos los datos documentales incluidos. En algunos casos, me ha sorprendido que Jesús Lens, nuestro Patón del blog, conozca determinadas películas, que yo creía que eran patrimonio de nuestra generación de “matinées” y cartucho de pipas. Más sorprendido me quedo al ver que el otro autor es incluso más joven y también da muestras inequívocas de conocerlas, pero está claro que hoy día se puede conocer casi todo lo esencial de la historia del cine sin pisar una sala y que existen colecciones impagables para quien desee ver aquellas películas de la época del star system, con frecuencia disponibles incluso en la red en streaming.

En cualquier caso, no debería sorprenderme la erudición desplegada, conociendo la inmensa capacidad y dedicación que Jesús le pone a estas aficiones suyas. Yo, que llevo casi tres años visitando a diario el blog de Jesús y comentando sus entradas, sé la pasión que pone en las críticas de las películas que ve (tanta como cuando lee un libro y nos ofrece reseñas geniales). Siempre le he dicho una cosa que es necesario que le repita aquí: se le nota mucho cuando un libro o una película le gustan especialmente. En esos casos, la crítica o la reseña le sale de dentro y consigue calidades poco comunes. No puedo olvidar una que especialmente me envolvió y dio lugar a una serie de comentarios míos y respuestas suyas, que me parecieron verdaderamente entrañables. Aprendí mucho sobre el sentido de la vida y no lo olvido, pese a haber transcurrido casi tres años. Fue sobre “Babel” y es posible que él aún no se llamara Patón (por su blog “Pateando el mundo”), sino Hueso (por entonces su blog era “Pinchando en hueso”).

Volviendo a lo esencial, que es el libro, hay que decir que comprende una acumulación de críticas, muy cuidadas, muy detalladas y trufadas de un anecdotario entrañable. Es una labor que requiere cientos de horas de trabajo previo, incluyendo el visionado de las referidas “cintas”, la recogida de datos, la investigación posterior y la elaboración del libro. Se ocupa directamente (quiero decir que incluye la crítica, ficha técnica, anecdotario de producción y/o filmación…) de algo más de unas ciento cincuenta películas, pero menciona muchas más, de las que sólo aparece una breve mención (normalmente en las filmografías de los distintos realizadores o cuando es necesario señalar alguna similitud o antítesis) por no constituir un viaje, que es el tema que conforma y sirve de criterio para el libro.

“Donde el cine nos lleve” está compuesto por los siguientes apartados:

Una Introducción donde se teoriza sobre la existencia o no de un género específico dentro del cine, el “cine de viajes”, hasta ahora nunca reconocido formalmente, pese a la interrelación cine-literatura.

A continuación se enumeran una serie de capítulos o apartados en que se analizan las distintas épocas de los viajes cinematográficos: La Prehistoria, en que aparecen filmes tales como “En busca del fuego” o la saga “Ice Age”. En el siguiente apartado, La Edad Antigua, se analizan películas tales como “Espartaco”, “ Ulises”, “Cleopatra”, mientras que en La Edad Media aparecen títulos como “Las Cruzadas”, “Los vikingos”, “El reino de los cielos” o la trilogía de “El Señor de los Anillos”.

A partir de aquí, la estructura de los capítulos se hace más compleja, pues la propia Historia se adentra en un período donde los cambios sociales son más acelerados y así, el capítulos de La Edad Moderna se compone de una serie de sub-apartados dedicados al descubrimiento y conquista de América (con películas como “Apocalypto”, “Aguirre, la cólera de Dios”, “Pocahontas”…), a los viajes marítimos (“Moby Dick”, “El mundo en sus manos”, “Viento en las velas”, o la más reciente “Master and Commander”), para continuar con África (“Mogambo”, “La Reina de África” o “Memorias de África”) y toda un recorrido amplísimo por el western, donde los títulos se acumulan, desde los primitivos (“La diligencia”), hasta los últimos westerns crepusculares (con especial énfasis en “La balada de Cable Hogue”).

El capítulo dedicado a El siglo XX se complica aun más, llegando a ser casi imposible señalar siquiera un mínimo principio esquemático, dada la naturaleza convulsa que impregna la Historia de esta centuria, de manera que aparecen los sub-apartados dedicados a las grandes expediciones geográficas (“La vuelta al mundo en ochenta días o “La carrera del siglo”), las guerras mundiales y (“La reina de África”, “Salvad al soldado Ryan”, “La delgada línea roja”…), del final del colonialismo (“Lawrence de Arabia”, “Hotel Rwanda”…), la gran depresión americana del 29 (“Las uvas de la ira”), el gangsterismo (“Bonny and Clyde”), Vietnam (cómo no mencionar “Platoon”, “La chaqueta metálica” o la genial “Apocalypse now”), el vacío anímico tras la derrota (”París, Texas” o “Taxi driver”) y muchos más aspectos que reclaman más extensión, exactamente la que los autores le dan en el propio libro, que se adentra después en el siglo XXI, apenas empezado, pero que les sirve para hablar del tema central: el viaje, el fenómeno social del turismo, que nos traslada a una situación de globalización, incluso del sufrimiento (“Babel”)…

Un defecto grave del libro: la ingente cantidad de datos que se manejan, hubiera merecido un consistente aparato blibliográfico. He echado en falta un índice onomástico, un índice de materias, de títulos… todo ello con la consiguiente paginación. Es cierto que se incluye un índice cronológico de las películas comentadas, pero es a todas luces insuficiente, ya que exige recordar la fecha de la película sobre la que se requiere información o buscar recorriendo la lista completa. Lo apunto para la segunda edición (y siguientes).

El libro me ha resultado apasionante. En el caso de las películas que he visto, me ha hecho recordarlas (son unas reseñas tan sugerentes, que más que recordarlas, tendría que decir revivirlas). En el caso de las muchas que no he visto (en los últimos años, la mayor parte de las películas me suenan a deja vu y voy al cine en escasas ocasiones), me queda la sensación de culpabilidad, de haberme perdido algo excelente, según estas críticas. Ha sido como asistir a aquellas sesiones continuas, hoy desaparecidas, y me ha hecho retrasar mi horario de sueño, pues he ido revisando, relacionando, releyendo… (de ahí que he echado en falta los índices paginados). En algunas ocasiones, la sintonía entre su crítica y la mía ha sido admirable (el caso de “Taxi driver”, por ejemplo) y en otras no hay tanta coincidencia (valora o revisa películas que vi en su tiempo y me parecieron de escasa calidad), pero siempre queda la amenidad y el disfrute de un libro lleno de calidad.

No conozco, ni siquiera en el ámbito virtual, a Francisco J. Ortiz (al que agradezco los ratos de lectura apasionada que el libro me ha deparado). A Jesús, sí. Se apellida Lens, que en latín significa “lente”, algo esencial en la filmación y proyección de un filme. También imprescindible para hacer la disección, el análisis, para desentrañar la semiótica de las imágenes, el sentido final de la película, esto es, para escribir estas críticas tan llenas de agudeza. Gracias, Jesús.

Rigoletto

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