Lo había visto tantas veces en el cine, lo había leído en tantas ficciones, se había repetido tanto en telediarios de distante realidad, me sonaba tanto a deja vu, que cuando me tocó a mí, apenas pude creérmelo. Un toque en el teléfono a media tarde, la guardia civil de tráfico: ¿Es usted el dueño

