Tiempo de Transición

No es la primera vez que la Fundación Pablo Iglesias y Caja Granada colaboran para exhibir una exposición llena de rigor, de interés, de calidad. De auténtica necesidad. Antes de la que ahora se puede contemplar, “Tiempo de Transición: 1975-1982. La construcción de la democracia en España”, ambas entidades nos ofrecieron una visión desgarradora de la vida en los campos de concentración nazis y otra muestra de carteles de la guerra civil. La de los campos era tan patética, tan terrible, que nos puso un nudo en la garganta y yo vi a un señor llorando abiertamente al participar en esa bajada a los infiernos, casi setenta años después y de una forma en que el dolor se mitigaba, pues sólo era una galería de fotos del sufrimiento.

Especie de reloj del tiempo, va desplegando fotos de los hechos

Los mejores artistas plásticos ilustraron los 25 años de Constitución

Desde que el pasado viernes la inauguró Alfonso Guerra hasta el próximo 28 de Febrero, el Centro de Exposiciones de Caja Granada en Puerta Real nos ofrece esta muestra de un período fascinante de nuestra historia. Los que vivimos de lleno las vicisitudes reflejadas en la exposición, nos sentimos orgullosos de haber participado, incluso como simples ciudadanos de a pie, de un proceso apasionante: pasar de una dictadura agonizante a un régimen democrático normalizado e integrado en el ámbito europeo y en el resto de la comunidad internacional.


Tiempos de Silencio, de Incertidumbre, de Consenso y de Libertad

Ya en el vestíbulo, se nos adelanta lo que vamos a ver, pues una pantalla nos ofrece una esfera de reloj en la que avanza una manecilla desplegando fotografías correspondientes a distintos hitos de la transición. Después ya empieza la exposición propiamente dicha, que parte de una zona casi marginal, tintada de negro y llamada “Tiempo de silencio”, deliberadamente tapada por las demás zonas, totalmente oscurecida, que incluye, a manera de prólogo, la etapa franquista. Termina con el vídeo, ya clásico para los que lo vivimos, de Arias Navarro anunciando al país con voz lacrimógena, aquello de “Españoles, Franco ha muerto”.

Tras una enorme imagen del dictador en su ataúd, un panel de fotos y textos explicativos se adentra en el período que va de 1975 a 1977 (es decir, del nombramiento del Rey como Jefe del Estado dos días después de la muerte de Franco hasta las primeras elecciones generales de la democracia) y este apartado se llama “Tiempo de incertidumbre”, que cambia después a “Tiempo de consenso” al tratar el período preconstitucional y termina con la última fase, “Tiempo de libertad”, que se extiende de 1979 a 1982, es decir, desde la entrada en vigor de nuestra Carta Magna hasta la llegada al poder del PSOE en las elecciones (inolvidables para mí) del 20 de Octubre de 1982. Siete años solamente. Un breve lapso de tiempo para una gran historia.


El pasaporte de Carrillo con la foto de la peluca


Los paneles fotográficos y los textos explicativos, breves y didácticos, se complementan con una enorme profusión de documentos reales de las distintas épocas, desde la sentencia del Tribunal Supremo por la que se legaliza al PCE, hasta el mechero que usaba Suárez para fumar impenitentemente, el pasaporte falso de Carrillo (con la famosa foto de la peluca), los carteles de las campañas electorales, las papeletas de votación, los teléfonos del Congreso de esa época “Cuéntame”, los transistores en que se oía lo que la radio decía la noche del golpe, un escaño del Congreso o el maletín personal de Miguel Sarabia Gil o las gafas de Luis Ramos Pardo, ambos abogados del masacrado bufete de Atocha, un reloj de bolsillo en cuyo interior se camuflaba el sello oficial de la UGT, la famosa cazadora de Felipe González, números de Mundo Obrero o de El Socialista, una caja de la famosa píldora, que se legalizó por entonces, revistas (¿cómo olvidar Triunfo, que yo compraba semanalmente y encuaderné en preciosos tomos, de los que aún conservo unos cuantos?), vinilos de Raimon, Jarcha o Serrat, carteles de películas polémicas, de las que provocaban incendios de cines (“El crimen de Cuenca” o “7 días de Enero”)…

La cámara de Barriopedro y los transistores de la noche del golpe

También está la cámara de Barriopedro, el fotógrafo que tomó fotos del golpe de Tejero y que, consciente de que le iban a quitar la película, la cambió por otra en blanco y se metió en los calzoncillos la que contenía las fotos que harían historia.

Cada sección de la exposición está apoyada por gran cantidad de portadas y textos periodísticos de todo el espectro de la prensa del momento, desde el desaparecido Ya al recién aparecido El País.

Los medios y el golpe de Tejero


Todo un recorrido por el momento más importante de la historia reciente de España, todo un surtido de nostalgias y recuerdos: el horror de las fotos de los atentados de ETA y de la extrema derecha, las primeras manifestaciones que devolvieron la calle al pueblo (pese a que Fraga la reivindicó para sí), las primeras grandes manifestaciones pidiendo amnistía, las primeras huelgas… siempre era lo primero, porque era un nuevo país a estrenar, una luna de miel ilusionada con la democracia, un momento lleno de futuro y expectativas. Y lo peor: los rostros de aquellos hombre y mujeres, tan jóvenes entonces como nosotros mismos, y que hoy vemos envejecidos o desaparecidos en muchos casos, ya que han pasado ¡treinta y cuatro años!

Hace pocos días, yo insertaba en este blog un post, “Panfleto”, en el que defendía que en momentos de descrédito de la clase política, había que valorar debidamente la democracia y la lucha que implicó por parte de muchos, por encima de los errores que se puedan cometer y de la corrupción. El post iba dedicado a una compañera de entonces, Concha Caballero, que ha ejercido la política activa tantos años en IU, quien me hizo el siguiente comentario:

“Recuerdo borrosamente estas viñetas [las de un panfleto de le época que yo incluía en el post]…había tantas cosas que hacer, tantas plataformas por crear, tanta unidad que conseguir en esos años finales en los que los jóvenes ya tocábamos la libertad con nuestras manos… El otro día estábamos un grupo de amigos y había tanta decepción, tanta desilusión… Tuvimos una larga charla y entre todos concluimos, que nuestra vida (y eso que estamos hambrientos de futuro) ha tenido un sentido. Fuimos la generación que trajo la libertad a nuestro país. Rompimos con la ética y con la estética del pasado y de la dictadura. Hemos hecho, realmente, cosas hermosas y lo hicimos casi la totalidad de una generación que ya tenía una piel distinta. Ya hablaremos de esto.
Ahora, en este presente, yo también comparto contigo que hay un tufillo derechoso y autoritario que desprestigia todo lo público, todas las conquistas. Quiero escribir en los próximos días sobre eso. Creo que no debemos cruzarnos de brazos ante ello.
Veo una juventud (o al menos una parte importante de ella) que tiene grandes valores y propuestas. Solo falta animarles a que tracen su propio camino. Nada de “Cuéntame” ni de nostalgia. Futuro… futuro ha sido siempre nuestra aspiración.
Me ha emocionado, amigo, que escribas mi nombre junto a la palabra libertad, tan nuestra. Un abrazo.”

Lleva razón Concha: nos tocó vivir aquello y poner encima de la mesa nuestra modestísima lucha. El presente no puede defraudarnos porque es heredero de lo que entonces se consiguió. No se puede olvidar ni lo que se consiguió, ni el esfuerzo que costó conseguirlo. No se puede tirar ese capital histórico en reivindicaciones de bolsillo, en protestas de poco calado. No se debe perder tanta energía protestando, por ejemplo, para que nos dejen emborracharnos en las calles de nuestras ciudades. Es un despilfarro de historia. Tal vez habría que explicarlo dentro del programa de Educación para la Ciudadanía y traer a nuestros adolescentes a la exposición.

Rigoletto

NOTA. Mi agradecimiento al personal de la sala de CajaGranada y al responsable de seguridad, D. Enrique Pérez, por su autorización para tomar las fotografías.

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