Sicilia es la más grande de las islas mediterráneas, la más sagrada para los antiguos dioses del Olimpo, el auténtico corazón del Mare Nostrum, una tierra superlativa en todo, desbordante y completa. En ella se conservan magníficos templos dóricos, espectaculares catedrales y castillos, e incluso recuerdos de los vikingos que combatieron contra el Imperio Bizantino en esta isla, joya del Mediterráneo.
Sicilia: el corazón del Mare Nostrum
Tierra entre mares
Entre los mares Mediterráneo, Jónico y Tirreno asoma Sicilia, una isla invadida a lo largo de los siglos por griegos, romanos, normandos, cartagineses, árabes y españoles. La capital, Palermo, es una ciudad llena de contrastes. Su herencia monumental tiene más de 50 palacios y 80 iglesias de diferentes estilos. Sin embargo, al adentrarnos en algunos de sus barrios nos encontramos con edificaciones y plazas carcomidas que necesitan una urgente restauración.
Sicilia es un mundo aparte en el centro mismo del Mediterráneo. Un mundo de contrastes y paradojas, mucho más allá de la tristemente famosa “mafia”. Una costa deslumbrante repleta de playas que le permite bañarse en unas aguas cargadas de mitología. Literalmente cubierta de monumentos, en ellos se funden las diferentes civilizaciones llegadas a la isla. Los más importantes pertenecen al mundo antiguo, cuando Sicilia era Magna Grecia.
En Sicilia conviven agradables valles cubiertos de trigo con las nieves del Etna, las plácidas costas de Naxos con los paisajes rocosos y de aire fantasmal de Taormina o Siracusa.
En Sicilia se funden también todas las culturas, todas las herencias de los pueblos que intentaron dominar el Mediterráneo: griegos, romanos, bizantinos, almogávares, aragoneses y españoles.
Sicilia: el corazón del Mare Nostrum
Sus ciudades están dominadas por las cúpulas de sus catedrales y las siluetas de grandes castillos, mientras sus costas aparecen salpicadas de templos y teatros en ruinas, como los que se mantienen en el recinto arqueológico de Siracusa, o como el asombroso teatro greco-romano de Taormina, colgado en la roca sobre las playas de Naxos y con el Etna al fondo. Igual de bellos e interesantes resultan los restos helenísticos y romanos del Valle de los Templos de Agrigento, o las ruinas que se acumulan en Selinunte, un recinto con su acrópolis y unos cuantos templos dóricos desde los que se contempla el mar y uno puede sentirse por un momento tan inmortal como el propio Zeus.
Una isla con mucha historia
Para conocer Grecia en pequeña escala, nada mejor que visitar Sicilia. Es realmente una paradoja, pero hasta un cierto punto. Las ciudades griegas de Sicilia (Agrigento, Selinunte, Segesta, Siracusa, para citar las mayores) estaban entre las más hermosas del mundo helénico. Visitar el Valle de los Templos en Agrigento o asistir en verano a un espectáculo en el grandioso teatro griego de Siracusa, es un salto en el pasado remoto helénico.
Sicilia es un libro de historia del arte, un compendio de las mayores civilizaciones y culturas de todas las épocas. Una isla solar, con una naturaleza rica de contrastes, con una costa espléndida y una gastronomía refinada, gustosa y variada, de sabores antiguos y aromas exquisitos: la quintaesencia de la “mediterraneidad”, y sin embargo compleja y densa de refinamiento intelectual, muy bien representada por las obras maestras literarias de Luis Pirandello, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Leonardo Sciascia, Gesualdo Bufalino y, actualmente de Andrea Camilleri.
Las ciudades griegas de Sicilia (Agrigento, Selinunte, Segesta, Siracusa) estaban entre las más hermosas del mundo helénico. Visitar el Valle de los Templos en Agrigento o asistir en verano a un espectáculo en el grandioso teatro griego de Siracusa, es un salto al remoto pasado helénico. Y esto sucede en Sicilia con muchas otras épocas y civilizaciones, de la española a la francesa, con la única excepción del dominio árabe, que ha dejado escasas pruebas físicas.
Cultura multifacética
Sicilia es un compendio de las mayores civilizaciones y culturas de todas las épocas. Una isla soleada, con una naturaleza rica en contrastes, con una costa espléndida y una gastronomía refinada, gustosa y variada, de sabores antiguos y aromas exquisitos: la quintaesencia de la “mediterraneidad”, y sin embargo compleja y densa de refinamiento intelectual, muy bien representada por las obras maestras literarias de Luiggi Pirandello, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Leonardo Sciascia, Gesualdo Bufalino y, actualmente de Andrea Camilleri.
Cada estilo, cada corriente de arte está representada conspicuamente en Sicilia. En ciudades como Palermo, Catania, Caltanissetta, Enna, Siracusa, Ragusa, Trapani, Agrigento y Mesina. Y en los centros menores como Cefalú, agrupada alrededor de la catedral normanda, o Noto, con su extraordinaria catedral barroca, o bien Taormina, con su espléndido teatro greco-romano.
Palermo
Sicilia: el corazón del Mare Nostrum
Palermo, capital de Sicilia y sede del Gobierno regional, está maravillosamente acomodada sobre el fondo de una bahía limitada del Capo Zafferano y del Monte Pellegrino. Un anfiteatro de montañas circunda la Cuenca de oro, en el seno al que se extiende la ciudad. Circundada por viñas, palmerales y naranjales, favorecidos por la dulzura del clima, Palermo, construida por las delicias de los soberanos, dio un tiempo la impresión de una ciudad de ensueño. Las oscilaciones de la historia han atenuado desdichadamente este resplandor. Esta ciudad de origen fenicio, que fue sucesivamente romana, árabe, francesa, alemana y española, resultó muy atormentada por las luchas que la han destrozado en el curso de los siglos. Sin embargo, ella ha conservado milagrosamente testimonios de la época árabe y normanda y también numerosos edificios barrocos. A pesar de todas sus heridas, sus mutilaciones, la falta de manutención, su suciedad, Palermo no deja de aturdir ni de seducir con sus curiosas mezclas de arte y vida popular que hacen que no se pueda olvidar Palermo.
Palermo está dividida por el cruce de las calles Maqueda y Vittorio Enmanuele en cuatro partes que pueden tomarse como punto de referencia a la hora de recorrerla. Por todas partes prolifera el estilo barroco, recuerdo del pasado esplendor borbónico de la ciudad que tiene su máxima representación en la iglesia de Gesú, la de San Domenico y las fuentes de Quattro Canti.
Algunas partes de la catedral y el palacio de los Normandos, en cuyo interior encontramos la capilla Palatina y la sala Ruggero, nos recuerdan la invasión normanda de la isla. Las cúpulas rojas de la iglesia de San Giovanni Degli Eremini le confieren un aspecto oriental, mientras que las de San Cataldo y la Martorana son normandas con influencia árabe. Entre los múltiples museos de la ciudad destaca la Gallería Nazionale de Sicilia, en el palacio Abatellis, donde se exhiben pinturas y esculturas góticas y renacentistas.
Otros lugares interesantes de Sicilia son Agrigento, con sus imponentes ruinas griegas al borde del mar, y Messina, primer puerto de Sicilia, con las iglesias della Annunziata dei Catalani y Santa Caterina Valverde, sin olvidarnos de Siracusa, con las ruinas de la antigua Neapolis, y Catania, donde podemos ver un teatro romano y un Duomo. Desde la localidad de Taormina se puede realizar una excursión al mítico volcán Etna, uno de los espacios naturales más impresionantes de la isla.
Selinonte
Fue fundada por colonos dorios procedentes de la ciudad siciliana de Megara Hiblea en el año 628 a.C., quienes protagonizaron varios enfrentamientos con la vecina ciudad de Segesta.
Durante el siglo V, pidieron la ayuda de Siracusa en su lucha con Segesta. Segesta, a su vez, solicitó la protección de Atenas. Por ese motivo los atenienses enviaron una expedición a la isla durante la Guerra del Peloponeso. La misma terminó de un modo desastroso para los atenienses en el año 415 a.C. Para completar el panorama histórico, los cartagineses la destruyeron en el año 409 a.C.
Sicilia: el corazón del Mare Nostrum
Si bien la ciudad fue reconstruida, los propios cartagineses la volvieron a destruir en el año 250 a.C. (durante la Primera Guerra Púnica) y deportaron sus habitantes a la vecina ciudad de Lilibeo.
Esta ciudad ubicada en la región occidental de la isla de Sicilia, sobre el mar Mediterráneo, hoy cuenta entre sus ruinas las murallas de la acrópolis antigua y ocho templos dóricos. El templo de Apolo es el más grande de los construidos por los griegos en esta región, y es uno de los mejor conservados luego de tantas guerras y batallas desarrolladas en esta zona.
Siracusa
Ubicada en la costa sureste de la isla de Sicilia. El sector antiguo de la ciudad se encuentra separado por un canal, y conforma la isla de Ortigia.
Se conservan restos del teatro griego para 15 mil espectadores y de la ciudadela construida en tiempos de Diosinio II a comienzos del siglo IV a.C.
Al recorrer la ciudad actual, el visitante es sorprendido a cada paso por restos de los edificios antiguos. Fue fundada en el año 734 a.C. por colonos griegos procedentes de la ciudad de Corinto. El nombre de la ciudad no es griego y, de ser fenicio, significaría “roca de las gaviotas”.
La isla de Ortigia era la sede de la diosa Artemisa fluvial (Alphioa). Bajo esa misma forma se adoraba a Artemisa en Olimpia, junto al río Alfeo. En el centro de la isla de Ortigia se hallaba la fuente de Aretusa, uno de los lugares sagrados de la ciudad. Según la leyenda, el agua de la fuente procedía del río Alfeo. Alfeo amaba a la ninfa Aretusa y brotaba en Sicilia para unirse a su amada. Se decía que una vez había sido lanzada una copa al río en Olimpia y la misma había aparecido en la fuente de Aretusa en Ortigia y que se enturbiaban las aguas de la fuente cuando se lanzaban las cenizas de los sacrificios al río Alfeo en Olimpia.
En tiempos antiguos, fue la ciudad más importante de la isla de Sicilia. El tirano Hierón I, que gobernó durante la primera mitad del siglo V a.C., se destacó como mecenas de las artes. Así fue que contó en su corte, entre otros, a Esquilo y Píndaro.
Luego de expulsar al hermano de Hierón, Siracusa pudo tener un gobierno democrático. Los demócratas continuaron la política expansionista de los tiranos. Hacia mediados del siglo V a.C. ya habían atacado la isla de Elba y saqueado los puertos de Córcega, e incluso se preparaban para atacar Atenas.
En el año 415 a.C. Siracusa fue atacada por los atenienses que respondieron al pedido de ayuda de los habitantes de la ciudad siciliana de Segesta, la cual por entonces se hallaba en guerra con las ciudades de Selinonte y Siracusa. Los atenienses fueron duramente derrotados en mar y en tierra. Este hecho llevó a Siracusa a apoyar a Esparta en la Guerra del Peloponeso y a contribuir con su triunfo.
Sicilia: el corazón del Mare Nostrum
Los atenienses que sobrevivieron a la derrota militar (unos siete mil) fueron encerrados en las latomías (calabozos de Siracusa acerca de los cuales comenta Cicerón: «No existe ni puede imaginarse nada tan cerrado ni tan seguro respecto a cualquier intento de evasión») donde pasaron unos setenta días hasta ser vendidos como esclavos.
Los cartagineses amenazaron a la ciudad hacia fines del siglo V a.C. con sus conquistas en la isla de Sicilia. A este peligro hizo frente un nuevo tirano: Dionisio I.
Durante la mayor parte del siglo III a.C. Siracusa fue aliada de Roma en su lucha contra Cartago. Pero en el año 215 a.C. los partidarios de Cartago se hicieron con el poder. Los romanos intentaron entonces tomar la ciudad, que contó para su defensa con los inventos del genial Arquímedes. De todos modos Siracusa cayó bajo el dominio romano en 211 a.C.
Agrigento
Considerada por Pindaro “La más excelsa ciudad de los mortales”, presenta hoy el mejor conjunto de templos griegos que existe en el mundo.
Catania
Esta ciudad fue diseñada en el siglo XVIII con amplias calles. Hoy es el centro económico de la isla. Posee un bello barrio barroco, un Teatro Romano y el Gran Castello Ursino. La mixtura de estilos y épocas de sus construcciones la hacen ideal para la visita.
Taormina
Posee el mayor encanto de la isla y los viajeros románticos, incluido Goethe, la convirtieron en la ciudad siciliana más famosa. Sobre la montaña su belleza no tiene igual. Palacios, tiendas de diseños y restaurantes de lujo viven de un rico turismo. Su teatro griego se enfrenta al grandioso paisaje de la costa y el Etna.