Fiebre del oro en Fonelas

«Habrá que abrir un “saloon”», bromeaban en Guadix cuando se conoció la noticia de la aparición de oro en Fonelas. José Arévalo, un agente comercial de treinta y dos años, dio parte a la guardia civil tras encontrar una cueva que contenía unas extrañas partículas brillantes. Tomó una muestra y un joyero cordobés le aseguró que se trababa de oro en polvo de alta pureza. Corría el mes de noviembre de 1971 y las primeras nieves del invierno caían sobre la cañada Juanillo, el lugar donde estaba la dorada gruta, a la que se accedía por una estrecha abertura tras la cual se encontraban dos escalones labrados en la tierra. A unos seis metros bajo el nivel de la entrada, el estrecho pasillo terminaba en una bóveda cubierta por las supuestas partículas auríferas. Pero la fiebre del oro de Fonelas duró poco. Unos días después, los análisis realizados en Alquife no dieron indicios del preciado metal. Al parecer, la cueva de “Alí Babá” solo escondía mica.

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