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Breve manual, corregido y ampliado, de la palabra ‘polla’
(Corregido y ampliado gracias a
las aportaciones de comentaristas en este blogs, a los que les doy las gracias,
ni pollas. Al mismo tiempo pediría a los lectores que si conocen otras acepciones,
que me las envíen para poder conseguir un manual completo sobre esta palabra
tan nuestra. Y perdonad que no ponga ilustraciones, tal y como me lo sugiere un
lector, pero es que no sé ni pollas.)
ME he hecho amigo de un irlandés
que se llama Harry. Harry lleva dos años viviendo en la costa granadina y hace
todo lo posible por aprender español. Entra a trapo en casi todas las
conversaciones en las que le dejan intervenir y dice que lo lleva bien, pero
que le cuesta mucho entendernos a los granadinos: bien porque nos comemos la
mitad de las palabras o bien porque utilizamos la palabra ‘polla’ en multitud
de expresiones que él no llega a entender. Yo me he propuesto ayudarle y darle
unas cuantas lecciones.
Mira Harry, le dije el otro día,
en primer lugar tienes que saber la procedencia del que utiliza esa palabra
malsonante. Tanto la tenemos en la boca -la palabra, me refiero- que se ha
convertirse en nuestra muletilla favorita, introducida ya en nuestro acervo
popular. Así que, por ejemplo, si oyes en la playa que alguien dice: «¿Se pué
saber aónde pollas habéis dejao el ‘Marca’?», puedes decir, tate, ese es de
Graná.
Sin embargo, si hay uno que
emplea la conjunción ‘ni’ antes de la palabra en cuestión, ese, sin duda, es de
Jaén. Ejemplo: «¿Os venís al chiringuito ni pollas?» A veces los jienenses
hacen un uso tan frecuente del ‘ni pollas’ que no hay frase en la que no
aparezca varias veces. Ejemplo de un amigo que llega tarde a una cita con otro
con otro:
-Se puede saber dónde te metes ni
pollas, que llevo media hora ni pollas esperándote en este garito ni pollas.
-Es que salía del trabajo ni
pollas cuando mi jefe ni pollas me pidió que me quedara a ayudarle a hacer el
balance ni pollas.
-Pues manda a tu jefe ni pollas a
tomar porculo ni pollas.
-Eso voy a hacer la próxima vez
ni pollas.
A veces, Harry, la traducción
literal no significa lo que el hablante quiere expresar. Así si alguien te dice
«me vas a chupar la polla!», no significa que te esté pidiendo relaciones
sexuales, sino que lo tienes harto y que lo que acabas de decir no es de su
gusto. Tienes que tener cuidado Harry, que con el verbo ‘tocar’ dependerá del
tiempo en que esté conjugado para tener acepciones diferentes. Así el presente
indica molestia o hastío (me toca la polla), el reflexivo significa vagancia
(se tocaba la polla), pero el imperativo significa que lo que acabas de decir
es una tontería (¡tócate la polla!).
Lo mismo sirve en una apuesta
(«Si no gana el Madrí esta noche me corto la polla»), que en una amenaza a
alguien («Como no me pagues lo que me debes te corto la polla»). Claro que eso
no significa que eso se vaya a llevar a cabo porque si no todos los granadinos
estaríamos ahora mismo sin nuestro órgano más preciado.
Asimismo, cuando va precedida de
una entonación de desidia o dejadez, significa que lo que se ha oído es algo
que no merece explicación (¡Mira que la polla….!) Por otro lado, Harry, depende
del artículo con el que va precedida puede igualmente significar una cosa u
otra. Si por ejemplo dices «¡Y una polla!», significa que rotundamente no estás
de acuerdo con algo. Pero si dices «¡Y la polla…!», es que vas a hacer algo a
regañadientes. Cuando lo estás haciendo y estás ya harto, es fácil que digas:
«Estoy hasta la polla» Cuando alguien se quiere negar con rotundidad a hacer
algo es frecuente que exclame: «No me sale de la polla». También tiene
connotaciones de desprecio: «Me importa una polla» ó «me suda la polla», según
sea verano o invierno.
Entre admiraciones tiene un
significado valorativo, bien porque te ha gustado mucho una cosa (¡es la
polla!) o bien porque no te ha gustado al haber un desbarajuste tremendo
(«¡esto es la polla!»). Si te estás bañando y preguntas cómo está el agua, uno
que no sea de por aquí puede decir que está buena o de puta madre, pero
nosotros decimos: «De pollas». Si la palabra va condimentada con ácido acético,
significa que algo carece de valor, no tiene importancia o tú no se la quieres
reconocer: «Esto son pollas en vinagre». Y si alguien que se está comiendo una
espeto coge una sardina y dice «esta es ‘pa’ mi polla», no quiere decir que se
la vaya a echar a su pene, sino que se la va a comer él. Y cuando hay uno que
se cree muy listo o superior en cualquier competición o deporte, suele decir
con cierta ufanía: «¡Soy la polla!».
Si oyes, Harry, que alguien dice
de otro que «tiene una polla que se la pisa», no significa que tenga el miembro
viril muy largo, sino que esa persona es muy lenta, muy vaga o tiene mucha
pachorra. Igualmente si va por delante con el sufijo ‘a’ puede tener una
acepción muy distinta. Así se dice ‘apollardao’ cuando se piensa que una
persona está en la inopia o no se entera de nada. Por otra parte, Harry,
‘polla’ es una palabra que en plural y dicha reiteradamente en una única frase
se puede sustituir por cualquier otra en un contexto sin que se altere el
resultado final del discurso que se quiere dar. (Aquí le conté a Harry la
anécdota de un antiguo alcalde de Motril que cuando se enteró de que su equipo
de gobierno estaba conspirando contra él en un asunto importante, los llamó a
todos y les dijo: «Mirad, me he enterado que estáis de pollas, dejaros de
pollas vayamos a pollas». No tuvo que decir más, todo el mundo entendió de lo
que estaba hablando y el mensaje final. También le dije a Harry que es
frecuente esa reiteración de la palabra para reafimar un malestar. Y le conté
lo de ese granadino que cuando le pararon en la aduana para registrarle por si
llevaba droga, muy cabreado dijo: ¡Qué pollas, de pollas ni pollas!)
También Harry, cuando se le añade
a una palabra denigrante aumenta el calificativo que se le quiere dar. Así, uno
de los insultos preferidos de los granadinos precisamente va acompañado por esa
palabra. Ejemplo: Ese tío es un tontopollas.
Igualmente hay quien la utiliza
en un piropo y con la palabra en cuestión quiere expresar su anonadamiento ante
la belleza de una mujer: “Cuando la vi por primera vez, se me cayó la polla”,
lo que no quiere decir Harry que el afectado por el deslumbramiento estético
femenino tenga lepra, sino que se ha enamorado repentinamente.
Hay ocasiones Harry, en que la
palabra ‘polla’ crea un doble sentido en la frase y nunca es lo que parece. Dos
ejemplos. Si una madre tiene una hija en edad casadera que siempre está fuera
de casa y durante la cena le pregunta el marido adónde está la niña, éste se
puede encontrar con la siguiente respuesta:
-¡Aónde va a estar! ¡Con la polla
el novio!
Otro ejemplo de ese doble
significado o polisemia se da cuando la palabra crea una confusión. Imagínense
ustedes lo que da qué pensar que una amiga le diga a otra:
-Tengo hoy un gusto raro en la
boca y no sé de qué polla es.
No hay que olvidar tampoco su significado
cuando el hablante quiere dar por sentado que algo que se ha hecho no ha
servido para nada. “¡Pollas en ollas!” O bien: “Tanto y tanto, pa pollas”.
Mi amigo Harry espera con estas
lecciones mías y una buena dosis de paciencia ir enterándose poco a poco de
todos los significados de nuestra palabra y muletilla preferida. -Es muy fácil,
ya lo verás. Esto lo aprendes tú con la polla floja -le dije.