>

Blogs

poveda

abocajarro

El milagro de la pulsera Rayma

Otra pulsera hubiera estado fuera de lugar en el brazo sobrio y moreno del policía local de Torredelcampo. Pero aquella era una pulsera Rayma. Un cincuentón recio al que no le pegan las joyas y los adornos superfluos, moreno de campo y fuerte de vara, no de gimnasio, pero que llevaba una de aquellas pulseras que estuvieron tan de moda en los años 80 y principios de los noventa. Curaban de todo: reúma, atrosis, dolores…Más famosos todavía que el agua imantada. Ahora venden las Power Balance, que se basan en el mismo príncipio esotérico: coge la pasta y corre. Pero años y años después de demostrarse que las Rayma, las pulseras del reúma, no valían para nada, ahí seguía la joya de las bolitas en el brazo del policía local de Torredelcampo. “La pobre está ya muy fina, de tanto uso”, reía el propietario.

Era una mañana tontorrona haciendo hora en los juzgado de lo Penal. Una de esas mañanas tontunas en las que, a veces, se produce el milagro, y surge la magia. Como cuando el juez Rafael Morales curó a un anciano de 82 años cuya sordera le iba a permitir regatear a la Justicia, y al que en un periquete se le abrieron las orejas cuando Morales le explicó el tamaño del paquete que le iban a meter si aquello era un paripé. Ese día se produjo el milagro y la Justicia se hizo presente en la Audiencia, y todos le vimos la cara y la venda en los ojos y la espada en las manos, de tan fino que se había hilado. Es que hila muy fino el juez Rafael Morales.

En el Diario de Mallorca he encontrado una historia de tribunales relacionada con las pulseras Rayma: el joyero que las fabricaba se sentó en el banquillo de los acusados por alzamiento de bienes. El buen joyero, cuando ganaba pasta a un ritmo de 200 millones de pesetas al año con las pulseras, se la estaba jugando a su mujer con otra, y vaciaba la cuenta del banco para dejar a su legítima sin un chavo.

El mundo es para los vivos. Para los que son capaces de hacer magia con la desgracia ajena. El otro día un colega del brujo Kalifa le iba a leer las cartas a una moza, y al pobre se le espantó el caballo de bastos, resultó la que moza enamoradiscucha era una policía y acabó esposado delante de un juez. Y la verdad es que había hecho magia: entró en su consulta una mujer con mal de amores y salió sin 8.000 euros.

El día de la pulsera Rayma la cosa no apuntaba tan alto, pero entre risas y chascarrillos (la tertulia entre el policía y un guardia civil que iban de testigos, y el periodista que iba al juicio estaba cogiendo color y hasta el acusado ponía ya la oreja y se carcajeaba con las bromas, como si dentro no fueran a pedirle tres años de cárcel por colarse en un colegio a meterle mano a las niñas) hasta que el policía habló con todo el sentimiento. Se llenó el frío ambiente de la magia del sentimiento: “Ni cura ni sirve para nada, mire usted. Pero la pulsera me la regaló mi padre hará ya más de quince años. Mi padre murió y yo sigo llevando su pulsera, y me recuerda a él y me gusta tenerla”. Y se acabaron las bromas, los chascarrillos, y se hizo en el ambiente el silencio del respeto. Hasta al acusado se le borró la sonrisa y tragó saliva, como sacudido por el resonador bioelctromágnético que llevan las bolitas de la Rayma. Al final sí que era una pulsera milagrosa.

Temas

A bocajarro. A la distancia justa donde salpican las tripas de la noticia cuando estalla.

Sobre el autor


junio 2010
MTWTFSS
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
282930