Con un país al borde del infarto, Andrés Iniesta empalmó el gol de su vida. El gol de nuestras vidas ya. Un gol que desató la euforia en toda España. Y en Jaén, donde miles de personas se desgañitaron durante casi dos horas empujando un sueño, una emoción que hasta ahora siempre disfrutaban otros y que al fin nos ponía la piel de gallina a los españoles. (Se celebró como se merecía. Me dicen en la Policía Local que no hubo incidentes dignos de mención, sólo un par de auxilios a chavales intoxicados de algo más que de victoria)
Ganar es importante. Pero más aún es cómo se gana. No se levanta una copa a cualquier precio. Por eso disfruté especialmente con la victoria de España. El triunfo de la gente sencilla. De la gente sensata. Es lo que ha caracterizado a esta selección. A la mejor generación del fútbol español. Y a un entrenador que ha demostrado en los momentos difíciles y sobre todo en la victoria como se comporta un caballero. Hay ocasiones en las que el deporte es además de competición un escaparate de los mejores valores, del espíritu de equipo, de la lucha limpia y caballerosa, de la nobleza, de la inteligencia, del tesón…Ayer fue el triunfo de un sueño. El triunfo de la gente sensata.
Firmado por María Capilla de la Calle en IDEAL
(Para perder los papeles, ya estábamos los demás españoles. Dejo una foto de Celia Mondéjar con las celebraciones en el Bulevar.
Esta mañana, atasco monumental en el Paseo de la Estación. Casi como si no hubiéramos ganado el mundial. Casi: los coches empiezan una pitorrada y desde la acera corean: Campeones, campeones)