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Toros

Los catalanes son muy serios para las catalanadas. Escolti, tu. Pero que muy serios. No dan puntada sin hilo. Ni estocada. La que le han metido a los toros ha sido fina. Muy fina.

En la teoría se han cargado una tradición española y catalana de siete siglos para darle una patada donde más le duele al españolismo. Por muy serios que se pongan para hablar de respeto a los animales, se les ve que están de cachondeo, y que se descojonan de tan buena faena que les ha salido, y de ver cómo rabian los españolazos. Carod Rovira se congratula de ser la persona más odiada por los españoles y asegura que no lo estará haciendo tan mal cuando tiene repercusiòn internacional. Un cachondo, tú.

En la práctica, los catalanes se han librado de un espectáculo casi siempre plúmbeo y amañado, sucio como las cloacas de Babilonia, una tramoya de pillos donde los relumbrones de verdad (un hombre que se la juega sin trampa ni cartón, un par de naturales sin aliviarse, un toro con casta y fuelle, una trincherilla garbosa) son escasos como las virtudes teologales en Sodoma y Gomorra, donde no pudo Abraham encontrar a una decena de justos. Esa es la fiesta de la que disfrutamos en la mayor parte del mundo libre y sin prohibiciones cornúpetas, no nos engañemos.El domingo hubo trifulca en la puerta de la Monumental de Barcelona, donde mira tú toreaba en linarense Curro Díaz, artistazo, genio y figura, una de las últimas esperanzas de la verdad en esta película.

La pataleta ventajista y electoralista del PP (como lo de la Penalver y el José Enrique compitiendo en realjienensismo)anunciando que va a pedir que los toros sean bien de interés cultural me trae, por otra parte, a la menoria el chapuz de la Junta de Andalucía con el toro de Osborne. Si los catalanes tuvieran Junta de Andalucía, debatirían en el Parlament su prohibición, sin duda alguna, por el maltrato al que nos somete a los humanos andaluces. Los andaluces no somos serios para las andaluzadas. En 1994 la Junta quiso inscribir los toros de Osborne de la comunidad en el catálogo del Patrimonio como Bien de Interés Cultural. Uno de los toros, desde 1965, está en la finca de reses bravas de Apolinar Soriano en Santa Elena. El primero toro andaluz (el primero que se ve al entrar en la región). O el último, según se mire. Soriano recurrió porque la administración avasallaba sus derechos y le imponía obligaciones abusivas. El Supremo, en 2006, acabó anulando aquella declaración de Bien de Interés Cultural porque la Junta no instruyó el expediente el tiempo que marca la ley. Hasta llegar ahí la Junta se tiró de lleno al esperpento con cargo al contribuyente en un pleito de una década. En diciembre de 2009 se anunció que volverá a intentar la inscripción. Un espectáculo cómico-taurino, que dicen los puristas. La charlotada de toda la vida.

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osborne, toros

A bocajarro. A la distancia justa donde salpican las tripas de la noticia cuando estalla.

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