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El Che vive en Jódar, Seisdedos en Casas Viejas

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En 1931 a nadie se le ocurrió llevar una cámara de fotos a Casas Viejas (Cádiz) y tomar una instantánea de Francisco Cruz Gutiérrez, Seisdedos, lider campesino que dirigió una intentona de revolución anarquista y libertaria que el gobierno socialista de la República liquidó a cañonazos. Tierra y libertad, clamaron aquellos jornaleros de Casas Viejas. La cronica de Ramón J. Sender de aquellos sucesos es espeluznante (“Viaje a la aldea del crimen. Documental de Casas Viejas”). Pero una imagen vale más que mil palabras por muy de Sender que sean las palabras. Abajo el Seisdedos. La foto que le tomó Korda al Che Guevara en 1960 no tiene competencia como icono de la lucha de los campesinos por la tierra, a sangre y fuego si hace falta. Hubo iconos más modernos, como Comandante Marcos, pero no han calado en Jódar, cáliz de los valores más puros y rancios del comunismo. Allí se quedaron en el Che.

En pocos sitios como en Jódar el mito del Che sigue vivo. Pasé por la acampada a las puertas de la Subdelegación de Jaén. Estaban que echaban las muelas con las obras del tranvía. Habían tenido una excavadora trabajando a veinte metros desde las nueve de la noche hasta las cuatro de la madrugada. A las siete entraron los albañiles del turno de mañana. De quince personas que guardaban el campamento a la una de la tarde, cinco llevaban camisetas del comandante Ernesto. Les hice fotos y todo, para que se aprecie la varidedad de diseños. No caí en tirarle otra a la boina de Bódalo (enemigo público número tras su bronca con Carlos Sánchez en el pleno por el pelotazo de Fuente de la Zarza, acaudillar el asalto de inmigrantes al banco de alimientos y los motines del albergue en los últimos años y otras acciones revolucionarias que tocaron mucho las narices pelotas).

El problema de tanta marcha, tanta acampada, tanta ocupación simbólica de fincas, tanta murga, es que las mentalidades se han quedado también atrás, no sé si en tiempos del Che y los barbudos de Sierra Maestra (“El sistema ya no vale ni para nosotros”, admite ya hasta Fidel) o de Casas Viejas. Pero aunque se trate de un gesto inútil, los acampados se atreven a lanzar su voz al viento, a reventarse los pies por la utopía, a hacerse un techo con las estrellas, a clamar por un trabajo. Como le gustaba al Che, pensarán los que lo idolatran. Otros 77.000 parados jienenses tragan su angustia y callan. Se ve que ellos no respiran el aire de Jódar, donde el Che sigue vivo.

Seguro que en la noche, en la acampada de Jaén, alguien tararea. “Aprendimos a quererte, desde la histórica altura…” Anda, Silvio, sigue tú por favor

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A bocajarro. A la distancia justa donde salpican las tripas de la noticia cuando estalla.

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