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La puta, al río

La Guardia Civil revisa casa por casa las construcciones de las afueras de Marmolejo a la caza de los furtivos del ladrillo, y sometiendo a un ‘test de esfuerzo’ la diligencia del Ayuntamiento en el control urbanístico de su término municipal. En otros pueblos han acabado llevándose al alcalde por delante. Me cuentan que éso no ocurrirá en Marmolejo porque un concejal -con nombre de santo- tiene asumidas las compentencias urbanísticas, y si hay que apechugar para eso está él .

Ya apechugó el concejal con una demolición de naves con techo de uralita en el balneario, que a criterio de la Guardia Civil no se trataron correctamente poniendo en peligro la seguridad de los trabajadores y al medio ambiente dada la toxicidad del fibrocemento. Pero tal vez sea mucho correr, porque lo más seguro es que las cosas se hayan hecho bien y no haya ilegalidades que denunciar en Marmolejo, por más que se mire y remire.

Aunque es curioso que el alcalde Relaño asegurase ayer mismo que no tenía conocimiento de que la Guardia Civil investigara los chalés de su pueblo cuando los del Seprona se pasaron en junio por allí, y han ido varias veces más recientemente. Tampoco tiene conocimiento el regidor del asunto del amianto. Sólo ve intencionalidad política, y es que al hombre lo tienen cosido a pleitos desde la oposición. Y él sigue limpio como una patena. Ya digo, curioso cuanto menos.

A lo que iba es que el picatoste de Marmolejo estalla porque el Ayuntamiento le cerró el punto de compra de aceituna a un vecino que tenía menos papeles que unas liebre, según apunta el alcalde. Los mismos papeles que algunos de sus vecinos, argumentó el susudicho cuando le contó su historia a la Fiscalía de la Audiencia Provincial. La misma historia (piques entre vecinos y alcaldes por un ‘a mi no y a los demás sí’) ha motivado ya redadas urbanísticas en varios pueblos, se ha cargado a más de un alcalde y le ha provocado dolores de cabeza a muchos propietarios que tienen que ir a juicio con penas de cárcel, multas y demolición de sus chalés en juego. La vieja rabieta: o jugamos todos o la puta al río. Y al final, la puta al río.

A bocajarro. A la distancia justa donde salpican las tripas de la noticia cuando estalla.

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